edición: 3024 , Miércoles, 5 agosto 2020
12/06/2014
El interés negativo amenaza la rentabilidad

La banca no moverá ficha en el crédito si antes el BCE no compra activos

La morosidad del 13% impide a la banca española seguir el camino marcado por el banco central
Juan José González

La zanahoria ofrecida por el BCE a las entidades financieras, aunque apetecible, puede esperar. No parece que será de inmediato consumo y más bien puede que los teóricos comensales bancarios opten por la espera hasta que el presidente de la institución, Mario Draghi, incluya en el menú otros platos de mejor gusto como por ejemplo la compra de activos financieros, medida que de la misma forma ya han puesto en práctica el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal de EE UU. Por eso, que el banco central de Europa se haya decidido a poner un tipo de interés negativo al efectivo que la banca comercial deposite en la caja de la institución, lleva a pensar, en una primera conclusión, que la medida tendrá un primer impacto negativo en la rentabilidad del sector. El propio BCE apunta que se trata de medidas que llevarán su tiempo en surtir efectos positivos en la inversión, lo que confirma que, hasta que llegue ese momento, la amenaza de la pérdida de rentabilidad puede convertirse en realidad, y para lo que será obligado vigilar la marcha de los dos próximos trimestres para hacer balance.

Es sabido que las entidades financieras no recibieron con general entusiasmo las medidas adoptadas la semana pasada por el BCE, en particular, las relativas a la fijación por parte del banco de una tasa de interés negativa que afectaría a los fondos que la banca comercial deposite en la hucha de la institución central. En una primera reacción, los bancos no pueden contemplar con buenos ojos una decisión que en la práctica representa aceptar una pérdida o minusvalía del 10% sobre la cantidad de los depósitos que se `guarden´ o mantengan como reserva en el BCE. Las entidades financieras han abundado en los últimos días en manifestaciones al respecto, dejando clara su posición: si bien los tipos de interés negativos son, en principio, simbólicos, sí hay pruebas en el pasado que muestran que en el caso de que estas medidas se prolonguen más tiempo de lo previsto, acaban impactando de forma negativa en la rentabilidad bancaria.

Es una posición que, con independencia de su mayor o menor consistencia, sirve para interpretar que la banca no cree en la virtualidad de una medida que busca acelerar la circulación del crédito hacia las empresas y las familias. De la misma forma, la banca se tomará también su tiempo en valorar el volumen de fondos que `aparcará´ en la hucha del BCE, así como la utilización de la liquidez en las condiciones especiales que el banco central pone a disposición del sector financiero.

Por otro lado, tampoco la posición de los bancos puede, ni podrá, ser la misma, puesto que la situación financiera de los socios de la Unión está muy lejos de ser similar y, en algún caso, ni siquiera de parecerse. Las economías de los países europeos no crecen a la misma velocidad, y la demanda de crédito por las empresas está aún lejos de alcanzar tasas consideradas como normales. Como tampoco se puede hacer una comparación entre los niveles de endeudamiento empresarial por países, ni una valoración que suponga establecer un denominador común respecto a otros indicadores de la actividad bancaria como es el caso de la morosidad. 

Es este último apartado, auténtica pesadilla, en el que las entidades financieras españolas se detienen para analizar hasta qué punto las nuevas medidas del BCE pueden servir como estímulo para acelerar la flujo de crédito. La morosidad, todavía por encima del 13%, y que según las estimaciones del Banco de España superará en 2014 el 15%, obliga a medir hasta el extremo cualquier operación de préstamo y tomar las máxima precaución sobre la capacidad de devolución de las empresas. 

Cabe recordar que el sistema financiero ya ha superado, y con creces, la cifra de créditos morosos anterior a la operación limpieza de balances y antes, incluso, de que la Sareb hubiese recibido los activos inmobiliarios de los bancos intervenidos. Y con más de 200.000 millones de euros en préstamos impagados, se hace difícil pensar en acelerar el crédito. Por tanto, mejor será esperar a que el BCE se decida por la compra de activos financieros para que ver el camino más despejado, una decisión que ya confirmó aunque todavía sin fecha. Hasta entonces, cautela.

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