edición: 2561 , Martes, 25 septiembre 2018
22/03/2017
banca 
A pesar de las operaciones que se avecinan

La concentración bancaria española, en el punto límite, preocupa en Bruselas

Tras la fusión de Bankia y BMN, las autoridades recomiendan al sector que ponga fin a las fusiones, lo que no parece que vaya a ser seguido por las entidades 
Juan José González
Problemas de rentabilidad y también de estructura empresarial figuran en el primer lugar de las preocupaciones y advertencias de los bancos de la Eurozona, que fueron tratados en el último informe del Banco Central Europeo sobre las "Estructuras Financieras". Dos problemas que reciben distinto tratamiento por las autoridades como también por las propias entidades. En la práctica, los problemas de rentabilidad se han intentado solventar con medidas de reforzamiento de la solvencia, provisiones, etc, pero sobre todo con decisiones vinculadas a la productividad y la eficiencia. Al BCE parecen preocuparle ahora los aspectos más concretos de la estructura bancaria, la capacidad instalada y, en particular, el grado de concentración, y que según el supervisor europeo, en España ya habría alcanzado el límite máximo. Bruselas ya había advertido en diciembre pasado al supervisor español de los riesgos que corre el sector bancario tras el proceso de concentración resultante de la reestructuración y, en particular, de la futura (y hoy ya un hecho) unión de los bancos intervenidos por el Estado, Bankia y BMN. Teniendo en cuenta que el proceso no ha concluido y que restan por concretarse otras operaciones pendientes, el límite fijado por Bruselas será superado con creces. Con todo, los bancos españoles seguirán ajustando capacidad para ganar eficiencia, de ahí que en el BCE hayan saltado las alarmas y advertirá al supervisor español.
Todos los análisis que realiza el BCE sobre el sector bancario se caracterizan por su sentido comparativo, de forma que el sector bancario español puede estar mejor o peor, pero siendo lo más relevante la referencia, sea sobre la media del sector europeo, sea sobre la banca más rentable de un país o el menos concentrado de otro socio de la Unión. Y respecto al sector español, el supervisor europeo, consciente de que la ratio de eficiencia es mejor (menor) que la media de los socios de la Eurozona, no parece demasiado preocupado. En ese apartado de la eficiencia, los problemas para el BCE se sitúan en la banca germana e italiana: por razones de peso y volumen de activos y porque se trata de dos pesos pesados de la Unión Europea, el BCE está más preocupado por estos que por los aspectos de la estructura empresarial o de negocio de la banca española, lo que, por otro lado, constituyen el principal foco de peligro según el supervisor europeo.

En opinión de los responsables del sector bancario del BCE, la concentración de entidades financieras en España ya habría alcanzado el nivel considerado óptimo tras la operación de Bankia y BMN, siendo, además, el sistema bancario con el grado más alto de concentración en Europa según el criterio del número de entidades sobre el total de activos del sector. Y, en consecuencia, y en línea con las preocupaciones del BCE, el sector bancario debería poner fin a las grandes operaciones de concentración. Claro está que los intereses y las inquietudes de las entidades bancarias no suelen, ni deben que, coincidir con los del supervisor y que, en último extremo no va a ser este último quien decida en lugar de los propios consejos de las entidades financieras.

Es probable que el supervisor europeo, alarmado quizá por la intensidad de la reestructuración bancaria española (también quizá en comparación con la pasividad de los movimientos corporativos en el resto de Europa) se haya visto en la necesidad de dar algún aviso al supervisor local español. Pero lo cierto es que el único reproche que se le podría hacer a la banca española sería antes la velocidad de reacción en los ajustes por la crisis financiera que por la indolencia que sí han mostrado en, por ejemplo, Alemania o Italia.

Algunos datos pueden servir para ilustrar la realidad de la concentración bancaria en España y si esta debe, o no, ser motivo de preocupación en Bruselas. La banca española cuenta con cifras más que aceptables en términos cuantitativos respecto a su estructura y frente a otros países de la Unión. Cuenta con una oficina por cada 213.000 habitantes, es decir, 3,5 veces más que la media de la Eurozona, casi el doble que Francia y 4,6 veces más que Alemania y, por lo tanto, difícilmente cabría hablar de concentración preocupante en España. En el apartado de empleados de banca por número de habitantes, sucede lo mismo. Mientras en España hay un empleado bancario por cada 240 habitantes, en Italia son 205, en Alemania 130 y 165 en la media de la Eurozona. Por tanto, respecto a la concentración, la ratio de habitantes y empleados de banca tampoco debería preocupar demasiado.

Lógicamente, las entidades parecen discrepar con el BCE e, incluso, de forma radicalmente opuesta, al entender que los números del supervisor que dan pie a las ratios, además de desmentir que la concentración bancaria ha alcanzado en España el límite, siendo, por tanto, un asunto a controlar por parte del Banco de España, sirve para subrayar la necesidad de continuar con la estrategia de ganar en eficiencia y por tanto, seguir recortando la red, menos oficinas y menos empleados. Y esta última parece que será la tendencia en los próximos meses, habida cuenta de que aún están pendientes operaciones corporativas. Y no precisamente, de las menor tamaño.

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