edición: 2935 , Viernes, 27 marzo 2020
18/03/2009
Observatorio Latinoamericano

La batalla del Golfo de México le acelera el cronómetro a PEMEX

Ana Zarzuela

Le adelantan todos los relojes: los propios, suenan en el tic tac de la deuda, una pérdida neta de 8.100 millones de dólares en 2009 y el estirón a sus inversiones; los ajenos le palpitan al son de la batalla por el crudo del Golfo, que Cuba y EE UU han empezado ya. Si Pemex no sacude pronto sus aguas, lo harán por ella, sobre todo en la franja transfronteriza del Campo de  Perdido. A la vista del declive de Cantarell- un 38% en el último semestre- y del suelo de su producción nacional -en el nivel más bajo desde 1995- PEMEX intenta acelerar el paso de sus ambiciones con la promesa de inversión de 16.899 millones de dólares en 2009 y la producción de 2,7 millones de barriles de crudo. Será sólo si consigue incorporar nuevos campos. Sus esperanzas operativas miran al Golfo de México y sus nuevos pozos; las de la financiación, al vecino del Norte y el mercado internacional, en el que espera refinanciar más de 10.500 millones de dólares en 2009; las estratégicas sólo tienen ojos para Perdido, en aguas. PEMEX necesita financiación. La puesta de largo de la reforma energética azteca ha llegado con el funeral de sus esperanzas para las aguas profundas y el Golfo de México con los estadounidenses como enterradores. Obama tiene más de una llave en sus manos: la de la redefinición de la línea divisoria de las explotaciones, la de las inversiones, la del despegue de la carrera cubana por el crudo del Golfo y la del consumo: PEMEX vendió un 22% más a EE UU que en 2007 y busca colarse por las grietas del crudo venezolano para recuperar- con permiso de Petrobras- sus galones de segundo exportador tras Canadá.

PEMEX busca socios y financiación. Y urgente. Crisis -jura su presidente Reyes Heroles- no habrá, pero tampoco dinero suficiente para su coloso petrolero, que pide acuerdos a las puertas de Obama y ha tenido que soltar el lastre donde más le duele y renunciar a la explotación a corto plazo del yacimiento transfronterizo de Perdido. Sus grietas son una invitación para las multinacionales: hay más de 30 licitaciones en marcha y el gobierno comienza a reconocer que se quedó corto y estudia mover las líneas rojas de la participación privada en los proyectos de Petróleos de México. La reforma de octubre da más autonomía operativa a Pemex, reduce sus impuestos y le permite contratar empresas privadas -nacionales y extranjeras- en procesos que van desde la construcción y la operación de refinerías, a la de ductos, hasta la perforación de pozos, además de acompañarla -sobre todo, en la industria secundaria o auxiliar- en servicios corporativos asociados, o en el ámbito financiero. Con Repsol en cabeza -gracias a una tradición de contratos conjuntos, el antecedente de la Cuenca de Burgos y un 4,9% de su accionariado- y Petrobrás arañando posiciones, las multinacionales aguardan ya, llamadas a comer en el pastel energético. Statoil Hydro, Chevron, Nexen, Shell, Exxon Mobil, Maersk y British Petroleum, con los que México tiene convenios de colaboración, guardan sitio para la  licitación de la nueva refinería que se disputan Oaxaca y Verazcruz. Ya hace meses que aprietan su lobby, pero a la vista del fracaso en la macro-refinería centroamericana -un ambicioso proyecto de 7.000 millones que quedó huérfano de licitantes- no todos están dispuestos a seguir un viaje azteca en el que no habrá acceso directo a reservas.

