edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
14/12/2017
banca 
Pulso al Banco Central Europeo

La banca se resiste a sacrificar beneficio para amortizar el billón de crédito moroso

La autoridad bancaria presiona al sector ante la posibilidad de otra crisis financiera a la vuelta de la esquina, en dos o tres años
Juan José González
El BCE insiste en acelerar el reforzamiento de garantías bancarias, si bien encuentra una fuerte resistencia en el sector habida cuenta de los sacrificios que conllevaría seguir sus recomendaciones, que le obligaría, entre otros, a rebajar los beneficios previstos, pondría en peligro las políticas de dividendos y provocaría una caída de las cotizaciones. A todo esto, el sector no parece estar dispuesto a renunciar porque, entre otros efectos, acelerar la amortización de pasivos restaría capacidad crediticia, precisamente en una coyuntura de mayor (aunque lenta) demanda de préstamo, sacrificios todos ellos que la banca no está dispuesta a realizar. Este movimiento de cautela o prudencia financiera, aleja la pretensión del sector bancario de suavizar la presión regulatoria a la que está sometido, y a la que considera asfixiante, desmesurada y, hasta posiblemente, ilegal. Entiende el sector que los deseos del banco central para que los bancos aceleren la limpieza de balances, pongan orden en los pasivos, un problema que el supervisor europeo estima que tiene un tamaño cercano al billón de euros de créditos morosos que no generan ningún ingreso, ocasionan costes y consumen capital.
El Banco Central Europeo (BCE) justifica de esta forma la presión regulatoria, evidentemente, tan contestada por todo el sector financiero. Es la base de la preocupación de las autoridades, esa enorme cartera de activos tóxicos, precisamente la que ha suscitado la idea de crear un banco malo europeo para proceder a la limpieza definitiva de los créditos morosos. Y es tal la preocupación de las autoridades bancarias que, con independencia de otros asuntos, también prioritarios, han requerido a las entidades financieras, una por una, la puesta en marcha de soluciones rápidas, realistas y orientadas a la reducción apresurada de los préstamos morosos.

Préstamos que en el caso de España ascienden a 135.800 millones de euros, el 13,5% del billón de euros europeo, pero que en el caso de Italia rozan los 300.000 millones. La pretensión, presiones y demás advertencias de los banqueros centrales de Europa choca frontalmente con las necesidades y estrategias diversas de los grandes bancos de la Unión Europea, los cuales sólo verían posible el cumplimiento de los "consejos del banco central" si la estabilidad financiera y la normalidad monetaria en ciernes se mantienen a lo largo de los próximos trimestres.

De nuevo, los mercados, pendientes del regulador, de la economía y de las entidades financieras, vuelven a estar en función de la incertidumbre, el peor escenario, el más arriesgado, para tomar decisiones. El escenario parece propicio para el enfrentamiento. Por un lado, el sector bancario vive ahora en una fase del ciclo económico positiva, con avance lento de la demanda de crédito por parte de empresas y particulares, mejora la rentabilidad del sector al tiempo que se reduce la morosidad, a pesar de que la velocidad de la disminución no sea aún la deseada por el BCE. Se une a este escenario las señales que constatan la normalización de la política monetaria del banco central y, por tanto, el avance que supone para los márgenes bancarios, de los cuales tendremos noticias en las próximas semanas con las previsiones de cierre de las principales entidades.

Pero el BCE no piensa en la misma dirección y mantiene otro relato distinto. Por un lado, considera que la banca sigue estancada en una situación de baja rentabilidad, lo que le obliga a continuar aplicando políticas de reducción de costes (principalmente los operativos) y seguir trabajando en mejorar la eficiencia. Un trabajo en el que parece estar todavía a mitad de camino si se observan los recientes ajustes en el sector -caso Banco Santander- y que otras entidades continúan cerrando oficinas.

El pulso entre el BCE y las entidades financieras no parece ir por el buen camino. Mientras las autoridades señalan el trabajo pendiente a los bancos, estos destacan las asignaturas pendientes del banco central, al mismo tiempo que consideran más asequibles los objetivos que propone el supervisor desde una posición más consolidada por beneficios y rentabilidad que desde el sacrificio de la amortización acelerada de los balances. Otro asunto es que la advertencia del BCE, convencido de una crisis financiera a medio plazo, este haciendo reflexionar a más de uno, al entender que es posible que incluso con la solvencia bien cubierta, no sea suficiente ante un nuevo episodio de crisis. Y en esto sí coincidiría con el BCE.

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