edición: 2363 , Miércoles, 13 diciembre 2017
15/10/2009
Hartos de su indecisión

La carrera del libro digital despega en España sin contar con el Gobierno

El sector editorial se lanzará a la producción propia para evitar el monopolio de lectores como Kindle o contenidos como Googlebooks y no dejar sitio a la ‘piratería’
Ni la Ley de Propiedad Intelectual y las desventajas fiscales, ni el plan aún por ultimar por Cultura y las indefiniciones de la regulación comunitaria paralizarán la oleada
Ana Zarzuela

Quiere llegar al mercado español con su lector de libros y prensa electrónica, nada especial, sólo parte de su salto internacional, ahora que desde el 19 de octubre Amazon celebra el segundo año de vida de su lector Kindle abriéndolo a un centenar de países. Será con un modelo cerrado, con pocos libros en español y sin wifi, pero el ‘efecto Kindle’ destapa formalmente la carrera del e-book en el mercado español, aunque sea como revulsivo. Ni los recelos de Sinde, ni el impasse de Bruselas -aún sin modelo definido- ni la distancia española al Google books retrasan más el despegue de los contenidos editoriales digitales con apellidos propios. Ni la inseguridad  jurídica -sin ley de propiedad intelectual adaptada- ni las desventajas fiscales -con un IVA cuatro veces más caro que los libros en papel- ni las obligaciones de certificados digitales e identificación de tarjetas SIM y la indefinición de un mercado aún por modelar invitan a espantar los fantasmas de las editoriales, los libreros, los agentes o los autores, a invertir en la digitalización de libros, o a firmar acuerdos de cesión de derechos.

Pero el sector editorial español descuenta que, si no hay una oferta razonable y a buen precio, dejarán sitio al barco “pirata” de los contenidos digitales. Los cronómetros se aprietan hasta diciembre, será la hora de la verdad. Ya hay Ya existen 300.000 obras en español de dominio público en Internet; cuatro grandes plataformas de distribución calientan motores -una agrupa a las tres mayores editoriales-y más de 10.000 e-books españoles estarán accesibles antes de mayo. No esperarán a que Moncloa defina sus nuevos planes digitales.

Nadie espera que el libro digital desplace al papel, no al menos en los próximos veinte años, como mucho otean un 2% para el conjunto del mercado digital y 10.000 lectores en el primer trimestre de 2010. Incluso en EEUU, su mercado puntero, el libro más vendido en formato digital ha sido el último de Dan Brown: 60.000 del primer millón de ejemplares, sólo un 6%. En Estados Unidos, Forrester calcula que se venderán este año unos 3 millones de lectores y los editores americanos aseguran que los títulos digitales representan aún sólo el 1,6% de los libros vendidos en la primera mitad de año, apenas un 0,6% de las ventas totales en Inglaterra. De hecho, como recuerda la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), desde hace 15 años, el 10,5% de la facturación de la industria del libro ya se hace en un soporte distinto al papel -un porcentaje que alcanza el 70% en el sector de las editoriales jurídicas-. Justamente los sectores académico, científico y técnico serán los graneros más efectivos para los e-books, al menos al principio.

