edición: 2310 , Lunes, 25 septiembre 2017
06/02/2013
La Comisión de Economía del Parlamento Europeo rechaza aspectos de la regulación de los mercados

La Bolsa de Singapur negocia con LSE y London Clearing House una participación en la entidad de contrapartida

Carlos Schwartz

La propietaria de la Bolsa de Singapur (SGX) negocia con la Bolsa de Londres, London Stock Exchange (LSE) y London Clearing House (LCH.Clearnet) tomar una participación en la entidad central de contrapartida con intereses en varios continentes. Las fuentes de medios financieros señalan que SGX puede tomar una participación independiente, o integrarse en el proceso de entrada de LSE en el capital de LCH. La oferta de LSE para adquirir el 60% del capital de LCH hecha en abril del año pasado se ha modificado significativamente tras anunciarse que los requisitos de capital para las ECC serían modificados en la nueva legislación europea a propuesta de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) y la Autoridad Europea de Mercados y Valores (ESMA). La nueva regulación propuesta, sujeta a la aprobación del Parlamento Europeo, supone un fuerte incremento del capital de LCH, lo cual determinó que LSE redujera su oferta por LCH en más de 100 millones de euros de 463 millones a 340 millones de euros.

Fuentes de medios financieros señalan que la entrada de un tercer accionista de referencia permitiría enfrentar los nuevos requisitos de capital de forma más holgada. SGX vio el año pasado frustrado su intento por fusionarse con la Bolsa de Australia (ASX), tras la cerrada oposición de los reguladores de ese país que han extremado el celo proteccionista.

Mientras, en la noche del lunes la Comisión de Economía y Asuntos Monetarios del Parlamento Europeo tras dos horas de debate decidió rechazar algunos aspectos de la propuesta de la Directiva que debe establecer entre otras cosas los requisitos de capital y el valor de las garantías para la compensación de operaciones de derivados. La resistencia de algunos parlamentarios a aprobar el texto propuesto por el “triálogo” se debe a que las normas que afectan a las empresas no financieras que cubren sus riesgos con operaciones de derivados son “poco elásticas” y exigen a estas empresas un nivel de garantías que les impediría cubrir riesgos como el precio de los combustibles en el caso de las líneas aéreas y empresas generadoras de energía.

El jueves siete de febrero el Parlamento debe votar la propuesta de devolución del proyecto de Directiva a la ESMA lo que paralizaría la implementación de las medidas previstas para favorecer que una parte significativa de las operaciones over the counter (OTC) en derivados e instrumentos financieros pasen por las entidades centrales de contrapartida (ECC). El rechazo de la norma supondrá un retraso considerable al proceso de adopción de las nuevas normas. Este paquete ha sido negociado entre la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo, proceso que se deberá rehacer si se rechaza ahora la propuesta. Europa lleva retraso en este tema frente a Estados Unidos que ha incorporado buena parte de las normas que rigen las ECC a la ley Dodd-Frank. Esto no quita que la inminencia de estas normas crean nuevas incógnitas. La necesidad de utilizar títulos de la mejor calidad para garantizar las operaciones a través de las ECC amenaza con drenar una parte considerable de los activos disponibles como aval de las operaciones en derivados.

Existe una verdadera incertidumbre en torno a las consecuencias de la entrada en vigor de estas normas que se proponen canalizar las operaciones de derivados a través de los mercados organizados. Una de estas incertidumbre tienen que ver con el volumen nominal de las transacciones que se aproximan a los 700 billones de dólares. Este volumen de acuerdo con las asociaciones de operadores en derivados y el FMI puede implicar disponer de hasta 10 billones de dólares en activos activos para garantizarlas. El FMI, más conservador, ha estimado la cifra en 2 billones. Pero en cualquier caso el orden de magnitud no se discute. Pero a pesar de estas preocupaciones, que no son menores, las sociedades propietarias de bolsas aspiran a capturar el negocio que esta nueva regulación va a generar para las ECC que quedarán interpuestas entre las dos partes de cada operación de derivados asumiendo el riesgo de contrapartida. Este ha sido el motivo por el cual el LSE tras muchas dudas se lanzó tras LCH en abril del pasado año.

Hace pocos meses otro mercado asiático puso su pie en Londres cuando la Bolsa de Hong Kong adquirió el centenario Mercado de Metales de Londres (LME, por sus siglas en inglés). El puente que han comenzado a establecer pone de relieve que los mercados de Asia están dispuestos a entrar en la fase de consolidación que se ha abierto desde hace tres años. En la medida que sus propuestas chocan con obstáculos en su región de influencia miran hacia los mercados con los cuales hay lazos históricos y oportunidades claras de negocio. Tanto Hong Kong como Singapur tienen una legislación mercantil copiada de la británica y tienen una tradición sumamente próxima. No en vano han sido territorios coloniales británicos en su época de esplendor. Ahora la vuelta es en búsqueda de negocio.

No parece que la incertidumbre que puede reinar a partir del jueves sobre los requisitos de capital que en definitiva deberán tener las ECC vaya a afectar a los procesos de consolidación. A lo sumo retrasará la puesta en marcha de la contratación y compensación de las operaciones de derivados, aunque puede que ni eso.

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