edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
01/12/2015

La Conferencia Cop 21 deja en manos de los técnicos diseñar un borrador de acuerdo vinculante

Los líderes mundiales en la Conferencia eluden la posibilidad de un pacto con imposiciones
Carlos Schwartz
La Conferencia sobre Cambio Climático, bautizada como Cop 21, se inauguró en París en el aeropuerto de Le Bourget con las intervenciones de los dirigentes mundiales. Sin excepciones todos han resaltado la necesidad de alcanzar un acuerdo. Sin embargo estas invocaciones no disiparon las divergencias sino que las han agudizado. El camino hasta París se inició hace 18 años en Kioto donde se logró un acuerdo vinculante sobre emisiones que no todos los participantes aceptaron.
Pero ese largo viaje también pasó por el fracaso estrepitoso de la cumbre de Copenhague en la que un nuevo acuerdo vinculante fue rechazado. Los dirigentes de las economías emergentes han señalado que el mayor esfuerzo para impedir que la temperatura de la tierra aumente en dos grados centígrados por encima de la temperatura de la era preindustrial lo deben hacer los países industrializados. El argumento, que no es nuevo, apunta a que los principales responsables de haber alcanzado las temperaturas actuales en la superficie del planeta son las naciones industrializadas y que estas ahora quieren limitar la vía del desarrollo de las economías emergentes que no están en condiciones de adoptar tecnologías para la generación de energía con bajos niveles de emisión de gases invernadero por sus costes.

Por este motivo un grupo de naciones, entre ellas Alemania y otros países de Europa, manifestaron su disposición a contribuir a un fondo de financiación para que las economías emergentes puedan adoptar las tecnologías de baja emisión. También lo ha hecho Estados Unidos, y un grupo de grandes fortunas como Bill Gates o Mark Zuckerberg, quienes siempre prestos a hacer campaña en favor de su imagen, se unieron al coro y anunciaron ayudas multimillonarias para la investigación y el desarrollo en esta área. Pero las cifras alcanzadas hasta ahora quedan muy por debajo de un objetivo tácito por parte de las naciones industrializadas de dar ayudas por importe de 100.000 millones de dólares al año hasta 2020 para asistir a la adopción de tecnologías de baja emisión de gases de invernadero. De acuerdo con la OCDE el volumen de financiación cedida por las naciones industrializadas para este fin en 2014 fue de 62.000 millones de dólares. El primer ministro de la India, Narendra Modi, afirmó que el método de cálculo para llegar a esa conclusión no era fiable y cifró las ayudas en mucho menos dinero. Es decir que la brecha sería mayor que los 40.000 millones estimados por la OCDE.

Muchas naciones industrializadas por su parte se muestran reticentes a fijar un objetivo económico específico para las ayudas. El papel de Estados Unidos, cuyo presidente Barack Obama fue enfático en cuanto a la necesidad de alcanzar un acuerdo, es en el fondo el de uno de los principales obstáculos para que la conferencia llegue a buen puerto en cuanto a ese aspecto, como quedó reflejado en el rechazo en 2001 al protocolo de Kioto tras haber adherido a el. La principal economía mundial y segundo mayor emisor de gases de invernadero se opuso en el pasado a establecer objetivos vinculantes.

Muchas de las naciones que participan en la cumbre, entre ellas algunas europeas, consideran que un acuerdo que no sea vinculante no logrará el objetivo propuesto y acerca del cual todos los participantes dicen estar de acuerdo. Los países europeos son conscientes de esta situación y la intervención del presidente de Francia, François Hollande, enunció entre otras cosas la necesidad de objetivos precisos que deberán ser vinculantes. Mientras, el fin de semana el ministro de Asuntos Exteriores francés, Laurent Fabius, sugirió en unas declaraciones un cambio en las posiciones de Francia que antes exigía un acuerdo vinculante quizá ante la conciencia de que ese punto podía llevar a un fracaso de la conferencia. El fiasco de Copenhague aun pesa sobre las diplomacias occidentales.

Hollande ha propuesto un mecanismo quinquenal de revisión de los objetivos establecidos por cada país de forma que estos se puedan modificar para garantizar una reducción de las emisiones. Obama se ha manifestado de acuerdo con ese mecanismo de revisión, lo que sugiere que en los contactos previos entre ambos dirigentes se han delineado algunos puntos de acuerdo que permitan evitar un fracaso de la Conferencia. El Gobierno de Hollande no quiere ni se puede permitir políticamente ser anfitriona de un fiasco internacional. Todo parece indicar que el camino para alcanzar esta meta pasa por negociar un nuevo acuerdo basado en los objetivos avanzados por cada país para esta cumbre del clima en la fase previa de preparación, que a su turno sean revisables cada cinco años sin que haya imposición de límites de emisiones aunque si un compromiso general para impedir que la temperatura se incremente en dos grados centígrados más.

Este es precisamente el escenario que los organismos multilaterales y organizaciones independientes consideran que no es suficiente para frenar el incremento de la temperatura de la superficie de la tierra. Vale la pena recordar que el objetivo de un sistema de revisión de los compromisos nacionales cada cinco años fue una propuesta de la Agencia Internacional de la Energía, quien señaló al respecto que “No es suficiente poner un límite al crecimiento de la temperatura de la atmósfera, es necesario limitar las emisiones de forma tal que ese objetivo sea realizable. Este debe ser un objetivo de la Conferencia de París”. Tras la jornada de hoy los jefes de estado y representantes políticos se marcharán de París y dejarán en manos de los equipos técnicos el trabajo de alcanzar un acuerdo que deberá quedar ratificado por los dirigentes políticos la próxima semana. La posibilidad de que ese acuerdo marque un cambio de rumbo en el control de las emisiones es algo que está por verse.

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