edición: 2351 , Viernes, 24 noviembre 2017
05/11/2014
Busca alternativas

La banca quiere evitar el `corralito´ del dividendo

En el reparto del beneficio se juegan una clientela de 6,2 millones de accionistas: hay que mantenerlos contentos como sea
Juan José González

La tesis de las autoridades de Fráncfort sobre los dividendos bancarios, se mantiene inalterable, en sus trece, tras los resultados de evaluación de balances. Los aprobados de los bancos españoles (con variados e interesantes matices) no cambian en nada el criterio que viene predicando el BCE, y en su caso, imponiendo, a través de los supervisores locales, que no es otro que la prudencia en el reparto de los beneficios. Entiende el BCE que no deben echarse las campanas al vuelo como consecuencia del buen resultado cosechado, puesto que las asignaturas pendientes de los bancos continúan estando pendientes, esto es, rentabilidad, capital, modelo de negocio, morosidad, crédito, etcétera, y que en el futuro próximo serán objeto de un mayor seguimiento, supervisión y exigencia. Ninguna entidad española esconde su preocupación por las nuevas recomendaciones que haga el supervisor único antes de final de año, en particular las relativas al reparto de los beneficios; se juegan la clientela.

A principios de año el Banco de España, alineado con la tesis del Banco Central y del Fondo Monetario Internacional, recomendó un prudente recorte en el reparto de dividendos. El entorno, con algunas luces de fondo no estaba en ningún caso despejado en el terreno macroeconómico. En los meses de enero y febrero, las autoridades económicas albergaban la esperanza de una recuperación de la actividad en la economía que presagiaba más actividad, mayor consumo, más empleo, etcétera, expectativas que el paso del tiempo se encargaría de diluir. Las pruebas de resistencia habían comenzado sus primeros trabajos en unos ejercicios de análisis y evaluación de balances cuyos resultados se conocerían en octubre. Así pues, hasta entonces, el criterio prudencial recomendado por las autoridades tenía bastante sentido, en especial con tanto con la particular situación de déficit de capital de algunas de las 14 entidades españolas sometidas a examen.

Pero los resultados de la evaluación (pruebas de estrés) ya se conocen y sobre el papel las entidades financieras están a la espera de un informe de recomendaciones que el nuevo supervisor, el MOU, presentará a todas y cada una de las entidades, ejercicio que se realizará por separado. Son recomendaciones que los bancos toman como una hoja de ruta a seguir para los próximos meses y que seguramente obligará a revisar sus estrategias de negocio.

En términos generales, la preocupación del sector por esas recomendaciones son comunes porque las nuevas normas regulatorias y de supervisión son iguales para todos, si bien, los esfuerzos no serán los mismos: a algunos les costará más trabajo reforzar los recursos propios y les bastará con mantener el scrip en su política de dividendos, mientras que en otros casos, no será suficiente el scrip y se verán más obligados a recurrir a la emisión de capital nuevo, decisión esta que, ya se sabe, no es bien acogida por los accionistas. A tenor de los resultados de las pruebas, los 14 bancos españoles, a excepción de los intervenidos por el Frob, cuentan con un cierto margen, limitado, para decidir el porcentaje de distribución del beneficio, a pesar de que el nuevo supervisor no pierde la oportunidad para aconsejar prudencia.

El escenario que se abre a partir de ahora, teniendo en cuenta recomendaciones y situaciones particulares, así como la salud de la economía, y sin olvidar que el sector bancario espera las opiniones del MOU para fin de año, no es cómodo para la banca, pues en el aspecto retributivo del accionariado está obligado a pensar en los 6,2 millones de accionistas, unos más propietarios que otros, más rentistas, pero que en todo caso lo son en tanto que esperan recibir el rendimiento de su inversión, de las acciones. Se trata de accionistas inversores, clientes al fin de capital a los que hay que mantener y conservar.

No va a ser sencillo mantener contentos a tantos accionistas, muchos de ellos, la mayoría, afectados por la reforma fiscal, aunque sea la misma reforma la que puede suavizar, que no compensar, el efecto de la eliminación de la exención de los primeros 1.500 euros en los más humildes. Como tampoco va a resultar factible que se pueda mantener un pay out del 25%, que agradaría a las autoridades pero que provocaría la salida de grandes inversores del sector camino de otros caladeros con dividendos más jugosos. 

En cualquier caso, si el futuro de la política de reparto de dividendos pasa, obligatoriamente, por la decisión del MOU, será preciso pensar alternativas, puesto que no va a ser fácil ver cómo los inversores renuncian a obtener rendimientos por su capital. Habrá que pensar en distintos tipos de acciones o bien, graduar el nivel del pay out en función del aumento de la rentabilidad anual del banco. Existen muchas alternativas.

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