edición: 2287 , Miércoles, 23 agosto 2017
03/05/2011

La comunidad internacional espera la venganza de Al Qaeda

Pedro González
Diez años, más de 5.000 agentes secretos, dos guerras y un presupuesto cercano a los 20.000 millones de dólares le ha costado a Estados Unidos la localización, persecución y eliminación del fundador y principal líder de Al Qaeda. Sin embargo, cortada la cabeza más visible y emblemática de dicha organización, la Comunidad Internacional aguarda la inmediata represalia de la hidra terrorista islamista, la organización que ha producido el mayor número de víctimas por atentados, capaz asimismo de desencadenar el mayor enfrentamiento global entre civilizaciones.

Simultáneamente al anuncio del asalto a la residencia de Bin Laden y de su muerte a manos de los 25 miembros de un grupo de élite de los marines americanos, todas las embajadas y consulados de Estados Unidos eran puestos en estado de máxima alerta, recomendación que se extendió asimismo a los países de la Unión Europea, en especial a los que mantienen tropas en Afganistán. El Gobierno español no ha considerado por su parte elevar el nivel de alerta, que ya fue aumentado a finales de 2010, aunque no descarta algunas medidas adicionales, según declaró el vicepresidente primero, Alfredo Pérez Rubalcaba.
 
“No espero vivir lo suficiente para ver acabado mi trabajo, pero la guerra que libra Al Qaeda contra los infieles y cruzados (Occidente), se prolongará durante varias décadas”, había dicho recientemente Bin Laden a sus más íntimos allegados, según cuenta en su último libro Michael Scheuer, el ex responsable de la unidad antiterrorista de la CIA. Esta última ha certificado la veracidad de su primera profecía, ya que sus agentes son los autores de la localización del escondite del hombre que ideó los ataques del 11 de septiembre de 2001. Una tarea, la de su localización, realizada tan paciente como minuciosamente, hasta comunicárselo con toda certeza al presidente Barack Obama, el comandante en jefe a quién correspondía decidir la orden final de liquidarlo.
 
En  cuanto a la segunda parte de la afirmación de Bin Laden, nadie aventura un pronóstico. Cierto es que la red está bastante debilitada, y que no pocos de sus planes terroristas son desbaratados antes de consumarse, tal y como ocurrió la semana pasada, en que la policía alemana descubrió una operación terrorista a punto de ejecutarse, calcada al parecer de la que se produjo en Madrid el 11 de marzo de 2004. Pero, la propia configuración de Al Qaeda, subdividida en numerosas células autónomas, con capacidad de decidir y ejecutar sus propias operaciones terroristas, permite aventurar que podemos asistir a todo tipo de acciones de venganza en los próximos días, meses ó años.
 
Así lo cree también Gilles de Kerchove, coordinador de la política antiterrorista de la Unión Europea, para quién “el impacto simbólico de la desaparición [de Osama Bin Laden] inspirará muy probablemente a individuos y grupos afiliados al movimiento yihadista durante algún tiempo”. Kerchove preconiza una mayor coordinación a propósito de los niveles de alerta, a menudo muy dispares entre los 27 miembros de la UE.

En todo caso, Bin Laden ha dejado como legado un nuevo tipo de terrorismo internacional, en el que ya no hay fronteras, y en el que no hay necesariamente líderes que den cobertura logística, material o financiera a los atentados, sino simplemente respaldo ideológico, interpretado a menudo como fatwas de obligado cumplimiento por los combatientes yihadistas. Así cabe interpretar su insistente llamamiento a golpear ciudadanos e intereses de Estados Unidos en cualquier lugar del mundo, y en la misma línea hay que situar su llamamiento a la recuperación de Al-Andalus (España), por haber sido tierra islámica.
La nueva amenaza se ha propagado por todo el mundo, a través de células independientes, implantadas en varios países, y cuya fuerza de choque ejecutora la componen jóvenes extremistas, a menudo poseedores de títulos universitarios y conocedores de varios idiomas, educados en Occidente, pero al que odian visceralmente.

Además de lo que puedan hacer tales células durmientes, la principal incógnita entre las de mayor envergadura es Pakistán, cuyo servicio  secreto parece estar plagado de colaboradores de Al Qaeda y de los guerrilleros talibanes que combaten a la coalición que pelea en Afganistán, liderada por Estados Unidos. Que Bin Laden haya podido gozar del amparo y simpatía de muchos funcionarios y militares pakistaníes, le permitió vivir cómodamente al abrigo de la persecución por ser el enemigo público número uno de la comunidad internacional. Esa cifra sin duda enorme de gentes que le han dado cobertura sentirá ahora una gran frustración por la muerte de un “mártir”, sentimiento que les hará aún más proclives a intentar cobrarse su venganza.

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