LA BATALLA CON WASHINGTON

PEMEX está abocada a zambullirse en unas aguas en las que se ha destapado la guerra del petróleo, en las que sabe que otros llegarán antes a Perdido. El caramelo de las concesiones de Petróleos de México amarga aún a las grandes petroleras, que sólo tienen ojos para otras latitudes del Golfo, en las que sumar además reservas y se conforman con la repesca de los servicios y la venta de equipos al gigante mexicano, un mercado de 30.000 millones de dólares. Sólo Noruega apunta, hasta ahora, a romper la baraja del desinterés de los contratos por incentivos. StatoilHydro le pisa los talones a Pemex: recibe de sus manos contratos de servicios, pero no oculta que lo que busca son las los yacimientos transfronterizos que México comparte con Estados Unidos. Ahora que Barack Obama ha vuelto a estrechar las puertas a la perforación en costa para los suyos, la batalla por el oro negro del Golfo se destapa. México y los EEUU han logrado acuerdos en lo referente a la delimitación de la región occidental del Golfo, donde se encuentra ubicado el polígono occidental del Hoyo de la Dona, dos yacimientos con forma de polígonos: el occidental enfrente de las costas del mexicano estado de Tamaulipas y del estadounidense estado de Texas y el oriental que se encuentra entre la península de Yucatán y las costas de Nueva Orleáns, con una porción bajo el mar territorial de la República de Cuba. De sus 17.900 kilómetros cuadrados, México logró reconocimiento de su soberanía sobre un 61.78% del espacio  -10.629 kilómetros cuadrados- mientras que los EEUU obtuvieron el 38.22% -7.371 kilómetros cuadrados-, pero la delimitación, que llevaba años de disputas y negociaciones, fue objeto en el año 2000, durante los gobiernos de George W. Bush y Vicente Fox, de una moratoria en las negociaciones hasta el 2008. Hace unos meses se logró un acuerdo rápido y sumario que espera su consumación o su recambio bajo la mano de Obama.

PEMEX se aferra al horizonte de los descubrimientos, pero no son sólo los cuatro pozos de crudo –Tsimin1, Xanab-DL1, Yacxche y Tecocalli 1- y el de gas desvelados en el último trimestre los que apuntan al Golfo de México. Sólo en los últimos tres meses, PEMEX ha adquirido información sísmica bidimensional n 5.315 km y tridimensional en 4276 kilómetros cuadrados, la mayoría para intentar acelerar el pulso en el Proyecto de Perdido. PEMEX se ocupa hoy de ocho pozos en aguas profundas del Golfo, pero no serán productivos al menos hasta 2012. El bautismo de oro de su nuevo ‘niño bonito’, Chicontepec -asentado en una región donde se ubica el 39% de las reservas del país- ha llegado con la concesión  de un contrato de 600 millones de dólares a un consorcio mexicano para la perforación y terminación de 500 pozos hasta 2012. Pero las pretensiones de hacer de Chicontepec la fuente de 700.000 barriles diarios pasan por la perforación de 15.000 pozos en 15 años- cuando hasta ahora el techo era 675 por año- y el antecedente de Halliburton -que tuvo hasta ahora la concesión- marca las líneas rojas de sus expectativas.

UN MAPA EN MOVIMIENTO

PEMEX juega sus dados en el espejo de sus vecinas del norte y en las expectativas de los aliados cubanos. Pero el cristal le devuelve la imagen de las impotencias de su ‘hidalgo añejo’ petrolero. Sus dedos no tocarán el crudo antes de 2015 en el campo de Perdido, el que el presidente Calderón hizo ondear como enseña del orgullo patrio y como justificación para la reforma energética. El Palacio de los Pinos no quiere perder el paso con Shell y Stone Energy, que esperan completar el proyecto de Perdido en el Golfo de México en 2010 -concesionarias de los campos Trident y Hammerhead del lado estadounidense y que forman parte de la misma estructura que México comparte en esa región limítrofe-. Y de Chevron, que obtendrá desde este mismo año más de 130.000 barriles diarios. Pero la mexicana tendrá que conformarse con mover ficha en otras aguas, en el Golfo de México Sur, donde promete elaborar 17 estudios exploratorios y poner en marcha cuatro pozos antes de 2011 y en Campeche poniente, donde espera perforar otros 19 pozos, a pesar de que los analistas le advierten que, a la vista de su experiencia en los últimos años, sus posibilidades de éxito son menores a un 33%.

Todos los astros del ‘ahora o nunca’ de la energía cubana se alinearán este semestre, la fecha prevista para que comiencen -en manos de las multinacionales asociadas- la explotación de gas y petróleo en aguas profundas, tan cerca de la costa estadounidense como para que retumben los cimientos de la política cubana de la Casa Blanca. Para empezar, serán los yacimientos a 20 millas de la costa, -los que explota Repsol en colaboración con Norks-Hydro (Noruega) y ONGC (India)- los que prometen emanar buenas nuevas. Pero en Washington saben que el rastro de los anuncios de Brufau será sólo el principio: la actividad en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) se multiplicará  si las otras seis compañías que han firmado convenios con la estatal CUPET siguen los pasos de la española, como se plantean ya formalmente para 2010. Sobre todo cuando Petrobrás -con el contrato en ristre desde hace semanas- se zambulla en las aguas de la ZEE. Castro juega sus dados energéticos en el espejo de sus vecinas del norte. La diplomacia cubana no está por abrir la puerta del Golfo a EE UU, pero no quieren acabar como PEMEX. El Golfo de México promete ser el catalizador de las tentaciones y las relaciones. Aunque el Servicio Geológico de EE UU reduce de 20.000 (la cifra cubana) a 5.000 millones de barriles las reservas cubanas en costas afuera, las exploraciones a escasas millas de Cayo Hueso harán retumbar  la moratoria que impide realizar perforaciones en los límites marítimos de la Florida al menos hasta el 2010. Ya pusieron en cuestión las líneas rojas del embargo desde la Cámara de Comercio estadounidense a la Fundación Nacional Cubano-americana, encuba Study Group y el Consejo Nacional del Comercio Estadounidense.

