edición: 28267 , Jueves, 17 octubre 2019
05/06/2013

La CE pretende forzar una negociación con China sobre el precio de las importaciones europeas de paneles solares

El Comisario de Comercio impone derechos de importación reducidos hasta agosto a la espera de negociaciones con Pekín
Carlos Schwartz

El Comisario europeo de Comercio, Karel de Gucht, desoyendo las recomendaciones de Alemania para que se negocie el contencioso con Pekín sobre el precio de los paneles solares que Europa importa de China ha decidido imponer derechos compensatorios a las importaciones de ese producto del 11,8% por dos meses hasta el 6 de agosto fecha en la cual los aranceles subirán al 47.8%. En su reciente visita a China la canciller alemana Angela Merkel hizo declaraciones sobre la necesidad de alcanzar un acuerdo negociado con ese país sobre el espinoso problema del precio de los paneles solares que la Comisión Europea considera que tienen precios de dumping conseguidos por la financiación graciable y los subsidios oficiales de ese país. Por su parte, el Gobierno de Alemania intervino en la polémica en un intento de defender a su principal mercado exterior echando agua en la hoguera y reclamando una negociación. De Gucht, en un evidente intento de evitar aparecer como un obsecuente seguidor de las recomendaciones germanas ha optado por mantener el amor propio a salvo y “obligar” a China a negociar. En realidad la batalla es fruto del lobby encabezado por la empresa alemana Solar World que ya ganó una importante victorias contra los fabricantes chinos en Estados Unidos, donde se les impuso derechos de importación.

Hace dos semanas 18 naciones europeas incluida Alemania votaron en contra de la imposición de tasas de importación a la industria China. Esta votación templó un poco el ánimo de De Gucht llevándolo a buscar esta salida consistente en dos meses de ablande previo antes de aplicar el arancel del 47,8%. El lunes el primer ministro chino Li Ke Kiang llamó por teléfono al presidente de la CE, José Manuel Durao Barroso, para advertirle que una guerra comercial entre Europa y China sería desventajosa para los intereses de ambos socios. Es interesante señalar que en las áreas de instalación e ingeniería del sector fotovoltaico el clima es de desazón porque su actividad se basa precisamente en la disponibilidad de paneles solares baratos, que no son precisamente los fabricados en Europa.

Hay una guerra de lobbies entre los fabricantes de paneles, quizá mejor dicho el fabricante, y los instaladores. Ambos arguyen la pérdida de empleo y la posibilidad de un quebranto en la industria. Mientras, China se enfrenta a una crisis financiera de los fabricantes de paneles. Suntech Power, el principal fabricante chino de paneles entró en suspensión de pagos en marzo pasado por el impago de 540 millones de dólares en bonos a su vencimiento. La deuda bancaria de la empresa es de 2.000 millones de dólares. Como es lógico, con este panorama el Gobierno chino está empeñado en sortear las barreras aduaneras a su producción.

En realidad De Gucht ha dado la vuelta a su propia estrategia. En un principio pensó en obligar a la administración china a negociar bajo la amenaza del recargo del 47%. Su equipo pensó que con la espada de Damocles sobre su cabeza el país asiático se avendría a negociar. A la vista de que eso no ocurrió y que 18 socios del club europeo lo llamaban al orden de forma indirecta, se pasó a la estrategia alternativa, 11.8% y si no negocias 47,8. La opinión de los analistas del sector es que un recargo del 11,8% puede ser asumido sin problemas por los fabricantes chinos, y que una negociación en torno a esa banda evitaría endurecer el conflicto con los propios países miembros.

Si se tiene en cuenta que la crisis económica en la que está inmersa Europa de forma generalizada ha puesto en jaque a la política energética que se basa en la energía renovable por la dificultad en hacer frente a los subsidios que la hacen viable, se puede comprender que la guerra de los paneles no sea percibida como una cuestión central. Está por verse el grado de adhesión que seguirá manifestando Alemania a las fuentes de energía renovables tras las elecciones generales de este otoño. Incluso es posible que un cambio en materia de política energética para el gas se superponga a otras decisiones en el corto plazo. En el corazón de este conflicto dentro de la propia Unión Europeo lo que yace en la sombra es la creciente intolerancia de los países miembros a los arranques de los burócratas de Bruselas y a los desencuentros de estos con los políticos de turno.

La legislación comunitaria permite a la Comisión imponer de forma provisional determinadas acciones aun sin contar con el acuerdo de los países miembros. Pero esa imposición no puede ser permanente sin el consenso necesario. Por lo tanto la maniobra de De Gucht tiene una autonomía de vuelo limitada. El plazo de su operación expira cuando acabe la investigación de la CE en diciembre de este año. Para entonces con los argumentos que haya logrado acumular deberá convencer de forma definitiva a los 27, contando con que 18 ya han dicho que no en mayo. El órdago de De Gucht se basa por tanto en la hipótesis de que China preferirá aceptar ahora un nivel de tasas consistente con sus posibilidades de mantener las ventas en Europa. Ahora bien, cabe la posibilidad de que Pekín considere que es preferible atravesar el desierto de agosto a enero y no dar a torcer el brazo. En cuyo caso el Comisario quedaría expuesto a un serio fiasco. La CE parece haber perdido la noción de hasta que punto sus medicinas están creando anticuerpos dentro de las sociedades de los países miembros e irritación entre sus políticos.

Está claro que los países con verdadero peso político, Alemania y los europeos del norte que orbitan alrededor de ella de un lado, Reino Unido y Francia por su parte con las distancias necesarias, solo toman de buen grado las iniciativas de la CE que ellos mismos han propiciado y rechazan lo que no les viene bien. Pero esta tendencia se ha agudizado de forma creciente, lo que refleja las fuerzas centrífugas que se generan. Eso si, los más poderosos unen fuerzas para sacar partido de los más débiles, o coyunturalmente más necesitados, como es el caso de los mediterráneos, incluidos España e Italia que son dos de las grandes economías en Europa.

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