edición: 2311 , Martes, 26 septiembre 2017
26/04/2017
banca 
Ojo con los tipos fijos

La banca sube el riesgo de su apuesta por el crédito hipotecario

La mayor exposición al sector inmobiliario, para recuperar el beneficio perdido en el pasado, puede llegar a producir efectos nocivos en las cuentas
Juan José González
Los resultados correspondientes al primer trimestre de la banca española, que se empezarán a conocer a partir de hoy, no parece que vayan a llegar cargados de muchas sorpresas, y respondan, más bien, a una confirmación como es la vuelta a la normalidad del negocio bancario. Una vez superado el episodio de las cláusulas suelo, de fuerte impacto en las cuentas de resultados del pasado ejercicio, el camino debería estar más despejado. Y parece que llega esa normalidad de la mano de un mayor dinamismo en la concesión de préstamos y también de más tranquilidad por la vía de las provisiones. Contrasta ese regreso a la normalidad del negocio con las expectativas de una subida de tipos en Europa y la situación económica en clara expansión como argumentos de soporte a la mayor concesión de crédito. Por esta razón, el sector augura un avance de los resultados trimestrales superior al 10%. Pero, en todo caso, el hecho que más llama la atención en la evolución de la actividad bancaria se encuentra en la mayor disposición del sector hacia una mayor exposición al negocio hipotecario. En la práctica, y dados los antecedentes que acredita el comportamiento más reciente del crédito hipotecario, no habría que perder de vista que, de nuevo, el negocio bancario, en su vertiente de riesgo inmobiliario, conlleva un cierto grado de aventura ante al cual la banca deberá ser muy prudente.
El negocio bancario se orienta en el presente ejercicio hacia la recuperación del margen perdido y parece que la fuente con mayores posibilidades de calmar la sed de resultados se encuentra en la financiación hipotecaria, de cubrir la demanda de créditos de los particulares que mantienen, a pesar de la crisis, su interés por la adquisición de una vivienda en propiedad. Porque las condiciones generales del mercado son óptimas se mire por donde se mire: las familias cuentan con mayor capacidad de endeudamiento, mantienen intacto su interés por la compra de una vivienda, los precios de los pisos han bajado mucho, bastante, las perspectivas de bonanza económica son positivas, el precio de la financiación es asumible, barato y, finalmente, los bancos cuentan con dinero en abundancia, con liquidez dispuesta para recuperar los márgenes. Por tanto, la situación parece perfecta para todos.

Algunos datos recientes invitan al optimismo. Hasta marzo pasado, la concesión de hipotecas se había incrementado en un 17%, y confirmaba la tendencia mostrada el pasado ejercicio: las hipotecas encadenaron en marzo seis meses de ascensos consecutivos, y diez puntos sobre diciembre pasado. Por si no fuera suficiente, subía el importe medio de las hipotecas constituidas (hasta 113.000 euros, un 6,4% más que el mismo mes del año antes) y subía también el capital prestado en un 24,5% en tasa interanual. Es decir, la financiación hipotecaria goza de una salud excelente.

De la bonanza financiera se sirve el mercado para vivir un encarecimiento de los préstamos, en la medida en que aumenta la demanda y los demandantes están mejor dispuestos a pagar más. No se trata en esta ocasión, como la vivida en año pasado, de una nueva versión de guerra hipotecaria, sino de que los bancos han encarecido en este primer trimestre sus préstamos hipotecarios, reflejo, por otra parte, de los efectos (y sus costes) de las recientes sentencias judiciales. El encarecimiento de los préstamos será, por tanto, una variable fija, constante, a lo largo del presente ejercicio y con todas las posibilidades de reforzarse en los siguientes.

Pero quizá el dato más relevante del `nuevo movimiento hipotecario´ actual sea el producido por la preferencia hacia una mayor contratación de hipotecas a tipo fijo frente a las de tipo variable, como se supone, para aprovechar las caídas en el precio del dinero en estos últimos años. Incluso esta es una opción que se puede mantener en los próximos años habida cuenta de la creencia generalizada sobre los tipos de que estos irán subiendo poco a poco hasta situarse en tasas anuales que acaben borrando su atractivo actual, que dejen de ser competitivos. No obstante, los demandantes siguen convencidos de que la subida de los tipos será lenta, suficiente como para mantener sus posiciones.

Los últimos datos del sector señalan que el 63,2% de las hipotecas sobre viviendas se constituyó a un tipo variable mientras que el 36,8% lo hicieron a un tipo fijo. Y mientras el interés medio para el tipo variable fue del 3,12%, el fijo se situó en el 3,19%. Estas cifras comparan bien con las de dos años antes, cuando los créditos hipotecarios a tipo fijo eran el 7,2% del total. La mayor preferencia del público por las hipotecas a tipo fijo, tendencia reforzada en los últimos doce meses, puede, sin embargo, llegar a tener efectos nocivos sobre las cuentas bancarias pues al tratarse de financiación a muy largo plazo los tipos de interés pueden sufrir diversos y muy diferentes avatares, tanto en sentido positivo como negativo.

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