edición: 2784 , Lunes, 19 agosto 2019
18/01/2012

La CE busca nuevas vías para evitar los actuales problemas del uso de medios de pago entre fronteras

Javier Ardalán
Mientras en España todavía no arranca la tramitación legislativa en esta nueva legislatura, la Comisión Europea acaba de publicar un Libro Verde en el que plantea posibles vías para fomentar la competencia y suscitar la innovación en los métodos de pago electrónicos e impedir que al hacer compras en otro país de la UE, la utilización de un método de pago determinado no debería resultar más cara que en el propio país.

Estos métodos de pago incluyen las tarjetas bancarias y los teléfonos inteligentes que permiten adquirir productos y servicios de manera rápida y práctica, especialmente por internet. Sin embargo, considera Bruselas en su informe que la falta de competencia hace que en la UE existan unos sistemas de pago electrónico ineficaces y caros, con opciones limitadas para compradores y vendedores.

Según las estadísticas del Banco Central Europeo (BCE), en 2009 casi 58 millones de transacciones de pagos al por menor se hicieron en la zona del euro. Los estudios sugieren que la plena migración a la Zona Única de Pagos (SEPA) para las transferencias, los adeudos directos y las tarjetas de pago podría generar directa e indirectamente unos beneficios de más de 300 mil millones de euros durante los próximos seis años.

La SEPA es una iniciativa de la industria bancaria europea que hará que todos los pagos electrónicos a través de la zona del euro, por ejemplo, con tarjeta de crédito, tarjeta de débito, transferencia bancaria o débito directo. Se trata de hacer los pagos transnacionales tan fáciles como los pagos nacionales internos de un país.

Destaca la Comisión que los consumidores no suelen ser conscientes del costo total de la utilización de instrumentos de pago específicos, es decir, los costos que no sólo se imponen sobre ellos directamente, sino también en los comerciantes. Si el coste de utilización de diferentes instrumentos de pago (por ejemplo, diferentes marcas de tarjetas, dinero en efectivo, cheques) es el mismo para los consumidores, tienden a creer que su elección de forma de pago es irrelevante para el comerciante.

En consecuencia, los consumidores basan su selección de un instrumento de pago, ya sea en conveniencia o sobre los beneficios potenciales que de otro modo podrían obtener mediante el uso de un método específico de pago. Sin embargo, el instrumento de pago elegido por el consumidor no puede ser óptimo en términos del costo total de la economía.

Los comerciantes suelen incluir los costos de transacción en los precios de los bienes y servicios que ofrecen. El resultado final es que todos los consumidores pagan más por sus compras con el fin de cubrir el costo real de los métodos de pago más costosos utilizados por algunos. Haciendo que el costo total de la utilización de diferentes instrumentos de pago más transparente por lo tanto, podría reducir los costes totales de pago en la economía.

Esto podría lograrse proporcionando información al consumidor sobre la cantidad de la utilización y manejo de un determinado pago instrumento de los costos del comerciante. En este contexto, sería importante dotar de una mayor transparencia al mecanismo para evaluar los posibles impactos en el comportamiento de los consumidores, centrándose en una mejor comprensión reacciones de los consumidores y sus necesidades.

Otra opción para aumentar la transparencia de los precios en las relaciones comerciales del consumidor y para estimular el uso de los instrumentos de pago más eficientes podría ser la sistemática y el aprovechamiento integral de los descuentos, recargos y otras prácticas de dirección (por ejemplo, selectiva la aceptación de ciertas cartas sólo por encima de una cierta cantidad, la indicación explícita de la preferida medios de pago) por el comerciante.

Esto podría crear incentivos para el uso más eficiente medios de pago. De acuerdo con el "usuario paga", los costos deberían, en principio, sufragados por aquellos que utilizan un servicio específico y no se distribuyen entre un grupo más amplio. También es justificado considerar el posible abuso que podría surgir de recargo, como la falta de transparencia y la falta de práctica de instrumentos de pago alternativos para evitar el pago de recargos.

El Libro Verde, del que saldrá una directiva complementaria de las actuales, señala que el tema de los recargos es un tema que afecta a determinados sectores económicos (por ejemplo, la
industria de las aerolíneas). La CE considera que el recargo no debe ser utilizado como una fuente adicional de ingresos por comerciantes, pero deben limitarse al costo real de la utilización de un instrumento de pago, según lo establecido en el artículo 19 de la Directiva de Derechos del Consumidor.

Aunque la normativa comunitaria faculta a los comerciantes para que usen y apliquen  recargos. Sin embargo, los Estados miembros pueden prohibir o limitar los recargos bajo ciertas condiciones. Éstos han optado por aplicar de formas totalmente diferentes en sus territorios esta normativa. Esta diversidad aumenta significativamente la complejidad del mercado único y genera confusión, tanto para consumidores y comerciantes en las transacciones transfronterizas, lo que ahora se propone cortar.

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