edición: 2809 , Lunes, 23 septiembre 2019
04/06/2012
Mala calidad del análisis financiero

La Banca no se fía ni de sus propias cuentas

Sorprende que las bajas valoraciones de bancos no animen las compras
Economía recuerda a la inspección del Banco de España su “complicidad” con los últimos test de estrés
Juan José González

Aquéllos test de estrés a la banca que hoy la realidad certifica como falsos, parece que van a quedar superados por la información que las cuatro firmas auditoras vayan a obtener de sus trabajos. Y serán superados previsiblemente por las nuevas valoraciones que resulten de la medición de la morosidad oculta, al parecer, principal objetivo donde las firmas se van a centrar. El conocimiento de esta información servirá, a su vez, para comprobar las actuales valoraciones de mercado de las entidades bancarias, y que estos días, tras los últimos reveses bursátiles, se encuentran a tiro de OPA. Por si ello fuera insuficiente, las principales entidades puede decirse que se conocen mucho mejor que hace meses, incluso que hace años, puesto que la restructuración financiera ha propiciado conversaciones y contactos de casi todos con casi todos aumentando, sin duda, los niveles de información entre las entidades.

Es por ello que si los balances de una buena parte de la banca estaban en tan óptima situación y ante una coyuntura que como la actual mantiene a muchas de ellas a tiro de compra ¿cómo es posible que las más fuertes no se hagan con las menos fuertes? Acostumbrados a escuchar en boca de los “ceos” y presidentes bancarios que sus estrategias pasan por la expansión del negocio y por la consolidación de posiciones, ¿por qué no aprovechan las oportunidades para materializar sus planes estratégicos y lanzan alguna OPA?

Es posible que las entidades bancarias españolas estén valorando de forma más realista el análisis financiero, y que por tanto, renuncien a aumentar los riesgos, puesto que la desconfianza en los balances lleva a pensar que muchas entidades, si no valen cero, es probable que estén muy cerca. Queda pues en evidencia que no es oro todo lo que reluce en esos “otro” balances sobre los que ahora las auditoras proyectarán la luz, y por supuesto, una vez comprobados los números de Bankia habrá que pensar que la calidad del análisis llevado a cabo por las casas que estudiaron a fondo las cuentas del banco, dista mucho del óptimo requerido en una economía seria ¿o no es seria?

Y el agujero de Bankia reconocido públicamente el mes pasado, y el recuerdo todavía fresco en la memoria de aquéllos test de estrés de aprobado general (irlandeses y muchos griegos inclusive) pone en evidencia la escasa calidad y/o poco respeto hacia el análisis financiero, relativo a las entidades financieras, así como la desconfianza recíproca en los balances del sector. En clave interna, se puede decir que la banca española ha sido en buena parte cómplice del "sistema de test", un mecanismo que ha sido tan útil en el corto plazo como eficaz prueba de una ridícula burla maquinada para poner una barrera de bulto que los hechos, finalmente, han dejado al descubierto. 

Por todo ello, sorprende ahora la reacción airada de los inspectores del Banco de España que analizan las entidades de crédito, al comprobar como el Ministerio de Economía les cuela un batallón de consultores y auditores externos, como una invasión intrusa en una parcela de actividad que estiman les pertenece. Desde Economía recuerdan a propósito del enfado de la inspección que allá por el mes de julio de 2011, el Banco de España daba por buenos los test de estrés de la banca patria, eso sí, con las salvedades de las todavía pendientes de subasta.

Aquel mes de julio fue el principio del fin para la entidad nacionalizada. La Autoridad Bancaria Europea (EBA) filtraba a un directivo del Supervisor español que el banco formado por la caja madrileña y la alicantina, había superado las pruebas de estrés, lo que causó gran satisfacción al Gobernador y, por supuesto, Rodrigo Rato, inmediatamente informado. La calificación era esperada con emoción puesto que de ella dependía el evento más decisivo en la corta vida de Bankia: la salida a Bolsa. Y el equipo de una Elena Salgado turbada por la buena nueva, terminaba la noche brindando con cava, pues suponía el espaldarazo no sólo a la operación en marcha, sino también a la restructuración del sector financiero y al “decreto Salgado” con el que arrancaba.

En el banco central siempre se ha defendido el mismo argumento según el cual las entidades financieras estaban injustamente tratadas por las autoridades europeas, al dejar fuera del cómputo de capital las célebres provisiones genéricas (además de las convertibles) que han sido la base de defensa de ese “mejor sistema financiero del mundo”, según reza (o rezaba) el mensaje oficial de Cibeles y Moncloa. Lo cierto es que la EBA “se portó” al incluir como capital las futuras ayudas del Frob y computar los recursos que se obtendrían de operaciones como la salida a Bolsa de Bankia. Incluso la CAM tuvo su aprobado. De todo ello cabe extraer una perversa moraleja.

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