edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
10/09/2009
Santander y BBVA aportarán su grano de arena

La banca también ‘pagará’ la crisis

Se le pedirá al sector que financie ‘a buen precio’ las obras de infraestructura previstas
Juan José González

No sólo con las rentas de los contribuyentes se pagará la crisis. Tanto Salgado como Blanco ya habían adelantado antes del verano la posibilidad de contar con la financiación privada para realizar las grandes obras –compromisos electorales- de infraestructuras previstas para la legislatura. Entonces no se habló de precio pero sí de compromiso. Y ahora, tras el verano, en plena elaboración presupuestaria y con más problemas de los previstos, el Ejecutivo se dispone a hacer acopio de recursos para tapar agujeros y para los que difícilmente los encontrará sino es con el concurso de una subida de impuestos, como la anunciada ayer, pero también con el de la ayuda de una ‘buena financiación’ ‘a muy buen precio’. Dos expresiones que en boca de un político hacen temblar a más de uno y de dos banqueros, conocedores de la jugada en la que se van a ver inmersos a la vuelta de la esquina. Por eso, es hora de recordar ese deseo general que asegura que “siempre es bueno para todos que la banca obtenga beneficios”.

El debate parlamentario de ayer tuvo un escrupuloso respeto –ni una sola palabra- sobre el asunto, sobre los sacrificios que el Gobierno piensa solicitar del sector bancario español. El presidente del Ejecutivo viene reiterando en sus apariciones en público que de esta crisis se debe salir de forma solidaria, comenzando por el trabajo de todos, a través de una subida de impuestos. Pero también ha dejado caer que el hombro deberá ser arrimado por todos los sectores sociales, y productivos también. Y aquí es donde entra a jugar un papel importante la Banca, sector que el Ejecutivo sabe que vuelve por sus fueros con beneficios ‘milmillonarios’, a pagar bonus a sus directivos y a repartir dividendos cuando ha transcurrido un año desde que se rozó la catástrofe mundial.

El presidente se dispone a pasar el cepillo por esa campaña de relaciones públicas internacionales que viene desplegando Moncloa a lo largo y ancho del globo, asegurando –presumiendo- con la cabeza bien alta que “la Banca española es la más saneada del mundo”. Y la verdad es que no la faltaba razón cuando lo decía, pero es que ahora el Ejecutivo se ha decidido a pasar factura. El albarán ya lo habían enviado sus encargados de administración –Elena Salgado- y el de obras –José Blanco-, ambos seguros de sus razonamientos sobre quienes deberían aportar fondos: “las grandes obras son para grandes empresas”, aseguraron entonces apuntando directamente a la banca.

Tanto Banco Santander como BBVA, han presentado en los últimos trimestres beneficios poderosos. El primero es el tercero del mundo que más beneficios obtiene, y al que sólo superan los chinos ICBC el China Construction Bank, y BBVA el quinto del mundo. En ambos casos, no parece que tengan problemas ni a corto ni a medio plazo, como muestra su actual capitalización bursátil, prácticamente al mismo nivel de agosto de 2008. Así las cosas, y por mucho que se quiera insistir en que los dos grandes bancos españoles se encuentran en un sector crítico, sus resultados no parecen indicar que vayan a tener problemas para financiar algunas de las necesidades que el Gobierno tiene sobre la mesa del Consejo de Ministros.

Donde se dice ‘a muy buen precio’ hay que añadir que el Gobierno tendrá algunos detalles en su momento, es decir, cuando Greenspan dice –ayer- que “los gobiernos deben incrementar los requerimientos de capital a los bancos” esta trasladando al terreno político un mayor celo en el control de las entidades financieras, tarea que los gobiernos graduarán en función de su particular situación. Como también graduarán elementos de negociación como un posible aumento en el coeficiente de caja o la solicitud de mayor transparencia en algunas operaciones o las limitaciones en otras, relacionadas con los productos derivados personalizados, etc, etc.

Las últimas declaraciones de altos funcionarios internacionales, así como las de algunos mandatarios políticos y gobernadores de bancos centrales –el del Banco de España esta desaparecido- han sembrado la inquietud en el sector bancario. Otro de esos altos funcionarios, el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, se resiste a firmar el acta de defunción de la crisis y tan sólo acepta el paso del enfermo de la UVI a sala, no sin matizar que los gobiernos deberían ir pensando en retirar las medidas de estímulo para la vuelta a la normalidad de las políticas monetaria y fiscal. Será a la vuelta de la próxima cumbre del G-20 cuando se esperan novedades para el sector financiero, aunque como siempre, se materialicen, las que se materialicen, uno o dos años más tarde.

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