edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
12/05/2017
Pulso entre grandes bloques

La bonanza de la coyuntura impide ver las debilidades económicas de Europa

Los resultados a corto (los árboles) impiden ver con claridad el problema; el pulso comercial entre China y EE UU (el bosque)
Juan José González
Dominan y se imponen los movimientos del corto plazo. Siguen las bolsas marcando el ritmo económico, en niveles máximos de los últimos meses -año y medio para ser más exactos- con el Ibex 35 y varios indicadores norteamericanos respirando el mejor ambiente económico y empresarial, confirmando un nuevo ciclo expansivo. El buen clima se deja notar en los resultados empresariales, dominados por la recuperación de beneficios y algunas nuevas promesas en el reparto de dividendos. El ritmo, sin embargo, no es únicamente de origen autóctono, sino que se emite desde EE UU, desde la Reserva federal. Ritmo de tipos y diapasón económico adelantado, como se sabe, por los responsables de la Fed y cuyo eco acaba llegando a Europa con cierto retraso. En cualquier caso, mejoran los mercados, también las empresas y, por supuesto, se disparan las previsiones anuales, quizá en exceso para algún sector de actividad en busca de valoraciones más positivas de cara a posibles operaciones corporativas. Sucede todo esto mientras pasa inadvertido el pulso que mantienen los dos grandes bloques del mundo por la supremacía económica y comercial. Con Europa al margen, en un segundo plano.
El movimiento de los tres actores de la escena mundial actual; EE UU, China y Europa, se asemeja al de dos contrincantes que mantienen un rudo pulso sobre la mesa con un invitado que observa, al margen, la explosión de fuerza contenida de ambos luchadores. Compiten por la supremacía mundial económica y comercial, con cartas que acreditan una óptima expansión de sus economías, aceptables tasas de empleo, balanza comercial, deuda y déficit, en principio muy favorables para la participación de los inversores. Las bolsas mundiales asisten, a modo de registradoras, a la retransmisión en directo del pulso de los dos bloques, EE UU y China, mientras Europa, en segundo plano, parece conformarse con el papel de observadora pasiva.

Pero la batuta que marca los tiempos de ese pulso entre los dos bloques económicos, está ahora, más que nunca, en manos de la Fed y en su política monetaria que plantea nuevas dudas sobre la continuidad de las subidas graduales, al entender una parte de los miembros del organismo norteamericano que la prolongación de tipos tan bajos sólo puede traer problemas. En todo caso, será obligado esperar hasta junio para comprobar si la Fed mueve ficha en su política monetaria y que en este caso se enmarca más en una estrategia de largo plazo que coyuntural (de corto plazo).

En esta estrategia de corto es donde se sitúan los bancos centrales de Europa y de Japón. El Banco Central Europeo pergeña algunos matices a su política monetaria aunque respira -mientras pueda- tras el triunfo del francés Macron. Y al Banco Central de Suecia le parece prematuro revisar ahora al alza el precio del dinero entre tanta volatilidad e incertidumbre mundial. Por su parte, el Banco Central de Japón no piensa hacer cambios porque sus medidas para animar la inflación parecen estar dando sus frutos.

Por su parte, las empresas norteamericanas  y las europeas cotizan buenas expectativas, todas al alza tras haber mejorado cerca del 65% de las cotizadas las previsiones de resultados, lo que se sin duda se reflejará en los próximos meses en nuevos avances de los mercados de renta variable.

Y mientras EE UU y China se disputan el espacio económico mundial, Europa parece inmersa en una reflexión existencial, calibrando las respuestas a las amenazas populistas en un intento de salvaguardar la vida de la moneda común. Sucede la reflexión y la vigilancia en momentos de expansión moderada de las economías del continente, si bien parece que la Unión Europea esté necesitada de un nuevo empuje que refuerce sus posiciones en los mercados -internos y externos- para no quedar fuera de la resultante del pulso que mantienen los dos colosos económicos, EE UU y China. Y para lo que, sin duda, deberá modificar su flexible política monetaria actual. Si no, es probable que pierda el tren y se quede al margen de la primera fila en la esfera económica mundial. De ahí que sea imprescindible levantar la mirada fijada en la coyuntura y mirar al medio y largo plazo.

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