edición: 2765 , Lunes, 22 julio 2019
07/12/2016

La CE valora una intervención estatal en Monte dei Paschi tras la caída de Renzi

El núcleo duro de la UE considera el fin del gobierno italiano como una oportunidad para su estrategia
Carlos Schwartz
La caída del primer ministro italiano Matteo Renzi tras perder de forma contundente el referéndum para la reforma constitucional el pasado domingo ha sido recibida por el núcleo duro de la Unión Europea (UE), en particular los dirigentes que arropan a la canciller alemana Angela Merkel con una mal disimulada satisfacción. Apenas encubierta por la negativa a valorar el acontecimiento argumentando que “es un asunto interno de Italia”, tal como señaló el ministro español Luis de Guindos entre otros; esta satisfacción tiene varias motivaciones. La más inmediata y acuciante es la dificultad para acometer el saneamiento de la banca italiana a la medida de las aspiraciones del Banco Central Europeo (BCE) y de los líderes del norte de Europa. El enfrentamiento entre Renzi y la Comisión Europea en este asunto pasaba por la negativa del Gobierno italiano a descargar la crisis bancaria sobre las espaldas de los pequeños ahorradores, que en el caso de Monte dei Paschi representa unos dos mil millones de euros. De tal suerte que el primer ministro dimisionario se había convertido en un verdadero obstáculo para un acuerdo sobre la solución a una crisis de larga data.
Sin contar con otros duros enfrentamientos entre Merkel y Renzi, el más destacable quizá el abandono del gasoducto South Stream promovido por Rusia que debía acabar en Italia en beneficio de los intereses gasistas germano-rusos. La caída de Renzi ha abierto las puertas a una solución al gusto “europeo”. Entre otras cosas porque muchas decisiones se adoptarán de la mano de un gobierno interino, encabezado muy probablemente por el tecnócrata de turno -que puede ser el actual ministro de Economía Pier Carlo Padoan- de acuerdo con los intereses de la CE.

El primer obstáculo a salvar es el de la crisis del Banco Monte dei Paschi di Siena (MPS). El martes el consejero delegado del banco, Marco Morelli, pasó el día en Frankfurt negociando con el BCE las condiciones y dimensión de una recapitalización a cargo del estado italiano. El detonante ha sido el hundimiento tras la dimisión de Renzi del plan para que el fondo soberano de Qatar contribuyera con 1.000 millones de euros de capital para el banco y este de forma simultánea colocara acciones para obtener otros 3.000 millones en capital fresco.

La incertidumbre política que se abrió con la derrota del Gobierno en el referéndum ha bloqueado la salida mediante capital privado pergeñada por MPS y el Gobierno para soslayar una intervención. La imposibilidad de arbitrar esa solución se ha convertido en una verdadera oportunidad para que la CE imponga su medicina. El argumento central para ello es el contagio que el caso MPS puede suponer para el resto de la banca del país.

La realidad es que Italia llega muy tarde a una solución a 360.000 millones de euros en créditos impagados mantenidos artificialmente en la cartera de las entidades financieras. Son varias las entidades con problemas y la solución a sus quebrantos adquiere un carácter cada vez más urgente, algo que las autoridades de la UE avivan como si fuera una hoguera para imponer su salida. La cuestión es que tal como se han desarrollado los acontecimientos la permanencia del Gobierno hasta la aprobación del presupuesto general del estado retrasó la formación de un nuevo ejecutivo de transición hacia una probables elecciones anticipadas en 2017. El desenlace más probable a estas alturas es que la crisis se resuelva por la vía de un decreto que establezca una recapitalización a cargo del estado y la conversión en capital de los instrumentos financieros subordinados en manos de los pequeños inversores.

De acuerdo con fuentes al tanto de las negociaciones las autoridades italianas intentan garantizar las inversiones de hasta 100.000 euros en esos instrumentos financieros con el mismo criterio cuantitativo de la garantía de los depósitos. Habrá que ver que dicen al respecto Bruselas y el BCE. Uno de los problemas que entraña el fracaso de una salida para MPS sobre la base de capital privado es que va a afectar de forma inevitable a la obtención de capital por parte de otras entidades, en primer lugar porque va a derribar el precio de las acciones que se aspiraba a colocar. Un precio más bajo de hecho va a dificultar la obtención de los recursos que estaban previstos.

Esto puede llegar a ser el caso de UniCredit que necesita nuevo capital por 13.000 millones de euros y los bancos Carige, Banca Popolare de Vicenza y Veneto Banca. En agosto Atlante, la sociedad privada promovida por el estado para encubrir su acción en las crisis bancarias, tomó el control de Veneto Banca y de Banco Popolare de Vicenza. La operación barrió de un plumazo al menos 5.000 millones de euros de ahorradores de la rica región del Veneto. Pero si la obtención de nuevo capital se complica para Atlante, la máscara privada del operativo estatal puede quedar en la cuneta y el estado deberá aportar el capital que los inversores privados no inyecten. Es probable que el poco entusiasmo de la CE y del bloque duro de la UE hayan motivado la falta de apoyo al SI de sus vecinos al referéndum italiano.

No hubo declaraciones de apoyo de ninguna especie antes de la votación y era palpable la frialdad manifestada por los dirigentes europeos que se esforzaron en puntualizar que se trataba de un problema interno italiano cuando en otros casos recientes argumentaron con fuerza en favor de las razones por las que se debía votar por un NO o se debía apoyar a determinados candidatos. Lo malo de la situación es que la débil tasa de crecimiento europea, la crisis bancaria en Italia, la insuficiente recaudación fiscal en países clave, España incluida, pintan un cuadro de conjunto en la UE poco alentador.

Es en estas condiciones que el bloque, debilitado por la salida de Reino Unido, debe hacer frente a las advertencias de guerra comercial adelantadas por el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump.

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