edición: 2311 , Martes, 26 septiembre 2017
02/09/2016
banca 
Inesperado escenario

La banca se suma a la incertidumbre con mensajes que denotan el desconcierto del sector

Dividendos y ampliaciones pendientes se suman al `ajuste permanente´ del sector al que se añade el cambio de ejecutivos en la alta dirección
Juan José González
El sector bancario tiene también, como la política y la economía, su particular reentrada que, como no iba a ser menos, está cargada de incertidumbres; las externas de los mercados y la macroeconomía, y las internas, las propias, las que vienen dadas por las decisiones de los consejos de administración. De las primeras se manejan numerosas hipótesis; ninguna que preocupe demasiado pues carecen de amenaza inminente, es decir, no ofrecen peligro a corto plazo. De las segundas se advierte actividad fabril, particularmente intensa en los tres últimos meses, y que afecta a los consejos de administración de la banca. Es en esta parte donde se centra el interés de los inversores, puesto que de las decisiones que tomen se desprenderán cambios que afectarán a los pagos de dividendos y a las ampliaciones de capital, en algún caso obligadas. Aunque la peor incertidumbre (y fuente de inseguridad) continúa centrada en los cambios de ejecutivos y en los ajustes de plantillas y oficinas, que al parecer seguirán alimentando novedades en el sector.
La incertidumbre general, también compartida por el sector bancario respecto a la permanencia del precio del dinero, obliga, presionados por las fechas y por los resultados del cierre anual, a tomar decisiones inmediatas y serias en esta última parte del año, en el inicio de la recta final del ejercicio, que afectan a los pagos de dividendos y a las ampliaciones de capital. No se divisa en el horizonte ningún evento que alimente la hipótesis de una crisis económica, y menos financiera.

Los mercados ya cuentan -la fuerza de la costumbre- con la frialdad característica de la Reserva Federal norteamericana en la gestión de los tipos de interés, una variable que el tiempo ha convertido en fija. Nada indica que la Fed vaya a modificar su estrategia en el corto plazo, ni siquiera un leve signo, un aviso, una señal sobre una futura revisión al alza de tipos. Por esta vía, nada que preocupe a los mercados, a los inversores y a la banca ante la ausencia de movimientos.

En cualquier caso, el sector bancario, preso de la quietud de la Fed y del BCE, sigue preocupado, trabajando en la búsqueda de las condiciones que le permitan ganar dinero en la esta fase en la que los tipos de interés no juegan a favor de las cuentas, si no todo lo contrario. La incertidumbre que causó cierto desasosiego en el sector, como fueron los resultados de los test de estrés conocidos en julio pasado, parece haber remitido en la medida en que los escenarios (un tanto catastrofistas) que consideraban los test (una crisis económica en toda regla) parecen lejos de la realidad, y ni siquiera los analistas más pesimistas (abundantes en el sector bancario) advierten amenazas "agudas" sobre la economía en los próximos doce meses.

Así las cosas, con el horizonte macro teóricamente más despejado, los bancos se enfrentan a tomar decisiones que afectarán a la rentabilidad de las inversiones, como son el pago en forma y cantidad del dividendo, y la siempre incómoda de comunicar al mercado una ampliación de capital, explicar y convencer sus razones y cuantía. El escenario de la actividad bancaria tiene en consideración, además, otros factores, como son la evolución de la financiación de empresas y familias (en la primera parte del año, a la baja) con baja demanda de crédito, mayor actividad y tendencia a reducir las deudas, mejora notable de la morosidad pero, lo peor de todo, estancamiento de resultados; en otras palabras, los beneficios no crecen.

En este ambiente, no debe extrañar que los inversores y la clientela (empresas y particulares) muestren signos de creciente preocupación hacia un sector que no cesa de enviar mensajes negativos como son la persistente reducción del tamaño de la red, continuos ajustes de personal (que no permiten conocer -si lo hay- el final) acompañados de cambios de ejecutivos en la alta dirección. Por si no fuera suficiente, los problemas (inexplicables) que sigue arrastrando la primera entidad financiera del país en algunos mercados, como EE UU o la falta de un `plan b´ en su principal fuente de beneficios en Reino Unido, dibujan la que quizá sea la imagen más inesperada del sector bancario en esta reentrada del curso que le sitúa en la parte más comprometida para un más que incierto cierre de cuentas, a tan sólo cuatro meses vista.

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