edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
24/04/2009

La CMT le saca los colores a Moncloa y Sebastián

Se alinea con las telecos en la guerra de tasas y reclama más inversión pública en redes
Ana Zarzuela

Industria amasa desde hace meses sus alfiles, mantiene en el congelador su renovación, y con ella en la cuerda floja la opción de un mandato más o la retirada de su presidente. Pero el camino al ultimátum que ya le venció a Miguel Sebastián esta semana no se transita en sintonía: la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones dribla la obediencia debida y el lazo del silencio que al ministro le gustaría inocularle: si el dividendo digital, el proceso pendiente de refarming, las licencias del móvil regional (que Ferraz y Solbes canjearon en su momento) y las cifras del Plan Avanza amueblaron el desencuentro con la cúpula de Industria, la reforma de la financiación de la TVE ha levantado todas las lanzas y les recuerda a las operadoras que no es Reding su único azote político. La CMT cierra filas con Reinaldo Rodríguez y la guerra contra las tasas públicas que las grandes telecos amenazan con desplegar; se atreve a sacarle los colores y amargarle las medallas a Sebastián, critica la estrechez de sus presupuestos para infraestructuras y le exige a Moncloa fondos públicos para financiar las redes de nueva generación. Salgado no ha asumido aún la reforma de la Comisión prometida por el ex vicepresidente. La rebelión se la puede cobrar en sus propias costuras al equipo de Rodríguez.

Moncloa no le ha puesto aún apellidos a la reforma de la financiación de la TVE, por más que Nicolas Sarkozy quiera hacerla herencia suya. Pero los descartes de María Teresa Fernández de la Vega -nada de un canon a los ciudadanos como en Francia- y el precedente galo acotan las sospechas de las operadoras de telefonía españolas. Ni Elena Salgado ni Sebastián encontrarán un camino de rosas si apuestan por replicar el modelo francés para eliminar la publicidad en la televisión pública.

Las grandes empresas de telecomunicaciones, que en el sistema galo contribuyen con el 0,9% de su facturación para sufragar parte de los ingresos que pierde el ente público, ya velan armas en España bajo el paraguas de la Aetic. Y la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones le recuerda a Moncloa  y a Salgado que está dispuesta a apadrinar muy de cerca esas lanzas. Ya lo ha hecho, hasta ahora, con la batalla para liberar -o al menos aliviar- a las operadoras de tasas de las instituciones públicas españolas que son inéditas en otros países europeos, entre ellas, la tasa por el uso del dominio público local, que obliga a estas empresas a pagar el 1,5% de sus ingresos brutos, 270 millones de euros. El precedente de la sentencia ganada por Telefónica y las urgencias de Salgado, Zapatero y Sebastián por despejar las vías de financiación a TVE horadan unas grietas en las que la CMT está dispuesta a seguir haciendo cuña, aunque sea en las espaldas de Industria.

Las recetas de Reinaldo Rodríguez se cocinan en ollas ajenas a las de Miguel Sebastián: menos canales de televisión, más banda ancha, nada de financiar Televisión Española con tasas sobre telecomunicaciones e internet y un mejor reparto del dividendo digital. Reinaldo Rodríguez alerta sobre los "cuellos de botella en redes de acceso" y se queja de que los fondos para financiación de infraestructuras son "pequeños" y están muy orientados a la TDT: 75 millones de euros este año. Por eso aboga por plantear de nuevo la financiación pública de las redes sin que el Estado se convierta en operador. El Gobierno parecía decidido a no repartir las frecuencias que va a dejar libres el apagón analógico de las televisiones -el dividendo digital- entre las operadoras de móvil. Sólo el impulso de Reinaldo Rodríguez, el aldabonazo a Sebastián y la llamada de atención sobre la urgencia de más espectro en el aire para estar a la altura de la sociedad de la información pueden impulsar el cambio de rumbo de Sebastián y Salgado. Con las licencias regionales de móvil, la CMT le marca las líneas rojas: la regulación debe ser nacional, las licencias las debe conceder el Gobierno o un regulador nacional.

Miguel Sebastián se cuelga las medallas ajenas y se ahorca con las propias. El ministro se clava en la espalda de las promesas los que iban a ser los vectores de su desarrollo tecnológico. Saca pecho con el Plan Avanza2 y el sector de las tecnologías le da en él. Se autoimpone la corona del móvil rural, de espaldas a los  900 millones de inversión de las operadoras y a la irritación de la guerra por las concesiones regionales. Le busca brillo a las licencias GSM que Moncloa sacó a subasta en 2005. Le ha frotado con ellas la cara y la paciencia a todas las operadoras de telefonía españolas. Tanto, que César Alierta y el consejero delegado de Vodafone, Vittorio Colao, no han podido por menos que ponerle un tentetieso y exigirle mayor inversión gubernamental y estabilidad regulatoria. Y ahora, le pone la cara a los desencuentros con las operadoras telefónicas incluso en la piel de la CMT, una de las ramas del árbol institucional de Industria. Han chocado lanzas en los tribunales por el reglamento de la televisión por cable (Industria consiguió reafirmar la potestad de concesión de las autorizaciones) y aún está pendiente el contencioso por la petición de más competencias en numeración de la CMT. Y el Gobierno no acaba de dar con el marco regulatorio con el que liberará nuevas frecuencias para los servicios móviles de tercera generación (3G) en 2009.

El Ministerio de Industria fue el primero en domar las prisas de un proceso que en su génesis esperaba estar en marcha para marzo, pero que congela las hojas de su calendario. La mayoría de las compañías se lo han recordado a Miguel Sebastián: consideran que los primeros equipos capaces de trabajar con LTE no llegarán hasta dentro de un año, como pronto, y rechazan la posibilidad de que el Gobierno otorgue licencias territoriales para la banda de 2,6 Gigahercios. Pero la demora deja a algunas áreas rurales de espaldas a la convergencia en muchos servicios y sólo se sabe que la guerra del LTE está casi a punto.

