edición: 2472 , Miércoles, 23 mayo 2018
11/04/2016
banca 
El coste del ajuste

La banca pasará la factura de la digitalización a los clientes

Los márgenes de intermediación no se recuperarán si no aumentan las comisiones
Juan José González
El comportamiento `localista´, como califican algunos expertos bancarios, adolece de métodos y sistemas "provincianos" que es necesario cambiar a toda velocidad. Tres años por delante de tipos cero, escaso o limitado crecimiento económico, que no tendrán compasión con los márgenes bancarios. Aseguran también que la decisión adoptada por el sector bancario en esta parte -¿final?- de la crisis financiera para cambiar la relación entre los bancos y los clientes, llega demasiado tarde, cuando los márgenes de intermediación ya no soportan por más tiempo la presión de los mercados ni de la normativa de los bancos centrales. Todo parece indicar que la banca española ha interiorizado el mensaje de las autoridades bancarias (BCE y bancos centrales locales) y se disponen a acelerar algunos cambios en los próximos meses. El escenario para la banca española, como seguramente también para el resto entidades de Europa, parece destinado a modificar las pautas de comportamiento de las últimas décadas, cuando los márgenes de intermediación `salían´ prácticamente solos de una sencilla diferencia entre el coste de captar capital y el de prestarlo.
Incluso recientemente, cuando ese escenario comenzó a nublarse, se eliminó poco a poco la remuneración de los depósitos al tiempo que se incrementaron las comisiones bancarias por todo tipo de servicio. Y las cuentas seguían saliendo con más dificultad, pero siempre en positivo.

Se han debido cruzar -o chocar- el aumento desbocado de las comisiones bancarias con el mayor uso de la tecnología por parte de los clientes -nuevos comportamientos sociales- para que el sector se haya decidido a dar el paso, en principio, definitivo y comenzar un nuevo ajuste de capacidad; reducción de oficinas y trabajadores. En principio, esta nueva ola de ajuste de capacidad, iniciada en algunas entidades bancarias, no debería responder únicamente a la necesidad reconocida en el sector de bajar costes para salvar los márgenes. Como tampoco a un factor de simple moda o cambio de soportes forzados por las nuevas tecnologías, las comunicaciones o toda la suerte de herramientas digitales que ya son de uso habitual entre gran parte de la población.

Es un cambio de perfil de la clientela, que obliga a los bancos tradicionales a centrarse más en proporcionar las herramientas para utilizar los servicios bancarios, que en pelear por hacerse el banco de referencia en financiación de préstamos personales o hipotecarios. Seguramente la eficacia de un banco en el primer aspecto consiga fidelizar al cliente para que utilice la segunda, la financiación, y otros servicios de ahorro e inversión.

Será únicamente por esa vía -la eficiencia- tanto por los servicios bancarios como por sus herramientas (ordenadores, smartphones, tablets y otros) puestos a disposición del cliente, por donde consiga la banca enganchar al nuevo cliente, las nuevas generaciones que ya se consideran digitales, como mantener -también- enganchado al tradicional, que hasta hace bien poco acudía a la sucursal habitual o llamaba por teléfono para solucionar sus problemas o despejar dudas.

Las autoridades bancarias europeas están propiciando un cambio en el desordenado sector bancario europeo, una vez superada la primera fase más crítica de la crisis financiera. Sus llamamientos reiterados para que los grandes bancos de la Eurozona aceleren el cambio y se transformen en entidades más fuertes, solventes y capitalizadas, son un claro mensaje directo a los responsables bancarios, a la necesidad de adaptar la forma de hacer banca para particulares teniendo en cuenta que ahora los oficinas bancarias, sus trabajadores y servicios, son globales, digitales, están en Red, son rápidos, flexibles, ofrecen mayor volumen de información y, al final, acaban por resultar no sólo más eficaces que el modelo actual -una oficina física- si no también, más baratos. Aunque es más que probable que la costosa digitalización bancaria en marcha acabe pasando su factura -en costes- a la clientela. En este caso, habrá que comparar, mantener o cambiar (de un sólo clic) de banco.

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