edición: 2851 , Jueves, 21 noviembre 2019
19/01/2009
Una forma de “intervención encubierta”

La Banca teme la vuelta a las “pastorales” del Banco de España

Juan José González

El problema no es si la Banca española está intervenida o no está intervenida. El problema es si se siente o no intervenida, y en esta sutil diferencia es donde ahora mismo se mantiene un pulso entre algún sector más reaccionario de la Banca y el Banco de España, en un momento en que la corriente intervencionista del Estado, en forma de nacionalizaciones, recorre el mundo occidental como un virus, como una epidemia. “Habrá tensión entre la Banca y el Ejecutivo hasta que no pase la temporada de cuentas del sector”, comentó en privado un alto dirigente de la patronal.

Ahora, la Banca tiene la mosca detrás de la oreja y teme que el Banco de España recupere aquellas circulares plagadas de instrucciones, conocidas bucólicamente como “pastorales”, que con carácter ejecutivo enviaba a las entidades financieras allá por la década de los 70 y principios de los 80, con el fin de “instruir o guiar” a bancos y cajas sobre aspectos claves como impagados, provisiones, reservas… Las pastorales, más que instruir o guiar, obligaban e imponían. Esta puede ser la nueva forma de intervención sofisticada que podría sufrir la Banca.

Desde varias tribunas públicas y medios de comunicación –también en privado se reconoce, por ejemplo, en la patronal CEOE- se hace constar que hay malestar en las relaciones entre el sector financiero y la autoridad económica. Y no precisamente porque el sector “no eche una mano en desatascar la liquidez”, sino por asuntos de mayor calado. Siguen dando que hablar las recomendaciones del Banco de España sobre la necesidad de prudencia en la presentación de resultados (cuidado, que hay tres millones de parados y cierres por todas partes). Cuando el ministro o el Gobernador apuntan a que la Banca debe arrimar el hombro, se refieren a que hay que dar crédito sin poner el listón tan alto en la solvencia, precisamente en asumir ese riesgo es donde está el hombro.

La presentación de las cuentas de Banesto, la semana pasada, han sentado bien en el sector financiero, y también en el Banco de España. Significan los números de ese banco, la confirmación de que las cosas a la Banca española no le han salido mal, al contrario, el banco va como un Ferrari y los analistas interpretan que ha sorteado la crisis. Y aunque algunos de estos analistas (aduladores en exceso) califican de lujo la “machada” de su presidenta de provisionar 60 millones de euros, por si acaso vienen peor dadas, lo cierto es que no hay tal “machada” y las “Cuentas Previsionales” del banco, que ya se hacen en noviembre del año antes (es decir, en noviembre de 2008), identifican graves riesgos de impagos provenientes del inmobiliario. Porque Banesto tiene un peso importante (ahora para mal) en este sector. Da igual, en todo caso, con o sin esas provisiones, buenos resultados que son un soplo de aire fresco a un sector que está en el punto de mira, sólo por no hacerlo mal.

En el sector financiero se temen las intervenciones, en la forma que sea, da igual. Primero fueron las del otro lado del Atlántico; los problemas de los bancos amenazaban en EE UU la quiebra del sistema, eran gigantes, pero estaban muy lejos de Europa. Después, o a continuación, el virus llegó a Europa y se intervino a saco; Barclays, HSBC, Deutsche… La semana pasada se habló de intervenir todo el sector bancario en Andorra, cada día menos paraíso. Y en España se guardan con celo las actuaciones del Banco de España en cualquier asunto del sector.

BBVA, el 28 de enero, y Santander, el 5 de febrero, presentan cuentas

Nadie se debe extrañar que ministerio de Economía y Banco de España estén vigilantes, observen y esperen a que los dos grandes, y el resto de los medianos, pasen por el confesionario que supone la presentación de sus cuentas en público. BBVA será el primer grande en contar cómo le ha ido en 2008, lo hará el martes 28, con expectación, porque a los presidentes se les puede (y debe) preguntar por Madoff, por los dividendos, por el negocio en Latinoamérica y en Asia, y por qué no dan créditos. Todos esperan que no se vuelva a repetir la verdad a medias de Ana Patricia Botín (“porque no hay demanda” dijo) cuando lo que sucede es que no se fían ni de su sombra, además de que la demanda flaquea.

Después le toca al Santander, el 5 de febrero, que espera con cautela a comprobar cómo viene el patio para enseñar sus cartas. De Emilio Botín se puede esperar de todo (bueno, por supuesto) pero existe gran expectación por ver cómo va a justificar que no se alcance el objetivo declarado y reiterado por Alfredo Sainz, su consejero delegado, de 10.000 millones de beneficios. Es posible que confirme el dividendo para 2009 en la misma línea que el de 2008, pero hay gran interés por ver cómo responde a las preguntas sobre Madoff, Banif (Lehman) y otros asuntos espinosos que ha deparado al banco el ejercicio 2008. A estas alturas de la crisis, parece que no hay dudas sobre las dificultades (y sobre todo, la conveniencia) de que el primer banco español haga ostentación de beneficios, aunque el Banco de España haya fijado en un dígito, y no dos, la medida más prudente para los beneficios.

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