edición: 2595 , Miércoles, 14 noviembre 2018
23/05/2017

La Comisión Europea aplaude con poco entusiasmo y un poco de alarma al Gobierno del PP

El “modelo español” se sostiene por el viento a favor de la demanda exterior y la caída del ahorro
Carlos Schwartz
La Comisión Europea ha sacado a relucir su Opinión sobre el Programa de Estabilidad español para este año. Pocas novedades se encontrarán en el documento aunque su tono general es de aplauso si, aunque contenido, porque se crecerá en torno al 3%, pero esa tasa está sumida en un tembladeral. Sí, se crece, admiten, pero con riesgos muy altos. La Educación socava el futuro económico del país... porque es mala y está en deterioro creciente... No hay instrumentos serios para el control de la corrupción... La deuda pública es demasiado alta... El empleo crece pero es uno de los más precarios de Europa... los salarios son muy bajos... y así de seguido. Se trata de una CE, vale la pena recordarlo, que tiene en su presidencia a un vivillo que se dedicó a hacer trajes a medida para la evasión fiscal a las grandes multinacionales a las que aspiraba atraer a su territorio para que se domiciliaran allí para tributar y de paso dejar en el Gran Ducado de Luxemburgo unos recursos que a este ínfimo país de rimbombante título le facilitaran la vida. Por si alguien no lo recuerda se llama Jean-Claude Juncker. Poco dice el análisis de las autoridades de la Unión Europea sobre el origen de los vientos favorables que hinchan las velas de la economía española, y que el Gobierno, sumido en su propia ciénaga oscura, prefiere no comentar.
Aunque vale la pena puntualizar que uno de los principales tributarios del equilibrio de la balanza de pagos es el fuerte ingreso de recursos por Turismo, capítulo que viene registrando cifras récord año tras año a expensas de la incertidumbre política en los países tradicionales competidores de las costas españolas como son las de Turquía, Egipto y el norte de África que en general son pasto de atentados perpetrados en su mayoría por los tentáculos del Estado Islámico y sus diversos socios locales.

Tampoco se señala que la demanda internacional que ha reactivado el comercio mundial en ciertos sectores ha permitido al grupo más saneado de las empresas españolas incrementar su cuota de mercado en el exterior. Una parte considerable de ese éxito corre por cuenta del sector industrial español, quizá lo más destacable por lo que supone en términos de competitividad, mientras el resto es obra de las exportaciones tradicionales. La caída del euro frente al dólar ha tenido su cuota en esta mejoría. Nada de todo esto es atribuible a las virtudes del Gobierno. En todo caso el modelo económico del ejecutivo tiene bloqueada la posibilidad de que la mejoría de los balances de las empresas se traduzca en un crecimiento del empleo estable a tiempo completo.

Como bien señala la CE, estamos a la cabeza de la precariedad laboral. También a la cabeza de la miseria salarial. Hay que escarbar bastante en las estadísticas para encontrar países que se consideran avanzados que tengan el nivel de las remuneraciones de España. El hecho que la tasa de inflación crezca aunque a un ritmo raquítico supone un mayor deterioro del salario  real de los trabajadores y esto debería perjudicar a la capacidad de consumo de las familias.

Pero, curiosamente, el consumo interno está por encima de los ingresos salariales de la población. Desde 2013 la tasa de crecimiento del consumo privado está por encima de la renta disponible bruta. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) el diferencial desde ese año ha variado entre el 0,5% y el 0,8% y las previsiones de fuente privada deducen que el fenómeno va a persistir. En paralelo a este dato, la tasa de ahorro bruto de las familias como porcentaje de la renta bruta disponible ha caído desde el 9,6% de 2013 hasta el 7,5 previsto para el 2017. Esto equivale a decir que el consumo interno se come el ahorro de las familias o se basa en el endeudamiento.

El endeudamiento de las familias se ha reducido desde el comienzo de la crisis en el 2008, pero sigue en niveles muy altos. La caída de la tasa de ahorro indica que el proceso de eliminación de la deuda por parte de los particulares se ha estancado lo cual expone a una parte considerable de la población al efecto que podría tener un incremento de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE) en un futuro no muy lejano.

La persistencia de la deuda de las familias y el creciente nivel de endeudamiento del estado a resultas de los bajos ingresos fiscales es una señal clara de la debilidad de la recuperación de la actividad económica del país. Si se tiene en cuenta que la Seguridad Social tiene serios problemas de ingresos a causa de la propia estructura del empleo que ha creado la reforma laboral del Gobierno del Partido Popular, además de la secuela específica de la crisis, la Tesorería de la SS no puede pagar las pensiones sin apelar al endeudamiento público o a la liquidación del Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Contratos laborales precarios, cuotas reducidas de aportes a la Seguridad Social, bajas remuneraciones salariales, y rebajas fiscales a diestra y siniestra atentan de forma directa a la sostenibilidad del sistema público de pensiones. Este factor va de la mano de un reparto de los ingresos que está muy lejos de ser equitativo.

Está claro que para la CE se trata de cubrir con un velo pudoroso estas vergüenzas de la política económica que prohíja con extremo celo. Se trata finalmente de la corriente ideológica dominante en la UE y deberán actuar con tino para no llevar agua al molino de los opositores al liberalismo dominante. Pero la panoplia de los argumentos de esta corriente otrora pujante comienzan a mostrar cierta fatiga que se refleja en el alza electoral de las corrientes que venden como fachada una defensa de los intereses de la población más castigada cuando en realidad constituyen un dique último de contención social al que todavía las sociedades europeas no apuestan con plenitud. Pero como lo ha demostrado el efecto Theresa May, mimetizarse con el denominado populismo puede ser contraproducente. Puede que el éxito en las internas socialistas de Pedro Sánchez esté relacionado con este fenómeno.

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