Pero los estudios de la Feria de Frankfurt y las previsiones que Líber hizo públicas descuentan que en dos años un 25% del negocio será digital y ni los editores, ni los autores y sus agentes, ni la industria tecnológica quieren quedarse sin sitio en el barco del e-book cuando zarpe formalmente en España. Menos aún que el efecto del P2P y del streaming se ‘contagie’ desde la música y el vídeo y traspase a la industria de contenidos editoriales. Miran de reojo a la expansión del P2P y el streaming en la industria audiovisual y nadie quiere quedarse sin sitio en un barco aún por definir, que tendrá que nadar además en aguas regulatorias aún indeterminadas. Prefieren tener la iniciativa antes de que otros la tengan por ellos, aún a costa de dejar en fuera de juego a las incertidumbres y las sombras regulatorias del mercado español. Haberlas, haylas. No esperarán por Moncloa, pero no es Jesús Badenes, director general de la división de librerías del Grupo Planeta, el único que ha pedido  la intervención de los gobiernos de la UE "para evitar el control monopólico de los buscadores, o de Kindle, el lector de Amazon". No es sólo la FGEE la que denuncia que en España la ley de propiedad intelectual aún no se ha adaptado a la digitalización de contenidos; que en el ámbito fiscal, el libro electrónico no tributa como libro (4% de IVA), sino como prestación de un servicio (18%) y que se enfrentan a la necesidad de creación de un certificado digital que impida la reproducción fraudulenta y a la obligación de que todas las SIM móviles deben estar identificadas, lo que condiciona el 3G. Ni la inseguridad  jurídica, ni las desventajas fiscales, ni la indefinición de un mercado aún por modelar invitan a espantar los fantasmas de las editoriales, los libreros, o los agentes y los autores, a invertir en la digitalización de libros, o a firmar acuerdos de cesión de derechos. Pero el sector editorial español descuenta que, si no hay una oferta razonable y a buen precio, dejarán sitio al barco “pirata” de los e-books. 

La transición española de los contenidos en soportes físicos a digitales ya se ha acelerado: según el II Informe de Contenidos Digitales de ASIMELEC, el mercado digital cerró 2008 con un crecimiento superior al 12%, pero "la industria española de música no logra rentabilizar el aumento de la demanda y el consumo", por lo que irrumpirán nuevos modelos de negocio basados en la suscripción tanto para descarga de música como para streaming. Para compensar las carencias, la FGEE ha puesto en marcha, junto a la Biblioteca Nacional, el programa Enclave, con el que los editores podrán hacer más visible su catálogo, y que a partir del 30 de noviembre dará acceso a 1.350 obras digitalizadas sujetas a derechos de autor.

EL REVULSIVO DEL KINDLE

En el mercado ibérico, Kindle desembarcará a un precio final no inferior a los 235 euros, pero sobre todo, sin acuerdo con operadoras locales de telefonía, con la única catapulta de AT&T (sólo se puede leer con conexión 3G, aunque eso no penalizará a los lectores) y con ofertas muy reducidas en español. Kindle no cree en el ‘Made in Spain’: de sus casi 300.000 títulos, apenas hay libros electrónicos en castellano. No deja de ser un sistema cerrado -sólo para los libros de Amazon- y sin apenas best-sellers. Pero el ‘efecto Kindle’-que permitirá a sus clientes buscar un libro y descargarlo de forma inalámbrica en menos de 60 segundos y suscripciones a 85 medios de todo el globo- destapa formalmente la carrera del e-book en el mercado español, aunque sea como revulsivo. Los e-readers serán un producto estrella en Navidades: Grammata confía en vender este año 50.000 unidades del Papyre (más del doble de lo previsto), y alcanzar las 100.000 durante 2010 y los distribuidores del lector COOL-ER calculan unas 20.000 unidades este año. Más aún cuando bajen los lectores de los 200 euros. Sony, que no vende aún sus lectores de modelo abierto en España, ha anunciado un modelo de 199 dólares para diciembre.