ZOZOBRAS DE HIDALGO ENERGÉTICO

PEMEX comparte la maldición de las paraestatales americanas con Petrobrás. La de las reservas inalcanzables en el fondo del mar, la de la caza de inversores. Y la del ‘efecto Repsol’, ahora que ni los precios del crudo, ni los seísmos del sector invitan a las aventuras. La buena noticia es que hay petróleo; la mala es que la mayoría está a más de 9.000 metros de profundidad. Pero si para la carioca todos los caminos conducen a las arcas privadas, para los aztecas, el único horizonte sigue mirando al Palacio de los Pinos. Cantarell, hasta ahora la niña bonita de sus sueños petroleros, tendrá una derrama en contratos de servicios de más de 20.000 millones de dólares en la próxima década. Sólo la merma de su producción hará dispararse los costos de producción del conjunto de las actividades de PEMEX un 350% en el próximo año.

Al hidalgo añejo de los petróleos aztecas le ahoga la bandera de la ‘mexicanidad’. El lastre de la deuda -43.481 millones de dólares- , el peso de las pretensiones de un gigante que sigue cargando a sus espaldas con el 40% del PIB, las olas del sector y el efecto cambiario de una empresa que opera en divisas anclan a PEMEX sobre todo en las aguas profundas. A su ‘capitán’, Reyes Heroles, le cimbrea el timón,  ni siquiera su travesía es segura ahora que el nuevo Consejo de Administración de la paraestatal promete desembarcar con su dimisión en ristre. Sólo cuenta con sembrar prudencia, cruzar los dedos y dejar pasar el tiempo para que el mercado crediticio olvide sus miserias y el humo que alertaba, incluso, del ahogo de sus en futuros. A la vista de que ni las multinacionales ni el crédito internacional llegan  -al menos con la fuerza prevista- allá donde el Estado ya no alcanza, el gobierno acelera. Hay prisas, México no quiere que el tsunami de la crisis- llamado a estallar con fuerza en el segundo semestre- le embarre aún más el desfile petrolero. Cura su cojera apretando el paso. Ha estrenado 2009 con una avalancha de licitaciones y promete sacar adelante la nueva refinería en la mitad de tiempo. La huida hacia adelante ha comenzado ya a darle cuerda a toda velocidad a la colocación de bonos de deuda, de la emisión de bonos ciudadanos, de la contratación de mayor deuda y del presupuesto anual.

Repsol estaba lista para la ‘ranchera’ a la mesa de PEMEX. Brufau está en condiciones de hacer valer su buena sintonía con Jesús Reyes Heroles y con el propio presidente Felipe Calderón, que, mucho antes de llegar al Palacio de los Pinos, cuando llevaba las riendas de la Secretaría de Estado de Energía, no dudó en estrechar los lazos comerciales con Repsol y asignarle contratos con Petróleos de México en 2003, una sintonía que ha permitido consumar la firma de un contrato con la Comisión Federal de Electricidad para la compra a Repsol de gas por 26.000 millones de dólares -el que la española transporta desde los yacimientos peruanos de Camisea-, que le aportará beneficios de 18.000 millones de dólares. A las filas de Brufau la reforma de Petróleos de México les permite, en teoría, amortizar sus ganas de seguir en la región, la experiencia en aguas profundas, su presencia en el Golfo de México, su fortaleza en refinerías internacionales y el lazo accionarial y de operación con la mexicana. Pero todas las ecuaciones, que en Brasilia y en México pasaban por la hispano-argentina, tendrán que esperar. Antonio Brufau frena los caballos. Dimitri Medvedev y Gazprom lo saben: si Petrobras y su paso atrás dejaron este trimestre más sitio a los alfiles de Brufau en Cuba, México y Brasil, ahora Moscú desembarca por las grietas de Lula: no es casualidad que la nueva sede de Gazprom para el continente acabe de abrir sus puertas en Brasilia; ni que por primera vez sellara acuerdos de prospección con la rusa. Las puertas entreabiertas de la colaboración con Pemex son la siguiente parada.

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