edición: 2784 , Lunes, 19 agosto 2019
11/10/2013

La CE cede a las presiones de Alemania y rechaza adoptar normas generales para los subsidios a las nucleares

Los países que estudian la renovación de su parque nuclear se verán obligadas a someter sus proyectos caso por caso
Carlos Schwartz

En un debate con fuertes tintes políticos los países que mantienen un importante parque de generación nuclear como es el caso de Reino Unido, Francia y varios países de la Europa del este han sufrido un serio revés. La Comisión Europea mantuvo esta semana un debate informal sobre la posibilidad de establecer normas generales sobre las que los países de la Unión Europea pudieran planificar las ayudas para el desarrollo de nuevas infraestructuras nucleares para la generación eléctrica. El consenso final fue que no se adoptarían dichas normas y que cada proyecto sería estudiado como hasta ahora, caso por caso. Francia genera un 70% de la electricidad que consume en centrales nucleares y esta forma de generación es una cuestión de estado.

El país, al igual que Reino Unido, mantienen su industria de combustible nuclear, la explotación de uranio y conservan dominios de mineral radioactivo, y el desarrollo de tecnología nuclear para la generación de electricidad. Esta tecnología además se exporta. La propuesta para la adopción de normas generales recibió inicialmente el apoyo del Comisario de la Competencia, Joaquín Almunia. Sin embargo en la reunión informal esta semana cambió de posición. En 2008 la CE adoptó criterios generales como guía para los subsidios a las energías renovables, y para su expansión en Europa, que han servido para que esta forma de generación se desarrollara de forma explosiva. En algunos países el objetivo del 20% de generación renovable fijado por la CE para 2020 se ha superado ya holgadamente en 2012, como es el caso de España.

Alemania, secundada por Austria y otros países, que ha tomado la decisión de abandonar la generación eléctrica mediante energía nuclear tras el desastre de Fukushima, se ha opuesto de forma terminante al establecimiento de estos criterios generales y ha impuesto su opinión de que las inversiones en el sector nuclear deberán estudiarse caso por caso.  Es lo que ocurrirá con el proyecto en fase de negociación entre el Reino Unido y EDF Energy para la construcción y explotación de dos centrales nucleares en Hinkley, Somerset, que serán las primeras nuevas instalaciones en una generación. Las centrales forman parte de la política británica para reducir las emisiones de carbono sobre la base de la energía eólica y nuclear. El proyecto debería quedar cerrado este mes y de momento el debate se ha centrado en el precio de garantía por el Kwh que el Estado pagará a EDF Energy por la electricidad que se generará en esas centrales.

De momento la divergencia se ha estrechado entre las 90 libras por Mwh que ofrece el Gobierno y las 93 que exige EDF Energy. La posición alemana de acuerdo con fuentes del sector de la energía refleja el temor a una desventaja competitiva en el coste del kilovatio frente al mix de generación renovable y nuclear que caracterizará la infraestructura de Francia y Reino Unido de acuerdo con sus respectivos programas de reducción de emisiones. Los británicos han apostado al parque eólico en materia de energías renovables. Reino Unido ha decidido privatizar su empresa de enriquecimiento de uranio, Urenco. Esta es propiedad del estado británico, el holandés, y las eléctricas alemanas EON y RWE.

Holanda ha anunciado que se retira del capital al igual que las dos eléctricas tras el abandono por parte de Alemania de la generación nuclear. Mientras, de acuerdo con fuentes financieras, EDF ha conseguido un socio financiero chino para el desarrollo de las centrales de Hinkley. El proyecto goza de una serie de beneficios pactados con el Gobierno, que van bastante más allá de un precio de garantía. Ahora el proyecto en general deberá quedar sujeto a la supervisión específica de la CE sin posibilidad de contar con un marco general que sirva de guía para la política de ayudas.

Como telón de fondo a este debate sigue flotando en el aire el incremento de las emisiones de carbono en la Unión Europea, resultado de la caída del precio internacional del carbón y el encarecimiento del gas como combustible alternativo en la generación térmica mucho más limpio que el fuel o el carbón. Los analistas consideran que el consumo de carbón, que supone el combustible que genera el 40% de la energía eléctrica en el mundo actualmente, seguirá creciendo hasta 2015 cuando tocará techo. La adopción de medidas para limitar el consumo de carbón en la generación de electricidad en estados Unidos y China puede contribuir significativamente a esa reducción. Sin embargo, el tema en Europa es bastante más complejo tras el fracaso del sistema de derechos de emisión de carbono a resultas de la fuerte caída del consumo de electricidad. El fenómeno se ha agravado por la caída del precio del carbón, y el encarecimiento del gas, que se han convertido en una mezcla explosiva en materia de emisiones a pesar del incremento de la generación renovable.

El lobby de la industria nuclear defiende desde hace tiempo en Bruselas que las directivas generales de las que goza el sector renovable sean trasladadas a las nucleares en la medida que estas tienen un muy bajo nivel de emisiones. En general las grandes eléctricas defienden la hipótesis de que una reducción real de las emisiones de carbono sólo se puede basar en una mezcla de energías renovables como la eólica, térmicas accionadas por gas, y energía nuclear. Este modelo excluye el fuel y el carbón como combustibles con un alto nivel de emisión. Dentro de las renovables las eléctricas advierten que el uso de la energía solar no es competitiva por sus altos costes por ser una tecnología inmadura. Los grandes generadores de electricidad critican la política energética de la CE porque afirman que repercute los costes para el desarrollo de las energías renovables sobre los consumidores y los generadores convencionales. Recientemente han desatado una campaña por la falta de apoyo a la generación con gas que ha llevado al cierre en Europa de 33 plantas generadoras accionadas por ese combustible.

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