edición: 2593 , Lunes, 12 noviembre 2018
25/02/2011
Informe del Massachusetts Institute of Technology

La cautela sigue siendo la consigna de las compañías a la hora de integrar la Responsabilidad Social

Beatriz Lorenzo

Ahondar en el concepto de Responsabilidad Social Corporativa es un requisito hoy en día ineludible para las compañías, sometidas al escrutinio cada vez más agudo de los grupos de interés. La RSC lleva décadas siendo abordada por las empresas con mayor o menor fortuna, desde unos tambaleantes inicios en los que era confundida o identificada con las labores filantrópicas hasta un actual enfoque mucho más coherente desde la óptica de la dirección corporativa, la sociología de las relaciones laborales o la comunicación y publicidad. Aún ahora, en un momento en que el concepto comienza a ampliar sus fronteras, existen todavía compañías que se resisten a integrar la RSC como herramienta de gestión, equiparándola más bien a modelos de gestión de riesgos y limitando la gestión responsable al cumplimiento normativo obligatorio para todas las corporaciones

Estos  “adoptantes cautelosos”, en la terminología del Segundo Estudio Anual de Sostenibilidad e Innovación Ejecutiva global presentado recientemente por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), todavía consideran la sostenibilidad como un tema “a abordar en el futuro”, mostrándose escépticos ante las nuevas tendencias.

CONEXIÓN ENTRE EMPRESAS Y SOCIEDAD

El documento del MIT detecta también otro tipo de empresas, las “embracers” que adoptan la Responsabilidad Social de un modo más coherente y comprometido, incluyéndola en su estrategia a largo plazo y estableciendo áreas específicas generalmente vinculadas a la alta dirección. Entre estas compañías despuntan aquellas pioneras que ya comienzan a abordar la Triple Bottom Line como herramienta, enlazando la rentabilidad de su negocio con las cuestiones sociales y ambientales.

El documento pone el acento en aspectos relevante, tales como el considerable aumento a nivel global en la inversión en RSC por parte de las compañías, aproximadamente un 60%. Asimismo, la mejora de la reputación es percibida como uno de los principales objetivos vinculados a la gestión responsable, a pesar de que la medición de intangibles todavía flaquea en el seno de las compañías globales.  Los avances son, por lo tanto, innegables pero todavía lentos en una senda, la de la gestión responsable, que cada vez menos compañías pueden permitirse no recorrer.

A pesar de la cautela que todavía demuestran las compañías a la hora de integrarla,  la Responsabildiad Social desgrana sus acepciones cada vez con más fuerza, incluso más allá de los muros de las empresas. En los últimos tiempos abundan las teorías que sostienen que la empresa debe contribuir al bien social más allá de lo que las leyes indican y obligan.  Cada vez queda más atrás la concepción de las empresas como entes aislados de la sociedad, exclusivamente sometidos a la bipolaridad mercado-Estado. Se abandona también, por lo tanto,  la tradicional concepción que reduce los negocios a un propósito económico; y sin embargo, adolece del defecto de estar asentada sobre cimientos difusos, resultando muy difícil determinar cuáles son los estándares globales de la ciudadanía empresarial.

ÉTICA Y RSC; LA DISYUNTIVA

En este sentido, la teoría del desempeño social corporativoes una síntesis que incluye principios de RSC expresados en niveles distintos: el institucional, organizacional e individual; los procesos de responsabilidad social corporativa y los resultados de la conducta corporativa. El epicentro de esta teoría de responsabilidad pública es que las empresas y la sociedad son dos sistemas interconectados y que las instituciones sociales son interdependientes. En el capítulo "Corporate Social Responsability Theories", incluido en el libro "The Oxford Handbook of Corporate Social Responsibility", su autor Domenec Mèle, expone sin embargo que este modelo tiene varias debilidades, como la vaguedad del concepto de RSC y, más importante, la falta de integración entre ética y actividad empresarial. No se habla pues de ética, sino de demanda sociales. Y a pesar de las múltiples variantes teóricas, quedan todavía muchos expertos que sólo ven la RSC como cierto control social a la empresa o como una forma de dar una cara humana al capitalismo. En contrapartida, las compañías que integran la RSC en sus modelos de negocio de un modo “serio”, equiparándola  a las tradicionales herramientas de gestión y concediéndole la importancia que merece a la hora de generar rendimiento económico, promueven que el concepto se desligue de su carga de “moralidad” y pierda su carácter teórico para convertirse en una herramienta pragmática e incluso cuantificable.

Esta integración se ve avalada por el apoyo institucional creciente en los últimos tiempos. Destacan impulsos como el de la Unión Europea que ha manifestado recientemente su intención de armonizar la RSE a nivel europeo. A través de la Comunicación de la Comisión del Consejo, del Comité Económico y Social y del Comité de las Regiones  del Parlamento Europeo, llamada “Hacia una única Ley del Mercado en la Zona, Para una economía social de mercado altamente competitiva. 50 propuestas para mejorar nuestro empleo, nuestros negocios y nuestro comercio”, se dan a conocer una serie de recomendaciones entre las que destaca la de realizar un Libro Verde sobre transparencia de la información Ambiental, Social y de Derechos Humanos, lo que, según el texto, “podría dar lugar a iniciativas legislativas”.Esta iniciativa comunitaria cobra mayor sentido- y fortaleza- teniendo en cuenta que recientemente vio también la luz la propuesta, de la mano de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo de que se incluyan cláusulas de RSE en los acuerdos comerciales que se realicen en la UE. Con ello proponen que se incentive a las empresas que contraigan compromisos en materia de RSE con los stakeholders relacionados con la materia: sindicatos, consumidores y comunidades locales. En relación al controvertido tema del reporting, el Parlamento ha propuesto también la obligatoriedad de elaborar el balance en materia de RSE mediante un documento de alcance público así como la creación de un comité parlamentario de seguimiento para cada tratado de libre comercio como punto de información y diálogo entre los diputados de la UE y los parlamentarios de los estados miembro, con el objetivo de velar por la aplicación de dicha cláusula.

De un modo u otro, puede afirmarse que la tendencia futura se orienta cada vez más a la consolidación de herramientas como la Triple Bottom Line que aúna las dimensiones social, financiera y medioambiental de forma que soportan de forma equitativa el peso de la compañía. La primera de ellas promueve la calidad de vida de sus empleados-en su dimensión interna-y contribuye al bienestar del país o la comunidad donde la empresa actúa- en su dimensión externa. La segunda se encarga de maximizar los resultados económicos a largo plazo, y la tercera no solo trata de paliar el impacto de las operaciones y los productos de la empresa en el medioambiente, sino que va más allá para crear valor ambiental  reparando en la medida de lo posible los daños al ambiente causados en el pasado.

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