Ya existen unas 300.000 obras en español de dominio público en Internet y, además, se pueden comprar libros electrónicos en webs como Leer-e, Luarna, El Corte Inglés, Todoebook, Grammata y Harlequin. En este Líber se presentó la nueva web de Leer-e, empresa de dispositivos y libros de tinta electrónica que ya distribuye hasta 2.000 títulos a través de su web, pero la oferta de ‘e-books’ se disparará en diciembre:  los agentes literarios han llegado a preacuerdos para empezar a ceder los derechos de sus autores en versión digital; la primera gran plataforma de distribución, 36L, lanzará la primera semana de diciembre, en su propia web y en las grandes librerías on line, un millar de títulos –de editoriales medianas y grandes– y tres grandes grupos editoriales (Planeta, Random House y Santillana) fijan el mes de mayo para lanzar una plataforma de distribución. Actuará como las actuales distribuidoras del libro de papel o como la central de reservas Amadeus: pondrá los servidores y gestionará las descargas y los pagos entre el editor y la web del librero. Para el lector, el punto de venta serán las webs de las librerías ya existentes. Arrancarán ofreciendo 6.000 títulos de sus editoriales y de las que cuenten con ellos como canal de distribución. Siguen abiertos a nuevos socios, con Anaya en cabeza. Las tres plataformas tendrán competencia como mínimo de una tercera, el proyecto ultimado por Edhasa y su participada Castalia, a partir de su distribuidora, Melisa, que se ha unido con Softline, empresa de software, especializada en el sector y apunta a alcanzar los 200 títulos y estar operativa antes del primer trimestre de 2010 con su plataforma, Zona e-books. Y grupos (como Urano, Edicat) aspiran a crear otros proyectos independientes.

MONCLOA SE LO PIENSA AÚN

El ‘asustante’ de la Ministra Ángeles González- Sinde -su adjetivo para los libros en la red- aún resuena en la industria editorial española y la ha apartado hasta ahora del futuro del libro digital. Cultura no quiere ahondar en esa herida. No ha tenido entrada a la primera de las reuniones que gastarán un replanteamiento de defensa de los derechos de autor y las políticas de la Administración del Estado hacia la digitalización y comercialización del libro electrónico. Y, si el criterio de la experiencia puede evitarlo, ya no hará falta que asista a las siguientes, ni que ponga mucho más que la firma de beneplácito en el informe que publicará Cultura antes de Navidad sobre el futuro del libro electrónico en el mercado español. Es la propia comisaria europea Vivianne Reding la que pone los cronómetros de un nuevo horizonte y advierte, con la vista puesta en el mercado español, que no puede ponerle puertas al campo de la digitalización y la industria de los ebooks. Las riendas las llevará la Dirección General del Libro y la Biblioteca Nacional que –de espaldas a la ignorancia de la ministra- ha hecho de la digitalización y acceso online de sus fondos una de sus banderas.

Las editoriales especializadas han comenzado a tender la mano al Ministerio, con la vista puesta en Bruselas, por detrás de las espaldas de Sinde. Quieren una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, todo con tal de no repetir la demonización de las descargas en internet, pero tampoco las zozobras de su mercado. Saben que los recelos oficiales, la orfandad de oferta digital real sería el mejor jardín para la piratería y que la oferta también jugará un papel clave en la consolidación de un mercado que ya ha incrementado su volumen de negocio en un 134% en apenas un año en EEUU. Intentan volver la cara de Moncloa a los muros de Goooglebooks -con una ventaja sobre ellos de 10 millones de ejemplares en 400 lenguas- y su acuerdo con los editores y escritores norteamericanos.

Sinde mira al entusiasmo de la Comisaria Europea para la Sociedad de la Información, Viviane Reding, que a pesar de apadrinar Europeana -el proyecto de digitalización europeo- no esconde su impulso hacia las carreras como la de Google Books y avala la creación de un registro universal de obras, que  regularía el reparto a todo el mundo del dinero que generen las futuras ventas online, lejos de la batalla e-book entre los formatos y los soportes portátiles -e-Reader Kindle, Epub, o el español Papyre, etc- . La comisaria de la Unión Europea para el Mercado Interior, Charlie McCreevy cree que ya es hora de que Europa tenga un nuevo marco legal sobre libros digitales y derechos de autor. Y se dispone a cocinarlo mano a mano con Reding. Sinde otea de lejos a los recelos de Berlín frente a la digitalización comercial de libros. En España el Gobierno no sabe, no contesta, aunque el año pasado unas 200 editoriales de las cerca de 900 asociadas a su federación (FGRE) publicaron obras en formatos distintos al papel y más de 600 editores españoles han autorizado a CEDRO, entidad española de gestión de derechos de reproducción, a negociar en su nombre con Google.

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