edición: 2347 , Lunes, 20 noviembre 2017
30/12/2015
banca 
A la sombra de la batalla de los cajeros

La banca se pelea por fidelizar clientes y restar beneficios a la competencia

El Banco de España `renuncia´ al control de la `subasta´ de comisiones sin fijar tiempos de aplicación ni banda de precios
Juan José González
El sector financiero tiene un problema ya conocido en las fuentes de obtención de sus beneficios; el margen financiero da para lo que da, es decir, para crecer a duras penas y llegar al dividendo en muchos casos de malas maneras. Quedan muy pocos caladeros, por no decir ninguno, al margen del cobro de comisiones por servicios para cuadrar las cuentas, una vez agotados los recortes de tamaño. La `batalla de los cajeros´ es una más de las que se producirán en el inmediato futuro en el sector. Pero más que una batalla porque, como se está viendo, varias entidades tienen en marcha otras campañas `adicionales´ que `atacan´ por vías menos tradicionales, la forma de aumentar los ingresos, léase cuentas remuneradas y otros productos que, como el uso de los propios cajeros (a un mejor precio) persiguen fidelizar la clientela y, de paso, otros objetivos nada despreciables.
La batalla de los cajeros es un botón de muestra de lo que viene después. Un botón porque seguramente nadie es capaz de imaginar que con la aplicación de mayores comisiones por la extracción de efectivo en las redes de cajeros una entidad vaya a conseguir cuadrar sus cuentas. Seguramente las entidades logren cubrir los costes de mantenimiento de una costosa red así como su amortización, y obtengan un beneficio que en el sector se estima en el 10% por cada operación de cajero. Es un margen considerable aunque depende para qué resulta insuficiente. Considerable porque cubre el coste de utilización e insuficiente porque en el agregado de las cuentas el margen de aportación de la red de cajeros no llega al 15% del total.

Pero es probable que no sea el aspecto del margen por el uso del cajero el más importante ni tampoco el más decisivo. Para empezar, el sector cuenta con una situación a medio plazo, ejercicios 2016 y 2017, donde los tipos de interés merodearán el cero, lo cual obliga a reaccionar (como así es desde hace tiempo) y evaluar con precisión las fuentes probables, las posibles y las seguras para obtener los beneficios planificados. Y las políticas monetarias del BCE, en principio para los dos próximos ejercicios, son indicativas del nivel de sequía que se espera para el período.

La supresión de la doble tarifa que el Banco de España ha plasmado (un poco tarde) en el BOE, se queda en una vulgar anécdota si se tienen en cuenta las intenciones que la batalla de los cajeros conlleva. Por el momento, las redes mayoritarias de cajeros han iniciado una `actualización´ de sus tarifas, aplicando subidas desde el 20% hasta el 500% (sí, quinientos) a los clientes de entidades ajenas, pero también y de paso, ajustando (al alza y a la baja, según) los propios. Santander y Unicaja cobran al cliente ajeno 1,85 euros por el uso de sus cajeros; Sabadell 1,80; Kutxabank 1,90; Bankia 0,98 y Bankinter 1 euro; Popular 1,50; Caixabank 2 euros y BBVA 1,85. Son algunas de las tarifas, las más numerosas y relevantes que se espera que se mantengan en los próximos meses, aunque también es probable que se vean sometidas al `juego´ de las ofertas comerciales y otros acuerdos entre entidades.

Es probable que la actuación del Banco de España se haya quedado corta (o muy corta) en la supresión de la doble tarifa. Quizá debería haber sido más ambicioso y establecer, como así ocurre en otros aspectos, bandas de mínimos y máximos y, sobre todo, tiempos de transición en la aplicación libre de las tarifas. La razón no es otra si no los posibles efectos secundarios que sobre los usuarios de cajeros pueda producir la batalla en cuestión, sobre la base de una subasta de precios y comisiones, y que a la postre podría convertirse en una vía más para encarecer los servicios a los clientes propios. Una nueva forma de competencia en la que no habría que descartar mejores y más bajos precios para atraer a la clientela de la competencia. Los efectos secundarios traerían, a buen seguro, daños colaterales todavía sin calcular por las autoridades bancarias. Tampoco hay que olvidar el aumento de costes que conllevará para las entidades con menor red propia de cajeros, y que la utilización de los ajenos era hasta la fecha un claro beneficio.

No cabe duda que la venta de productos y servicios acaba de entrar en una nueva batalla donde el cliente es el eje del objetivo. Hasta el punto de que la necesidad de fidelizarlo como usuario de esos productos y servicios es la base presente y futura del sector para asegurar la cuenta de resultados. La batalla de los cajeros no es una más, sino que puede que sea la más importante, toda vez que en los cajeros se están concentrando más servicios y muy diferentes a la simple extracción de efectivo, una práctica que irá en aumento.

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