edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
06/02/2012
El sector reprocha al ministro la ausencia de consultas previas al Decreto Ley

La banca no responde a la reforma financiera del Gobierno

Francisco González (BBVA) se destaca como aspirante al liderazgo del sector
No parece que la reforma financiera haya despertado ninún entusiasmo
Juan José González

Ni la Asociación Española de Banca (AEB) ni el Banco de España ni los empresarios a través de alguna de sus organizaciones patronales como CEOE y, ni por supuesto, ningún alto directivo de cualquiera de las entidades a las que puede afectar la reforma del sistema financiero, aprobada por el Gobierno el pasado viernes, ha emitido alguna opinión al respecto. Se entiende que la hayan estado analizando e incluso, como aseguró uno de los presidentes de una entidad “vamos a explorarla y a desmenuzarla”. En realidad, si se trata de esto último, escaso será el esfuerzo y menor el trabajo, pues como propuesta es pobre y como norma se queda a la altura de un aficionado a la ley; por supuesto, a nivel técnico todo parece confirmar que De Guindos en Lehman, lo que se dice trabajar en banca, no llegó a tocar nunca un papel. Así que, será necesario esperar a que los equipos de la alta dirección bancarios se lean en cinco minutos la norma de la reforma y comiencen a emitir alguna opinión. Sí cabe una primera sensación: el plan que recoge el Decreto Ley, parece idílico sobre el papel que, como se sabe, aguanta todo lo que le echen.

Coincidiendo con la presentación de resultados, el Gobierno ha querido dibujar en el aire, y luego imprimir en papel, unas líneas sobre las que se pretende que la banca española, el sistema financiero español, transite en un futuro. Se desconoce el modelo seguido, pues se supone que debe responder a uno en concreto, a menos que el aprobado por el Gobierno el viernes sea novedoso. Se desconoce también si ha habido algún cerebro inspirador del mismo o si responde a una especie de ronda de opiniones de adeptos, expertos o consultores asociados. De Guindos dejó la planta doce de la consultora PwC, donde era responsable de la división financiera, lugar o sede en la que desde marzo del pasado año desarrolló una actividad fabril fuera de lo común, y que dio lugar a sospechar, como luego se confirmó, que caminaba firme hacia el ministerio económico.

En esos meses de trabajo intensivo, De Guindos lidiaba con la puesta en valor de la denominada ‘biblia’ de Faes, o base ideológica de la política económica del Partido Popular, de la que la reforma del sector financiero se puede decir que constituía el 50%. Meses en los que trabajó igualmente para el consejo de administración de Banco Mare Nostrum, ocupación que dejó el día antes de aceptar, públicamente, el cargo de ministro en el Gobierno de Mariano Rajoy. Para algunos observadores de la trayectoria del ministro, no hace falta investigar demasiado para colegir que el reforma presentada la pasada semana no pertenece en su autoría al responsable de Economía, si no que es producto de las necesidades últimas de una coyuntura que viene escrita, o dictada, desde Bruselas. Es, en definitiva, un plan ideológicamente huérfano, que persigue tan solo, evitar la liquidación por cierre de negocio de CAM, Banco de Valencia, Novagalicia, Catalunyacaixa y Unnim; acelerar una mayor concentración de las excajas de ahorros y un cambio de ritmo y tamaño en los considerados bancos medianos.

La hoja de ruta del Gobierno para el sector bancario español, una especie de ley de plazos fijados de forma arbitraria, idealista y caprichosa, choca ahora con los calendarios de las propias entidades, las afectadas de forma directa y las que lo son de forma indirecta. De Guindos conoce que no son momentos como para acelerar el acopio de capital porque en mercado no esta ni para prisas ni para acopios. Tampoco puede pretender el ministro imprimir mayor velocidad al saneamiento de los balances porque el sector en fase de lograr equilibrios en sus cuentas para poder presentarse en la junta de accionistas con soluciones y propuestas antes que con problemas.

El plan de reforma financiera es voluntarista sí, pero es imperativo, establece reglas y plazos de cumplimiento, y contempla la posibilidad de opciones, pocas, entre las que las entidades deberán decidir y cumplir en los próximos meses: marzo esta a la vuelta de la esquina y el Gobierno intenta conocer en dos meses los planes de las distintas entidades. Las fusiones cuentan con un plazo más largo, lo que no evita que para comenzar a caminar en esa dirección sea bastante precipitado, sobre soto si se tiene en cuenta que las entidades se encuentran cerrando sus propios agujeros, intentando cuadrar números para cumplir con la remuneración del capital, los dividendos, y haciendo malabarismos para eliminar el desajuste inmobiliario.

Es por todo ello, por lo que AEB, Banco de España, CEOE y alguno más deberían pronunciarse sobre el excesivo voluntarismo de un plan que parece antes dirigido a la galería, con fuerte contenido en imagen pública y a elevar al liderazgo del sector a un Francisco González deseoso de ejercerlo, y para lo que no regateará esfuerzos, bien absorbiendo a Catalunyacaixa, Novagalicia o uno de los medianos, hoy sin rumbo fijo.

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