edición: 2348 , Martes, 21 noviembre 2017
15/04/2014
Sólo advierte de los riesgos

La CNMV deja abierta la puerta a los instrumentos complejos para particulares

El supervisor emplaza a los intermediarios financieros a que informen a los clientes del riesgo de pérdidas
Juan José González

No es fácil (casi imposible por definición) tomar la delantera a toro pasado. Y lo cierto es que la iniciativa de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que preside Elvira Rodríguez suena a que los intermediarios financieros han vuelto a adelantarse al supervisor. Rodríguez se propone rizar el rizo enviando a las entidades financieras una relación de criterios -sólo de carácter indicativo-, similar a un vademécum de las conductas que deberán observar como buenas prácticas en la comercialización de instrumentos financieros, en particular, los más complejos que se dirijan a los minoristas, al público, a los clientes que ya pasaron por las preferentes y que ahora viven a golpe de estructurados y derivados. Y no se trata de una iniciativa del supervisor de los mercados, sino de un compromiso adquirido por un antecesor en ese organismo con el supervisor europeo de los mercados (ESMA) y que ahora, al fin y una vez comprobado que el mercado financiero ataca de nuevo con instrumentos complejos, se ve obligado a prevenir antes que a lamentar episodios recientes que ahora inundan los juzgados.

Sí se adelanta la CNMV en esta ocasión en la forma, en transmitir al público a través de los medios de comunicación y eventos públicos, las advertencias que ya obran en poder de los intermediarios financieros. Son criterios de venta y de información al mercado pero en particular dirigidos a los vendedores, a los puntos de venta, las oficinas bancarias en las que se lleva a cabo el 85% de los contratos de productos financieros. En la venta o colocación al público de estos productos existe la sensación de que la oferta siempre ha gestionado a favor una información que se muestra compleja en la forma e inaccesible en la técnica. Como también en el aspecto informativo se han detectado en la mayoría de las veces importantes ausencias.

Sin embargo, la advertencia de la Comisión de valores tiene visos de quedarse corta también en esta ocasión a juzgar por la escasa profundidad de sus criterios, y que dejan la sensación, en muchos casos, de no estar al día de la operativa bancaria. Porque, por ejemplo, uno de los criterios apunta a que las entidades deberían abstenerse de recomendar un producto que no sea "el mejor" o "el más adecuado" para el cliente. En ambos casos, el criterio concede al intermediario un margen de interpretación demasiado amplio sobre la valoración del cliente, y para lo cual no bastará únicamente, con hacer un análisis de su posición patrimonial. Seguramente, será necesario tener en cuenta su nivel de formación, por ejemplo.

En la gran mayoría de los casos que se vienen registrando por las reclamaciones de los particulares, se advierte una deficiencia en la información, tanto de aspectos del producto (rentabilidad, plazos, cálculos...) como de sus consecuencias (riesgo, ganancias o pérdidas, liquidez, costes...). No se trata, únicamente, de un defecto de información, si no de la falta de conocimientos, o formación necesaria, para entender la información que transmite al cliente el personal de las oficinas bancarias. Porque según algunos fallos judiciales recientes, a propósito de las preferentes, "no es suficiente con el asentimiento que muestren en todo momento los demandantes -clientes- a los comercializadores -personal bancario- si no que éstos deben asegurarse de la idoneidad del producto financiero para el cliente".

En esta parte de las advertencias, la CNMV parece haber tenido en consideración las numerosas notas y razonamientos realizadas por la Justicia en los miles de dictámenes sobre las reclamaciones de preferentes. Y así, aparecen como novedades la insistencia a los comercializadores en advertir a los clientes de los riesgos de iliquidez de los productos estructurados (la mayoría de ellos) así como de los inconvenientes de vender anticipadamente, e incluso, sobre la imposibilidad de liquidación anticipada de algunos productos. Recomienda también la Comisión -con renovada insistencia- a la banca que en las ventas de estos productos se realicen demostraciones de supuestos prácticos e hipótesis de mercado que pueden incidir sobre el estado de la inversión del cliente. Y, finalmente, advierte sobre la necesidad de informar sobre los rendimientos del producto financiero ofreciendo cifras en cantidad de dinero y no en porcentajes.

A pesar de que pueda tratarse de un primer paso, de un avance en toda regla, no es más que la recuperación de una obligación de información recogida en numerosas normas de los últimos veinticinco años. El paso decisivo que le falta a la regulación sobre comercialización de productos financieros a minoristas, es la diferenciación clara de los productos que se pueden colocar a particulares (con un límite de riesgo para el inversor) y los que nunca podrán tener como destinatario final al particular. En todo caso, los criterios de la CNMV se quedan cortos en el principal apartado que ha motivado la iniciativa: el informativo. Nuevamente, el tiempo y las denuncias de particulares se encargarán de corregir una normativa que debería ser de carácter imperativo y no meramente indicativo.

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