LA RENOVACIÓN PENDIENTE

LA CMT y su presidente transitan sobre la cuerda de la interinidad a la que los ha condenado el impasse de Industria, la vicepresidencia económica y Moncloa. Más aún, su  presidente sigue condenado a la incógnita sobre un tercer mandato, que depende de la interpretación en manos del gabinete de ministros. Un espacio que -Reinaldo Rodríguez no lo calla- no es bueno seguir caminando sin fecha. Pedro Solbes era el encargado de diseñar una nueva norma que podría afectar al nombramiento de los consejeros de organismos como la Comisión Nacional de la Energía (CNE) y la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, prometía renovar la normativa y el nombramiento de sus consejeros para 'reforzar su independencia', su capacidad de supervisión y su 'responsabilidad' ante los ciudadanos. Ahora es Elena Salgado la que recibe el encargo, con la huella a sus espaldas de los desencuentros con el sector durante su mandato como Secretaria General de Telecomunicaciones en el último gobierno de Felipe González.

Miguel Sebastián tira balones fuera contra el PP, pero para el Ministro la falta de “interlocutores” populares no es más que otra bombona de oxígeno para peinar aún más el viento de la espera con la CMT. Sebastián jura que no busca hacerle sitio a nuevos representantes del Gobierno en el Consejos de la CMT -igual que hace con la CNE- pero Industria ordena todas sus cartas sobre la mesa y, entre sus órdagos, baraja sintonizar con Europa con el ajuste de las estructuras de sus Consejos, la reducción de costes y un mayor control sobre su funcionamiento, a la misma velocidad que le pone nombres y apellidos políticos a sus ‘fichas’ en el ajedrez de los reguladores. Busca hacer de la necesidad virtud y colar la reestructuración y algún que otro enviado, aprovechando que el Pisuerga pasa por la renovación de sus consejeros.
A Reinaldo Rodríguez, con opciones de reelección, lo avala el reconocimiento, por parte del sector, de su responsabilidad y una trayectoria de 12 años  preñados de hitos.  Otra cosa serán los padrinos socialistas explícitos, en el círculo más estrecho de Moncloa y del ministro Miguel Sebastián, el que debe darle el visto bueno para otros seis años de mandato. De las guerras de las telecos españolas, para la Comisión no queda ni el polvo, aunque -reconoce Rodríguez- tener a todas las operadoras contentas es imposible, más ahora que la transición de la fibra está en marcha y que la Comisaria Vivianne Reding promete dar la batalla de la FTTH, la banda ancha y los parámetros del sector español en las espaldas de la CMT.

LAS LICENCIAS MÓVILES

Senbastián paró la partida de la renovación de los cuatro consejeros (todos ellos designados a propuesta del PP) y el presidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) (a la espera desde diciembre) hasta abril, mientras no tuviera a su mano todas las bazas, hasta que las elecciones en el País Vasco no despejaran la fuerza de sus alianzas y la dimensión de sus obligaciones. La tregua ha pasado y el ministro de Industria la encara desde el desencuentro con Reinaldo Rodríguez y su equipo, al menos con las tesis. Industria choca además las espadas con Economía y Ferraz por la concesión de  una licencia de telefonía móvil a Euskaltel a cambio del apoyo a los Presupuestos Generales. Y baraja los naipes de los favores debidos bajo la mesa de la renovación de la CMT, una entidad en la que más de una voz alza sus recelos hacia un nuevo mapa descentralizado de las licencias de móviles si la administración central pierde el mando de las concesiones. La CMT puede ser otro rehén en la guerra en la que chocan sables Sebastián, el secretario de Estado de Telecomunicaciones Ros y Zapatero.

Moncloa estaba dispuesta a hacerle sitio a Euskaltel en la trinchera abierta por las urgencias presupuestarias de Solbes con las palas del PNV, aún a costa de hacerlo en las espaldas de las cuatro operadoras principales y de azuzar la guerra con Sebastián. Pero el gozo de Euskaltel está en el pozo de Patxi López y bajo las aguas de las turbulencias de las operadoras. Cuando llegue, la nueva geometría de la Comisión probará en carne propia si a Ferraz, después de la victoria en las elecciones vascas y su desembarco en  le queda alguna otra factura pendiente con el PNV, con el PSG o el BNG. En su despacho, la mesa está ya puesta, pero el banquete de la banda móvil de cuarta generación sólo se servirá como él quiere si Redtel y los hombres de Miguel Sebastián no se lo ponen más crudo a los planes de la operadora vasca.

Aviso para navegantes, el secretario de Estado de Telecomunicaciones, Francisco Ros jura que aún no se ha dicho la última palabra sobre las concesiones regionales. Y -a lo peor para Euskaltel-, ésta la sigue teniendo el Ministerio. La Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones le quita hierro al pacto político que Euskaltel busca encarnar. En otros sectores -recuerda Reinaldo Rodríguez- como el de la televisión o el cable las licencias ya se adjudican a nivel territorial “y no ha ido tan mal”, pero la Comisión marca las líneas rojas a las que el equipo de Sebastián se aferra: las telecomunicaciones cuentan con un marco normativo de ámbito nacional, por más que los pactos de Solbes y Blanco lo obvien. En otros países ya ha pasado, pero todas las regiones se licitaron al mismo tiempo y se dieron las mismas oportunidades de participación a las operadoras que querían dar servicios en un segmento del espectro.

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