edición: 2389 , Lunes, 22 enero 2018
10/10/2014
Decenas de operaciones sospechosas

La CNMV no esconde su incapacidad para vigilar el mercado

Primero fue el `semáforo´, después los `detectives´ y ahora los `soplones´
Juan José González

La imposibilidad de hacer frente a decenas y decenas de operaciones sospechosas en el mercado español, parece haber inclinado a Elvira Rodríguez, presidenta de la CNMV y a su mano derecha, Lourdes Centeno, vicepresidenta, a poner en práctica un sui generis sistema de defensa de los inversores. Es un plan que según conocedores de la institución, se gestó en unas vacaciones veraniegas de la primera al estimar que el mercado estaba demasiado expuesto a la acción de numerosos agentes `iniciados´, autores de otras tantas operaciones sospechosas. Sin embargo, la Comisión estaba escasa de material, de medios para hacer frente a tanta amenaza: tan elevada exposición al riesgo dejaba al organismo en una posición vulnerable que facilitaba la comisión de infracciones, al tiempo que se convertía en un foco de probables escándalos financieros y políticos. Rodríguez propone entonces una estrategia de ataque como mejor defensa, y lanza nuevas herramientas de vigilancia que se quieren implacables con el infractor. Así nace primero el `semáforo´, al que sigue más tarde el `detective´ y que ahora se verán reforzados con los `soplones´, chivatos o delatores.

Cuando todavía no se conocen los primeros resultados de la puesta en marcha de los `semáforos´ y, por tanto, no se puede juzgar su eficacia, la Comisión pone en la calle a los `detectives´ para que se infiltren en las sucursales bancarias. Por si fuera escasa la artillería y la infantería, la CNMV tira de servicio de inteligencia y establece, con el visto bueno del Banco de España y del ministro de Economía, un sistema de confidentes. Funcionarán según resultados, por incentivos, variable. Al parecer, el supervisor de los mercados cuenta con la legislación europea, que le da mayor capacidad para las labores de control del mercado. Sólo deberá recibir la información valiosa y comprobable en forma de soplo o comunicación al buzón de la CNMV para iniciar una investigación y que, en caso de ser considerada infracción, procederá a su sanción. El soplón, chivato o delator (sin denominación fija, a falta de definir la figura del confidente) recibirá un porcentaje de la sanción.

De la primera herramienta, el `semáforo´, apenas se tiene constancia de resultados y eficacia, pero la idea venía a resolver la falta de orden y, por tanto, de control, que reinaba en el campo de los productos financieros. La vena pedagógica, congénita en la presidencia y vicepresidencia de la institución, llevó a la presidencia a plagiar primero y adaptar después el sistema a imagen y semejanza del código de clasificación energética que rige en el sector de los electrodomésticos. De ahí el familiar calificativo de `semáforo´ en razón de los colores que discriminan riesgos financieros para el inversor. El sistema es, cuando menos, vistoso y sólo eso, pues no deja de ser una tarea redundante de la labor que realizan las agencias de calificación de riesgos cuando califican, entidades emisoras y los productos que comercializan. 

De la segunda herramienta, el `detective´, sólo se tiene noticia de que la banca ya ha cursado órdenes precisas a la red y que parece todo transcurre con normalidad, lo que no evita el cabreo monumental de algunas entidades por la iniciativa de la Comisión. El mistery shopping, como se conoce en los mercados más desarrollados el trabajo de un técnico anónimo a una sucursal o agencia bancaria, no deja de ser un supervisor pedáneo, un vigilante empleado de la Comisión que hace la calle (las oficinas) en busca de comercializaciones o colocaciones de instrumentos financieros al público en general. Buscan (y persiguen) que las prácticas sean adecuadas e idóneos los clientes. Por ahora, no se conocen incidencias como tampoco resultados.

En cuanto a la `institucionalización´ de la figura del chivato, deben tener en cuenta que el sistema es perverso, como ya han tenido oportunidad de experimentar en Reino Unido y Francia: el chivato, delator, soplón o disidente no es leal a nadie, sólo a su propio interés. Y éste puede caer del lado de la autoridad o de la contraria. La lista de operaciones sospechosas es muy larga, y excede a las capacidades del supervisor por carencia de personal, en número, así como de otros medios. Pero las autoridades españolas, y en particular las `vigilantes´ del mercado, se han visto estimuladas por esos 22 millones (30 millones en dólares) que la SEC norteamericana entregó recientemente a un denunciante cuya información consiguió levantar una liebre de fraude de importante tamaño. Por eso en la CNMV se han venido arriba en el asunto de los confidentes. 

En todo caso, falsas `innovaciones´ que llegan a destiempo, a toro pasado y fuera de plazo, evidencias un propósito de enmienda, al mismo tiempo que el reconocimiento expreso de los reguladores y supervisores de su propia ineficacia. A qué vienen ahora estas peculiares herramientas cuando, precisamente, hubieran sido indispensables en estos años de mayor revuelo financiero, de excesos, prácticas abusivas y engañosas y que en plena crisis financiera se llevaron por delante inversiones y ahorros. Falló la CNMV y ahora, tarde, busca reparación.

Así pues, y a la vista de algunas operaciones recientes (muy sospechosas) las nuevas herramientas de la CNMV deberán servir para extremar la vigilancia, porque viene una temporada de animadas operaciones bursátiles con mucho dinero público en juego y, por tanto, con el evidente riesgo de que el virus de la información privilegiada, tan contagioso, pueda infectar a algún interesado. Está aún por demostrar si la acción del semáforo, del detective, o del soplón, o quizás todos al tiempo, habrían logrado detener la comercialización de, por ejemplo, las participaciones preferentes (producto aprobado entre otros por el Banco de España) o de algunas de las operaciones financieras de Gowex. ¡Imagínense un chivato en el día previo a la operación de Jazztel!

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