edición: 2828 , Viernes, 18 octubre 2019
21/06/2012
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

La confianza y la credibilidad

SERVICIO DE ESTUDIOS DE `la CAIXA´*

«La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito». La cita, de Ralph W. Emerson, poeta y pensador estadounidense, obliga a plantearse si España y Europa creen realmente en sí mismas, y la una en la otra. Hasta el momento, la eurozona ha sido incapaz de solucionar un problema que afecta al 2% de su economía, Grecia, y de utilizar todos los mecanismos a su alcance, incluido el uso del Banco Central Europeo (BCE), para disipar las dudas sobre el resto de Estados miembros.

España, por su parte, tras promulgar la cuarta reforma financiera en menos de tres años, solicitó consultores externos para evaluar las necesidades de capital de la banca y revisó al alza el déficit público de 2011. Ambos hechos provocaron que la confianza en las cuentas públicas y en el sistema financiero español cotizase a la baja.

La nacionalización de la cuarta mayor entidad financiera del país, una semana después de ver aprobado su plan financiero por el Banco de España, erosionó la credibilidad del supervisor bancario y aceleró la promulgación de un nuevo decreto financiero. Los nuevos requisitos de capital mantienen las provisiones de los activos problemáticos y aumentan la cobertura genérica para los sanos. Sin embargo, la reforma no recuperó la confianza de los inversores. La prima de riesgo se elevó hasta cotas cercanas a los 500 puntos básicos (lo que obliga al Estado a financiarse a tipos cada vez más costosos) y en siete días el Ibex 35 cayó un 7,2%.

Una semana después de la reforma financiera, el Gobierno aprobó los presupuestos de las autonomías, a excepción de Asturias, cuyo plazo fue prorrogado, para asegurar la consolidación fiscal fijada para 2012. Sin embargo, la revisión de 4 décimas al alza del déficit de 2011, a causa de las desviaciones de Madrid, Valencia y, en menor medida, Castilla y León, implica que se tendrá que hacer un esfuerzo extra para pasar del déficit actual del 8,9% al 5,3% prometido. Si bien es cierto que los ajustes son más difíciles de conseguir en un entorno de recesión (el déficit se calcula como ratio sobre el producto interior bruto), los planes de ajuste ya contemplan el escenario de recesión.

La confianza es clave para el crecimiento. Una economía creíble genera confianza en sus compromisos de pago y logra financiarse a tipos de interés menores (prima de riesgo más baja). Esta financiación menos costosa se transmite al resto del sistema y, en condiciones normales, permite que fluya mejor el crédito. El crédito impulsa el consumo y la inversión, y, en definitiva, el producto interior bruto (PIB).

Sin embargo, la desconfianza en el sistema financiero impide que los bancos se presten entre ellos y aumentan los costes de financiación; la desconfianza en las cuentas públicas aumenta la prima de riesgo, y el crédito restante no acaba de fluir por el aumento de los requisitos a la banca. Paralelamente a este proceso, se realizan planes de ajuste que cercenan el gasto público. Si el consumo, la inversión y el gasto público disminuyen, solo el sector exterior puede evitar la caída del PIB. Pero, dado que nuestros socios comerciales también experimentan, en mayor o menor medida, este proceso de desconfianza y ajuste fiscal, la contribución de la demanda externa es menor a la de trimestres precedentes.

El desglose de la contabilidad nacional confirma lo anteriormente expuesto y desvela que el retroceso del PIB en el primer trimestre del año fue del 0,4% interanual. La caída de la actividad en el primer trimestre del año se debió a la contracción de la demanda nacional, la cual aportó -3,2 puntos porcentuales al crecimiento, cifra tres décimas más negativa que en el trimestre anterior. Por el otro lado, la demanda externa se mostró como el único motor de crecimiento, ya que sumó 2,8 puntos al PIB. Sin embargo, el sector exterior muestra síntomas de desaceleración y disminuye su aportación cuatro décimas respecto al trimestre anterior.

La contribución más negativa de la demanda nacional es consecuencia exclusiva de la aceleración de la contracción de la inversión, ya que el gasto en consumo final se mantiene invariado respecto al trimestre anterior. Esto se debe a que los hogares compensaron la caída de consumo público. En términos interanuales, el consumo de los hogares disminuyó un 0,6%, ritmo menor al del trimestre anterior. La causa se encuentra principalmente en la merma de la confianza y la pérdida de poder adquisitivo. Respecto al primer punto, la confianza de los consumidores empeoró en el primer trimestre del año y se encuentra 11 puntos alejada de su promedio histórico y 5 puntos peor que el año pasado. El último dato, correspondiente al mes de abril, apenas mejora respecto al mes precedente.

Por el otro lado, la remuneración por asalariado aumentó un 0,9% interanual, mientras que la inflación se incrementó el 2,0% en el mismo periodo. Esto dio lugar a que la mayoría de hogares vieran reducido su potencial de consumo. Además, en el último año se destruyeron 655.500 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, lo que facilitó la disminución de la remuneración del conjunto de los asalariados. El lado positivo es que el coste laboral unitario disminuye a un ritmo del -2,5% interanual y la productividad por trabajador aumenta (aunque sea porque se destruye ocupación a mayor ritmo que disminuye el PIB).

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