edición: 2943 , Miércoles, 8 abril 2020
19/12/2009
Plan ELENA

La CE pone en marcha una iniciativa para conceder ayudas a las autoridades locales y regionales en materia de eficiencia energética

La dependencia de la UE respecto al exterior en cuanto a fuentes de energía es uno de los temas más críticos en la materia
Beatriz Lorenzo

Como continente, Europa representa una de las principales fuentes de polución climática a nivel mundial. La sobreabundancia de aparatos eléctricos tales como calefactores, refrigeradores o televisores son en buena parte responsables, junto con los sectores del transporte y la industria, de las emisiones de gases de efecto invernadero de Europa. Ante la mirada pública-y previsiblemente con más ahínco ahora tras el fiasco de la Cumbre de Copenhague -los altos funcionarios de la Unión Europea se lanzan a la promoción de la eficiencia energética como tabla salvavidas- la única a la que puede recurrirse- en detrimento de los intereses industriales que en su mayor parte siguen abogando, todavía, por modelos energéticos tradicionales. En otro orden de cosas, y aparte del gran potencial contaminante de las fuentes de energía tradicionales, cada vez más la producción energética comunitaria es insuficiente para cubrir las necesidades energéticas de la Unión, con lo que la dependencia energética exterior no cesa de aumentar. Los desajustes en los precios del petróleo no son más que uno de los muchos indicios que dejan en evidencia las debilidades estructurales del abastecimiento energético de la Unión: la creciente tasa de dependencia energética de Europa, la función del petróleo como precio rector de la energía y los decepcionantes resultados de las políticas de control del consumo.

Ciertamente, la Unión Europea no puede superar su dependencia energética sin una política activa que ahonde en el problema. En este sentido, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y la Comisión Europea han puesto en marcha una iniciativa, “ELENA”, para conceder ayudas a las autoridades locales y regionales de los Estados Miembros a la hora de realizar inversiones en eficiencia energética y energías renovables. La lucha mundial contra el cambio climático es una prioridad para la Unión Europea y se reconoce que los actores locales jugarán un papel importante en este reto. La iniciativa ELENA está diseñada para ayudar a las ciudades y regiones mediante la  prestación de asistencia técnica, estructural y en la ejecución de proyectos eficientes, de modo que consigan atraer las inversiones hacia el área de la eficiencia energética.

A pesar de que las áreas urbanas representan alrededor del 70% del consumo energético de la UE, el potencial de las inversiones relacionadas con energía sostenible todavía está en buena parte sin explotar. El plan ELENA ahonda en la ejecución de proyectos de inversión viables, las fuentes de energías renovables y el transporte urbano sostenible. Está previsto que los proyectos sean evaluados por ingenieros y economistas del BEI. La asistencia técnica se financiará a cargo al Instituto de la Energía Inteligente para Europa (IEE). Un presupuesto de 15 millones de euros está disponible para el primer año de funcionamiento de las instalaciones. En palabras del comisario europeo de energía, Andris Piebalgs, el proyecto ELENA pretende liberar el potencial de inversión en energía sostenible en las regiones y ciudades europeas. Su reciente asociación con el Pacto de Alcaldes europeos ayudará también a ELENA a enfrentar los efectos de la crisis financiera a nivel local, contribuyendo al crecimiento y al empleo, sirviendo como oportunidad para movilizar todos los esfuerzos, recursos financieros y actores necesarios para contribuir a los objetivos europeos. A su vez, desde el Banco Europeo de Inversiones esperan que las solicitudes de financiación relacionadas con la eficiencia energética crezcan en gran medida durante el año 2010 a través del impulso de iniciativas como ésta.

Ciertamente, las opciones energéticas de la Unión Europea se ven condicionadas por un escenario político y económico caracterizado por unos Estados Miembros con estructuras energéticas diferenciadas y especialmente por un novedoso marco de referencia en el mercado de la energía: la liberalización del sector y las preocupaciones ambientales.

LA BATALLA POR LA ENERGÍA SOSTENIBLE

Preocupaciones que hoy en día son asumidas y compartidas por la mayoría de la opinión pública. Los puntos débiles de los combustibles fósiles y los problemas de la energía nuclear  constituyen el principal desafío europeo . El cambio climático es una batalla a largo plazo para la comunidad internacional. Desde una primera estabilización de las emisiones en el año 2000, posteriormente ha aumentado tanto en Europa como en el resto del mundo. La armonización europea en materia de eficiencia energética, tan impulsada en los últimos tiempos, aparece en ocasiones como un caramelo envenenado,. Los Estados miembros son interdependientes tanto en las cuestiones de lucha contra el cambio climático como en lo que se refiere a la realización del mercado interior de la energía. De ese modo, toda decisión energética adoptada por un Estado miembro tendrá inevitablemente un efecto recurrente en el funcionamiento del mercado de los demás Estados miembros.

Sin embargo, la dependencia extrema sigue siendo el mayor problema en cuanto a eficiencia energética se refiere. Es preciso intensificar los esfuerzos en investigación interna y en conexión con los grupos internacionales, con el fin de poder introducir nuevas fuentes en la estructura de la producción. El futuro energético habrá de pasar por una mayor diversificación de las fuentes de energía y un uso sostenible de las ya existentes.  Las previsiones apuntan a que la demanda de años venideros será similar a la actual, matizada por los periodos de expansión económica y crecimiento poblacional. Es por ello necesario lograr un autoabastecimiento a nivel europeo y no bajar la guardia en el estudio y fomento de las nuevas fuentes de energía renovable. 

EL LIBRO VERDE

En la Unión Europea, todo lo relativo al fomento de la eficiencia energética se recoge en el Libro Verde, que señala que la UE puede reducir su consumo energético un 20 % de aquí al 2020, lo que liberaría una suma de 60 000 millones de euros anuales para otras inversiones. Este nivel de ahorro tendría un impacto positivo doble para los ciudadanos de la UE. Por una parte, reforzaría la competitividad de la industria europea en el marco de la estrategia de Lisboa y supondría la creación de un millón de puestos de trabajo en los sectores interesados (gestión del transporte, tecnologías a alta eficiencia energética, etc.). Y por otra, un ahorro del 20 % de la energía permitiría a la UE cumplir sus compromisos de Kioto, reduciendo las emisiones de CO2 para preservar un medio ambiente sano para los ciudadanos de hoy y mañana.

Son varias las vías abiertas por el Libro Verde. En el sector del transporte, deben establecerse regímenes fiscales favorables a los vehículos limpios y económicos y penalizar a los que contaminan. Del mismo modo, es necesario recompensar a los fabricantes que favorecen la eficiencia energética y responsabilizar a los consumidores sobre cuestiones como la presión de los neumáticos, el uso del transporte público y los desplazamientos en vehículo compartido. La Comisión desea también financiar la investigación y el desarrollo de combustibles alternativos.

En el sector de los edificios, la Comisión se propone animar a la industria y los consumidores a consumir mejor su energía mediante tecnología y comportamientos más económicos. Debe fomentarse la sustitución de las bombillas eléctricas, las calderas y los refrigeradores por aparatos con mejor rendimiento. Por el contrario, la utilización de aparatos eléctricos en reposo resulta una fuente importante de derroche de electricidad.

A nivel industrial, la Comisión invita a las empresas a invertir en tecnologías más eficientes para producir más con menos energía. Las autoridades públicas deben estar dispuestas a intervenir si los mecanismos del mercado no bastan para estimular el ahorro energético. A largo plazo, invertir en tecnologías eficientes permite a las empresas reducir sus costes de producción y ser más competitivas.

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