edición: 2577 , Jueves, 18 octubre 2018
31/01/2017
Cuando pasen los resultados

La banca impone un compás de espera en las fusiones

El Banco de España no se conforma con ser supervisor, quiere ser más interventor para evitar el fuera de juego
Juan José González
Los candidatos mantienen sus preferencias con la discreción propia a la que obliga un guion a la fuerza reservado y secreto. A diferencia de anteriores procesos, el que se espera que se reactive tras las presentaciones de las cuentas de 2016 -y mientras tanto en la nevera- se centrará más en la masa crítica y en la necesidad de recuperar y asegurar el margen de intermediación, que en resolver, despejar cuestiones personales, eliminar egos y liderazgos ineficaces. Superadas en gran medida las reducciones de personal y oficinas, el destino de las futuras fusiones deberá transitar por caminos todavía más escabrosos: más normativa, mayor intervención y control de los supervisores, además de un nuevo escenario de mercado, como es el que nace tras los recientes acontecimientos políticos en Reino Unido y Estados Unidos. A pesar de la frialdad mostrada por los máximos responsables bancarios, las espadas siguen, con exquisita discreción, en alto. Se mantienen las conversaciones en obligado máximo secreto y, sobre un tapete de póker verde, el mismo número de opciones de los últimos meses: todas las opciones posibles están abiertas, los banqueros siguen sin enseñar sus cartas, esconden sus bazas, las juegan.
Porque ni la nueva situación del Popular -nuevo presidente- ni la mayor urgencia demandada por Bruselas al Ejecutivo español para acelerar la privatización de Bankia y BMN han alterado las posiciones iniciales. De ahí que la única novedad reseñable sea la frialdad, apatía y desgana mostradas por los responsables bancarios en la presentación de cuentas en el relanzamiento de los procesos de fusión o alianzas entre entidades. Es un comportamiento calculado y premeditado, indiferencia táctica para mantener un compás de espera mientras se analizan los balances y las cuentas, se miden reacciones de accionistas e inversores, habida cuenta de la caída generalizada -en varios casos dramática- del margen de intermediación.

El supervisor, que ha mostrado un singular interés por no quedar en fuera de juego en el nuevo proceso de concentración, se muestra beligerante y parece estar jugando un papel de controlador de tiempos. La opinión generalizada en el sector, es que su mayor chance en las futuras fusiones viene impuesta desde Bruselas y del BCE. De ahí que en estos momentos, de presentación pública de resultados, su papel se limite a marcar los tiempos, el ritmo de ese proceso que previsiblemente se reactivará cuando concluyan las presentaciones bancarias.

Pero que el supervisor cuente con la batuta que marca el ritmo del proceso, no es garantía alguna de los resultados ni siquiera de que se vayan a producir determinadas opciones, tan sólo evidentes sobre el papel, `trabajadas´ y aireadas mediáticamente, más interesadas que interesantes, más especulativas que resolutivas, según alguna opinión bien informada. Opinión que, por otra parte, descarta cualquier actuación del supervisor con intenciones distintas al interés del negocio bancario como por ejemplo despejar cuestiones personales, eliminar egos o liderazgos ineficaces.

Ahora todas las miradas parecen centrarse en los movimientos del nuevo presidente del Popular en tanto que entidad considerada en varias hipótesis como el comodín que haría las delicias de los aspirantes a ganar tamaño, caso de BBVA, Sabadell, Caixabank, Santander y Bankinter. Hipótesis en la que no parece que Bankia y BMN tendrían ninguna chance, al menos a corto y medio plazo, dado que el proceso legal de integración o fusión de estas dos entidades públicas -si se produce- conllevaría plazos de tiempo y ejecución que difícilmente permiten ser acortados. Quizá la única posibilidad de que las dos entidades públicas pudiesen contar, con carácter inmediato, con alguna posibilidad en el proceso, sería la mayor actividad de los potenciales compradores, algo en lo que actualmente no parecen interesados, sino todo lo contrario, alargar, prolongar y enfriar los movimientos hasta que se acerque el 30 de junio y se convoquen las juntas generales de accionistas.

Lo que confirma las sospechas que apuntan el interés especial del Banco de España por evitar sorpresas, por estar enterado, mostrando estar al corriente no sólo de las intenciones, sino también de movimientos en la sombra. Quizá el regreso a la intervención intensiva del supervisor sea la nota más destacada en esta fase fría del nuevo proceso de concentración bancaria. Intervención que tampoco servirá para garantizar el éxito final, aunque sí, tal vez, que el proceso avanza por el buen camino, de asegurar la sostenibilidad del negocio bancario.

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