edición: 2725 , Lunes, 27 mayo 2019
14/01/2014

La CE debe cerrar su agenda energética para 2030 en medio de fuertes diferencias entre los países

El objetivo de reducir emisiones o fijar cuota de generación renovable divide a los países por el precio de la energía
Carlos Schwartz

De acuerdo con fuentes al tanto de las negociaciones en Bruselas, el camino hacia el anuncio de la agenda energética para 2030 está plagado de enfrentamientos entre los países miembros de la Unión Europea (UE) de acuerdo con su estructura de generación y objetivos políticos en el sector. Como telón de fondo las grandes empresas generadoras mantienen su presión sobre la Comisión Europea (CE) porque de acuerdo con su análisis de la situación los objetivos que fueron fijados en la agenda 2020 “han espoleado los costes de la tarifa energética en todos los países de la UE por el subsidio a las fuentes de generación renovables que acaban siendo pagadas por los consumidores finales”, de acuerdo con una fuente del sector. La CE debe anunciar la agenda energética para 2030 el miércoles 22 de enero, lo que ha desatado la actividad de los países miembros, en particular de Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y España. Uno de los asuntos que enfrenta a los países es si se debe establecer una cuota de generación de energía renovable, como se hizo en la agenda anterior, o si se debe reforzar un límite de emisiones de carbono.

Alemania, que ha abandonado la generación nuclear de electricidad tras el desastre de Fukujima y ha abrazado la causa de la generación renovable favorece la implantación de una cuota de generación renovable del 30%, además de reducir el nivel de emisiones de carbono en un 30% respecto de 1990. Por el contrario, Reino Unido que ha decidido retomar la senda nuclear y ha llegado a acuerdos con diversos grupos de generación y tecnológicos para acometer una fuerte inversión en centrales nucleares pide que se rebaje un 40% el límite tolerado de emisiones de CO2 argumentando que esta barrera objetiva será aliciente suficiente para que la generación de electricidad se oriente hacia fuentes renovables pero que se abandone un objetivo vinculante de generación renovable. El posible punto de acuerdo intermedio es un límite de generación renovable no vinculante, a diferencia del que existe en la actualidad, en torno al 27%.

Como se comprenderá, no se trata del altruismo de Alemania y su causa en favor de las energías renovables. Sino más bien de la resistencia por parte de la nación que tiene los capitales más concentrados de Europa y la composición técnica más alta de ese capital en la industria a perder competitividad ante sus socios europeos. Alemania subsidia a las empresas que contratan el suministro de energía generado por fuentes renovables, más cara que la convencional, precisamente para no perder competitividad. Si el incentivo es reducir las emisiones de carbono, la generación nuclear contribuirá a una drástica reducción de las emisiones en Reino Unido sin necesidad de alentar otras formas renovables costosas. Londres mantiene la generación eólica como fuente renovable alternativa a la generación nuclear. La posición británica cuenta con el apoyo de Francia, España, Holanda e Italia mientras Alemania, dispuesta a apoyar la reducción de las emisiones, exige que se mantenga un objetivo de generación renovable vinculante.

La ausencia de un objetivo vinculante para la generación renovable debería reforzarse con compromisos vinculantes de renovación tecnológica en las infraestructuras eléctricas, tales como redes inteligentes, o mejoras en la interconexión internacional. Pero lo que está detrás de una posible revisión de objetivos por parte de la CE, es decir un vuelco respecto de su Agenda 2020 que si tenía un objetivo renovable vinculante, tiene que ver con un problema de fondo: la caída de los costes energéticos en Estados Unidos que han restado competitividad a las industrias europeas intensivas en energía, como la química o la siderúrgica. El gran problema es que la diferencia de costes entre Europa y Estados Unidos está lejos de ser una fantasía exagerada por los malintencionados.

El precio del gas para la industria ha caído un 66% entre 2005 y 2012 en el mercado estadounidense. Este diferencial de precios está directamente vinculado a la explotación del gas y petróleo no convencional. Mientras, la caída del precio internacional del carbón y los excedentes de derechos de emisión de CO2 a causa de la caída de la demanda han incentivado el uso de centrales térmicas convencionales accionadas por carbón mientras que el precio del gas y la carga fiscal a esa forma de generación está hundiendo a la cogeneración y los ciclos combinados que forman parte del sistema de respaldo energético en Europa. Las tecnologías renovables más caras requieren subsidios para ser competitivas y el efecto de ese pago por kilovatio o subsidios a la industria que los consume genera costes añadidos que se extienden por todo el sistema.

Todo parece indicar que la enérgica campaña de las eléctricas convencionales ante la CE para una revisión global de la política energética ha finalmente logrado permear las capas profundas de la CE aunque es dudoso que finalmente el organismo se enfrente de forma tajante a las aspiraciones de Alemania. Vale la pena tener en cuenta que el filtro final de lo que la CE recomiende esté en el Consejo Europeo, es decir en la reunión de los jefes de Gobierno de los países de la Unión Europea, y que el poder de veto de los países en ese nivel puede alterar cualquier proyecto de la Comisión. Mientras, el problema energético europeo ha ocasionado que las diferencias de opinión y los enfrentamientos se trasladen a otros niveles, como el industrial. Por ejemplo, mientras Vestas, Alsthom o Gamesa favorecen el establecimiento de objetivos de generación renovable, las grandes eléctricas y empresas de gas como EON o Gaz de France se oponen y favorecen en cambio la limitación de emisiones.

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