edición: 2702 , Martes, 23 abril 2019
30/09/2014
Quitas sobre deuda, el asunto pendiente

La banca, sin miedo a que se conozca la verdad de los test de estrés

El BCE cree que la sociedad ya está preparada para conocerlos porque el escenario económico ha mejorado
Juan José González

En asuntos de credibilidad, no se sabe quién se juega más en los célebres test de estrés: si el Banco Central Europeo o las entidades examinadas. Es una cuestión a debatir si se quiere a partir de hoy, pero se recomienda esperar al 4 de noviembre, día en que se harán públicos los resultados que el 26 de octubre ya estarán en poder de los bancos examinados. Esta vez será la tercera ocasión en que se va a someter a 120 entidades a una prueba que será previa al inicio de la supervisión permanente por parte del BCE. Los bancos saben que en esta ocasión el examen va en serio y que no habrá margen de engaño contable, entendiendo por engaño que el resultado final será realista. Pero realista no significa lo mismo ni tiene los mismos efectos en una u otra coyuntura. A diferencia de las dos `convocatorias´ anteriores, la de ahora de 2014 puede decirse que es un mar de rosas, en calma, sin tormentas ni borrascas a la vista.

No era este precisamente el panorama que ofrecía la climatología financiera y política de mediados de 2010, cuando se llevó a cabo la primera prueba, como tampoco tiene mucho que ver el escenario de hoy con aquel tempestuoso de julio de 2011. Por tanto, los resultados de aquellos exámenes, y su comunicación al orbe, podrían tener efectos nefastos y causar daños difícilmente asumibles por varios países y seguramente irreparables para la economía de la Unión Europea. Con el paso del tiempo, exactamente tres años, gobiernos y banqueros parecen estar de acuerdo en que no hay mayor problema si ahora se reconocen los números y las situaciones reales, algo que en 2010 y 2011 la sociedad no habría sido capaz de digerir.

Los resultados demoledores de aquellos test de estrés hubieran servido para alimentar los temores que podrían desencadenar una situación de pánico general, echar gasolina al fuego. El escenario no aguantaría más problemas. Recordar que entonces, con posterioridad a la primera prueba, el sistema financiero de Irlanda quebró, como también el banco belga Dexia tuvo que ser rescatado al año siguiente, tras la segunda prueba de estrés. Irlanda y Dexia fueron dos casos idénticos desde el momento en que ambos habían aprobado con buena nota sus exámenes. De aquellos resultados se dijo después que no eran realistas, aunque permanezca la duda sobre su utilidad.

Las autoridades de Bruselas demostraron que al menos un tercio de las entidades analizadas no tenían suficiente capital y que, por tanto, su solvencia era dudosa si se veían obligadas a hacer frente a un escenario complejo y más exigente. El escenario se caracterizaba entonces por cifras macro de recesión y caída libre en los precios de inmuebles, impagados, cierres, despidos dibujaron un panorama de inversores huyendo de las bolsas. Luego, sólo bastaba conocer la realidad de los bancos como muestra de bienvenida al crack.

El horizonte parece estar despejado y la sociedad preparada para conocer la realidad de las cuentas bancarias de esos 120 bancos considerados sistémicos y que hoy seguramente podrían afrontar las exigencias de un nuevo escenario económico, por supuesto, menos complejo y menos comprometido como en 2010 y 2011. Como tampoco será necesario en esta ocasión utilizar los juegos malabares de una contabilidad también coyuntural, que no tuvo en cuenta, por ejemplo, el precio de mercado de los bonos que, en cantidades industriales, acumulaban en sus balances los bancos.

Pero despejado es un término que, al igual que realista se encuentra sujeto a coyuntura. La tercera prueba, no tendrá resultados demoledores, no producirá temores, ni pánico porque el examen se hace sobre las cuentas de 2013, ya muy saneadas, casi todo en orden y con niveles de capital que se puede afirmar están próximos a la solvencia aceptable. Habrá seguramente aprobados por mayoría y algún suspenso, obligados estos a repetir convocatoria o a corregir sobre la marcha. Despejado implica en 2014 serenidad y desahogo porque a los balances saneados se les unen las cuentas, que ya registran resultados positivos y no caída de beneficios. 

Sin embargo, sería un error que en esta prueba se dejara pasar por alto los problemas que a partir de ahora puede suponer para las entidades la carga de deuda soberana (tanto de sus Estados como del resto de la Unión) que soportan sus balances, así como qué sucedería si, llegado el caso, tuvieran que hacer frente a una quita determinada. Y en este supuesto, tanto las entidades financieras como las autoridades del BCE y los Gobiernos ya contarán con un plan `B´ (aunque es probable que ahora tampoco sea `realista´ comunicarlo a la sociedad).

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