edición: 2911 , Lunes, 24 febrero 2020
31/12/2015
banca 
Para 2016

La banca sugiere incentivos normativos para las fusiones transfronterizas

La autoridad bancaria europea se contradice, anima el proceso de consolidación pero advierte del riesgo sistémico
Juan José González
Finaliza un año sin que el sector bancaria haya conseguido la abundante cosecha de resultados prevista hace un año. Entonces, los deberes que se imponía el sector se centraban en ser rentable, mejorar servicios y dar crédito. La botella medio llena contiene una mejora de la rentabilidad, aunque insuficiente, se ha avanzado algo en servicios, quizá con la ayuda de la tecnología. La parte medio vacía muestra la ausencia de crédito. Sobre el papel, 2015 finaliza con 14 entidades que han trabajado en un entorno de cambio de tendencia económica; menos desempleo, más consumo, inflación negativa y ligera mejoría de las perspectivas. Y sin embargo, el crédito, el alma mater del negocio bancario, continúa desaparecido. El sector bancario español se enfrenta en 2016 a dos retos de considerable exigencia: de un lado, profundizar en el saneamiento interno, y de otro en la que parece ser, según las autoridades, la asignatura pendiente; las fusiones. Aunque pare este último parece existir cierta contradicción.
El mapa bancario de 2015 es el resultado del cierre de 13.000 oficinas y 75.000 trabajadores menos, es decir, es una tercera parte menor y se puede decir que han desaparecido o transformado medio centenar de entidades financieras. Las autoridades europeas se mostraban a finales de 2014 convencidas de que el proceso de consolidación comenzaría a surtir efectos positivos en el presente ejercicio, algo que ponen en duda los más críticos y aceptan con numerosos matices los menos críticos. Y sin embargo, los problemas del sector parecen continuar en la misma línea de antaño y sin que los reguladores hayan conseguido todos sus objetivos.

Se cumple poco más de un año (14 meses) desde la plena entrada en vigor de la normativa establecida por la Unión Bancaria Europea que, sobre el papel debería facilitar, acelerar y conseguir avances en uno de sus objetivos principales como es la consolidación del sector, propiciando uniones, fusiones y adquisiciones bajo la nueva normativa. Los deseos de las autoridades, se desconoce la causa, se mantienen en el mismo lugar que las propuestas de 2013, cuando Bruselas expresaba su intención de dar el pistoletazo de salida inmediato a las fusiones transfronterizas. Pero la asignatura, dos años después y con una estructura normativa aprobada y en funcionamiento desde hace 14 meses, sigue pendiente.

Como sigue también pendiente que el sector bancario resuelva sus problemas de baja rentabilidad, hasta ahora sólo solventados en parte mediante la mejora de la eficiencia. Los resultados muestran que reducir costes y rebajar el tamaño de la red y plantilla no es suficiente. Quizá los problemas de falta de rentabilidad se encuentran en sitio diferente. El subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, señalaba hace un mes que la clave para hacer frente a este problema de baja rentabilidad era sencillo; consolidación. Sin embargo, este término obliga, al parecer, a notables esfuerzos por parte de las entidades que deben adaptarse en un corto espacio de tiempo al nuevo contexto regulatorio, al mismo tiempo que demandan que las autoridades despejen algunas dudas.

En primer lugar, habría que intentar vencer el escepticismo de buena parte de los Ceo´s y presidentes del sector respecto a que el proceso de consolidación sea un asunto prioritario a corto plazo. Las fusiones transfronterizas no son, precisamente, operaciones sencillas, sino que necesitan, entre otros, de una claridad de ideas que los reguladores no parecen tener en la actualidad. La normativa, señalan en el sector bancario español, continúa manteniendo los mismos criterios sobre el riesgo sistémico de las entidades grandes, aspecto que las autoridades deberían despejar fijando, si es posible, el tamaño ideal de una entidad que no sea `demasiado´ grandes ni tampoco pequeña, como también afinar un poco más en la definición de `riesgo sistémico´.

Y en segundo lugar y quizá más importante, sería que las autoridades bancarias europeas establecieran algún sistema de incentivos, protecciones y ayudas que hicieran de las fusiones transfronterizas el paradigma, el modelo con el suficiente atractivo para volcarse en estos procesos y comprobar si, como aseguran las autoridades, los problemas de rentabilidad bancaria se resolverían, de verdad, con más consolidación. Habrá que esperar otro año.

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