edición: 2388 , Viernes, 19 enero 2018
22/05/2017

La caja acumulada fuera por las 10 principales empresas digitales estadounidenses espera una rebaja impositiva

Mientras el sector apuesta a una reforma que baje el tipo del 35%, el poder de fuego aumenta la brecha
Carlos Schwartz
“La batalla en el seno del propio Partido Republicano sobre una rebaja del tipo fiscal del impuesto de sociedades mantiene en el limbo el objetivo de la Administración presidida por Donald Trump que pretende rebajar de forma significativa la fiscalidad. Las empresas mantienen sus excedentes de explotación y beneficios retenidos en el exterior a la espera de que esa rebaja les suponga un beneficio extraordinaria tras años de acumular el dinero generado en el exterior”, señala un analista de inversiones especializado en las grandes del sector digital. De acuerdo con esta fuente, las 10 empresas más grandes del sector tienen una tesorería de 545.000 millones dando vueltas por el mundo. Pero casi la mitad de esa cantidad está en manos de una sola empresa: Apple. Esta tesorería ha alentado la especulación en los mercados sobre las potenciales adquisiciones que se estarían gestando a expensas de esa riqueza. La posibilidad de que Apple adquiera Netflix o Disney ha dado la vuelta por el parqué de los principales mercados de acciones alentada no por la información veraz sino por la simple especulación de los operadores que han ideado esos “matrimonios perfectos”
La semana pasada la evidencia de que el plan de repatriación de los caudales exteriores era más que dudoso provocó una fuerte corrección en el NASDAQ en el que cotizan las tecnológicas con una caída del 1,05% de su índice y Apple recibió una bofetada del 3,4% castigo que no es ajeno al nivel de recursos que la empresa tiene acumulados fuera de las fronteras de su país. El poder de fuego de las empresas del sector es muy grande. Y pone de relieve que lo que ha dado en llamarse la Economía de los Datos se focaliza en un grupo muy reducido de empresas que manifiestan en su conducta que un sector librado a su desarrollo de forma independiente tiende a la formación de grupos económicos monopólicos.

La multa aplicada la semana pasada por la Comisaría de la Competencia de la Unión Europea (UE) a Facebook con motivo de sus mentiras en el momento de adquirir WhatsApp es expresión de este fenómeno. No la mentira en sí, sino más bien una estrategia de crecimiento que no repara en sortear obstáculos de la manera más rápida y menos onerosa posible aunque ello suponga faltar a la verdad. Con motivo de la formación de la nueva Comisión Europea pos Durao Barroso los comisarios que tienen a su cargo la Sociedad de la Información y el Mercado Único digital se han esforzado en “despertar” al sector digital europeo llamándolo a acelerar su desarrollo.

El discurso oficial de la UE es que la batalla por las grandes plataformas de Internet está perdida por parte de las empresas europeas que han llegado tarde. Ya están al frente de los principales sectores Facebook en materia de redes sociales, Amazon en materia de ventas on line y distribución, Google de Alphabet con los motores de búsqueda y su inmensa capacidad de orientar las compras por Internet, Apple los terminales telefónicos y los ordenadores, y Microsoft el software y los datos en la nube. Este grupo representa a las empresas más capitalizadas del mundo, un lugar reservado en el siglo pasado a las petroleras, y pone de relieve el valor que implican los datos.

Pero el crecimiento imparable de esas empresas supone una creciente capacidad de acumular más datos nuevos a cada empuje, lo que determina que la mera dimensión generada por una clientela siempre en aumento sirva de elemento multiplicador del volumen de datos del que disponen. Esto es la base del denominado Big Data, a su turno motor para la expansión del almacenamiento y tratamiento de datos en la Nube Digital, y bautizada como “Novísima Economía” por el economista Juan Urrutia.

“Así que la abundancia de datos, aunque no de sus elaboraciones, planteará, sin duda alguna, problemas en la competencia entre los generadores de datos que no puedan tratarlos ellos mismos. En esta economía no topamos con la posibilidad, existente en la economía dot com, de que una pequeña start up pueda dejar obsoleta a una empresa grande por su carácter puesto que la innovación está en la generación de algoritmos inteligentes y estos son tanto más inteligentes cuantos más datos traten”, afirma Urrutia. Es decir que por definición el desarrollo del mercado digital excluye en el Big Data a los pequeños innovadores.

Pese a todo su cacareo la Comisión Europea no ha sido capaz hasta ahora de dar un impulso coherente al desarrollo de las plataformas en las que se supone que aun no hay un dominio expreso del capital estadounidense, como pueden ser las plataformas digitales industriales a gran escala. Alcanzar objetivos como este no puede ser fruto de un discurso vacío, limitado a las invocaciones frente al tiempo perdido, como el de la CE. Requiere muy por el contrario el desarrollo pragmático de una política tecnológica adecuada que una UE en proceso de descomposición no parece capaz de instrumentar.

Esta realidad se ve reforzada por el hecho que las grandes tecnológicas han sabido capitalizar su escala y continúan ampliando la brecha con las pequeñas y medianas del sector. Es precisamente el ininterrumpido incremento de esa escala el multiplicador que las aleja del resto del pelotón y la masa de capital necesaria para colocarse a su altura no es accesible a los competidores más pequeños. Visto desde este ángulo poco importa que las grandes tecnológicas tengan en la mira adquisiciones. Más bien parecería que no es el caso en el horizonte actual. El año pasado Microsoft adquirió en 26.000 millones de dólares Linkedin.

Pero el efecto de esa compra no será visible hasta dentro de bastante tiempo. Entretanto, lo que crece de forma significativa en Microsoft es su actividad comercial en el tratamiento y almacenamiento de datos en la Nube, y Linkedin no forma parte de este proyecto. Por su parte Google y Amazon parecen evitar las adquisiciones. Si el Big Data es el sistema nervioso de la Nueva Economía, no parece que Europa vaya a jugar en esa división.

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