edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
13/10/2009
El “maquillaje” del calentamiento global

La CE teme los efectos secundarios de las técnicas de geoingeniería para reducir los efectos del cambio climático

Los métodos empleados son agresivos y no solucionan el problema de fondo
La comercialización de soluciones de geoingeniería es la base de un nuevo “capitalismo climático”
Beatriz Lorenzo

Matar dos pájaros de un tiro. Con los efectos del cambio climático tan arraigados en la epidermis del planeta que es imposible enmendarlos por completo, la mejor solución para los adalides de la geoingeniería- la Casa Blanca, la American National Academy of Science, entre otros- es ahondar un poco más en la herida y llevar hasta los límites la manipulación humana del planeta. Técnicas para reducir los mismos gases de efecto invernadero que se emiten a discreción, “techos fríos” y plantaciones arbóreas artificiales para enmendar las talas masivas. La geoingeniería, la adulteración del planeta para “enfriarlo”, consiste en maquillar los efectos del cambio climático con una nueva manipulación, en lugar de subsanarlos. Las críticas a la geoingeniería no se han hecho esperar, así como las encarnizadas defensas de sus defensores. El penúltimo organismo en cuestionar la nueva pseudos-ciencia, ha sido la Unidad de Cambio Climático de la Comisión Europa que, en voz de su director, Frank Raes, recomendó a la comunidad científica cautela y mesura a la hora de interferir y experimentar con el clima del planeta.

Los métodos empleados en la geoingeniería, tales como espejos para reflejar las radiaciones solares, planes para “potenciar” los océanos, o cohetes de lanzamiento para liberar partículas de polvo en la estratosfera que bloqueen la luz solar son temporales y a la larga barnizan el problema sin solucionarlo. Por otra parte, existen hoy en días bastantes lagunas de ignorancia acerca del clima del planeta, las suficientes como para plantearse cuidadosamente cualquier interferencia en él.

Por otra parte, la comunidad científica no debería olvidar que se ha descubierto que algunas técnicas de geoingeniería pueden tener efectos perjudiciales para las personas y los ecosistemas. Las principales técnicas de geoingeniería propuestas se engloban en dos áreas: la captura de dióxido de carbono (el principal gas de efecto invernadero) y la gestión de la radiación solar. La primera, menos agresiva, ataca directamente el problema de las emisiones y trata de revertirlo, lo que plantea menos riesgo e incertidumbre que la segunda. A pesar de todo ninguna de las dos ha demostrado ser eficaz, ni se tienen datos sobre su impacto ambiental o la relación entre sus costes y los beneficios que producen.

La gestión de la radiación solar se apoya en métodos que reflejan parte de la energía solar para impedir que llegue a la tierra, provocando un rápido descenso de las temperaturas, pero sin evitar que la atmósfera permanezca plagada de gases de efecto invernadero.

SOLUCIONES IMPERFECTAS

Según los expertos, ninguna de las técnicas de geoingeniería propuestas hasta ahora es la panacea y todas llevan asociados riesgos e incertidumbre. La captura de CO2, ya sea del aire, ya sea del suelo- mediante absorción- es una técnica que presenta inconvenientes; en su primera vertiente necesita mucha más I+D y en la segunda, se conocen sus efectos ambientales y sólo se podría acometer a largo plazo.

Algo similar sucede con las técnicas de gestión de la radiación solar; los aerosoles estratosféricos plantean efectos adversos como la destrucción de la capa de ozono. Otras técnicas, como la fertilización del océano, los reflectores en la superficie, y el biocarbón (similar al carbón vegetal) son consideradas demasiado peligrosas o demasiado poco efectivas en su actual etapa de desarrollo.

El principal problema de que adolece la geoingeniería, como insisten sus detractores, es que es una técnica agresiva que parece olvidar que el cambio climático es un problema ecológico que incide en la salud humana, causado por el propio ser humano y que debe resolverse de manera ecológica. Pero la geoingeniería permite a sus promotores “matar dos pájaros de un tiro”, evitando hacer los necesarios cambios en el modelo de producción actual y que sería la única salida viable a la crisis ecológica. Al contrario, la geoingeniería favorece un nuevo mercado, muy rentable para los que comercializan en él, el mercado de los productos que modelan “a la carta” el clima del planeta.

LA RENTABILIDAD DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Así pues, y contrariamente a toda lógica, el cambio climático se convierte en un “producto”, en algo rentable, apto para comercializar con él, en lugar del grave problema que es en realidad.

Existen ya compañías, como Planktos,- que basa su negocio en verter toneladas de nanopartículas de hierro en los mares alegando que así puede capturarse el carbono emitido a la atmósfera-Climos o GreenSea Ventures que comercializan con estas nuevas técnicas convirtiéndose en pioneras del capitalismo climático.

Incluso Bruselas, aunque- y mucho más ahora- se maneja en este tema con cautela, se ha interesado vivamente por la geoingeniería, tal y como recoge el Informe de Evaluación de 2001 del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), el grupo creado en 1988 para proveer de información científica al Protocolo de Kyoto. “Si bien parecen haber posibilidades de manipular con técnicas de ingeniería el balance energético de la Tierra, la comprensión humana del sistema es aún rudimentaria. El riesgo de que se produzcan consecuencias imprevistas es alto, y tal vez ni siquiera sea posible manipular la distribución regional de la temperatura, las precipitaciones, etc. La geoingeniería plantea interrogantes científicos y técnicos, y también muchas cuestiones éticas, jurídicas y de equidad. Aun así, parece oportuno hacer algunas investigaciones básicas”, indica en un capítulo donde reconoce que ya se han realizado experimentos.

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