edición: 3054 , Viernes, 25 septiembre 2020
28/10/2014
Un percance inesperado

La corrupción desplaza a un segundo plano el aprobado a la banca

Un nuevo brote de escándalos obliga al Gobierno a ceder a la banca la iniciativa de la recuperación
Juan José González

Apenas unas horas han necesitado las autoridades económicas y políticas españolas, el supervisor y el Gobierno, para poner en valor los resultados del último examen a la banca, o lo que es lo mismo, arrimar el ascua a su sardina. La primera interpretación oficial de los resultados, subraya el aprobado general de la `escuadra´ bancaria local en el entendido de que es el resultado de la reforma del sector financiero, y por tanto, la medalla de honor no puede corresponder, si no, al Gobierno. Una segunda deducción, quizás la más desenfadada apunta a que, puesto que la banca española es la más sana de Europa y la economía local parece estar dando signos de recuperación, será a la banca a quien corresponde ahora el honor de poner en marcha la segunda fase de la recuperación económica, la definitiva. Pero repentinamente, el Gobierno se encuentra con un nuevo problema, viejo conocido: la corrupción, lo que obliga a un cambio de estrategia y a descargar en la banca la iniciativa de la recuperación. Y todo a siete meses de las elecciones.

La televisión oficial guardará la imagen del presidente del Gobierno asegurando que "la banca española esta estupendamente". Entre otras cosas porque se produjo a las horas de conocer los resultados del examen bancario, pero también por cuanto significa de ejercicio de confianza y candidez, es decir, de fe ciega en los test. Sin entrar en que se los crea o no el Ejecutivo, el responsable de Economía, Luis de Guindos, debería explicar la opinión del Gobierno respecto a esa cifra de casi 48.000 millones de euros por deterioro de activos así como del aumento de nueva morosidad, unos 135.000 millones. La reflexión no es otra sino cómo se debe interpretar que tras cada prueba de estrés surjan tal cantidad de miles de millones de millones de los que no se tenían noticias, si en el examen anterior el diagnóstico apuntaba a que los bancos mantenían, en general, una salud de hierro. Por tanto, los resultados, con independencia de la valoración del Gobierno, invitan a la desconfianza por las muchas dudas que plantean.

Y puestos a dudar de todo, o de casi todo, si los exámenes a los 128 bancos sistémicos han tenido en cuenta el ejercicio de 2013, así como la proyección (actualización) de los mismos a septiembre de 2014, por qué no se tuvo en cuenta el escenario de un horizonte en deflación para los próximos meses, o de enfriamiento de la actividad económica, como parecen estar confirmando algunos datos desde Alemania. No parece que las hipótesis (o escenarios) contemplados en el estrés, cuenten con toda la confianza de los analistas, de ahí que esté aumentando el número de escépticos. Si cada nuevo test destapa nuevos datos, más morosos y mayor exigencia de dotaciones, es probable que vayan perdiendo progresivamente su credibilidad. Recordar aquí que uno de los últimos exámenes a la banca del BCE concluyó con un aprobado general a todas las entidades españolas, entre las que se incluyeron las rescatadas poco tiempo después.

Con las dudas sobre la mesa y respecto a las pruebas, se extiende la opinión de que no han recogido toda la realidad. Por lo tanto, sólo el tiempo podrá confirmar si el grupo de los 128 bancos examinados serán capaces de soportar los escenarios que se puedan presentar en los próximos diez o doce meses, aunque más vale que no sean ni muy variados ni muy severos, no vaya a resultar que la opinión de los hoy más críticos analistas tengan razón y muchos de los aprobados no resistan la coyuntura.

En este escenario de reacciones destaca la posición adoptada por las autoridades, el Banco de España y el Gobierno. Más técnica la del primero, con un Gobernador en posición de advertencia, señalando al sector que ahora viene lo duro; tomar decisiones, dar o no dar crédito, al tiempo que recordar que la supervisión activa del BCE obligará a estar atentos al nivel de capital, de riesgos, morosidad, apalancamiento, puesto que se preparan nuevas normas. La posición del Gobierno es ahora más política que nunca pues emplaza, cede o descarga el grueso de la responsabilidad de la recuperación económica en el sector bancario, apuntando a que tras la confirmación de la "estupenda" salud de los balances, sólo resta abrir el grifo del crédito.

En el guion del Ejecutivo estaba escrito que tras los resultados del examen a la banca y a la vista de las buenas cifras de empleo, el horizonte económico no debería dar mayores sobresaltos, una sensación que se está viendo frustrada por el brote de la corrupción que parece extenderse y abarcan a todos los sectores. La corrupción está afectando a la vida social, política y también a la económica. A esta última la amenaza y desestabiliza. No es fácil hacer un cálculo de cuánta de la caída de la bolsa, o del alza de la prima de riesgo o de la falta o retraso de algunos negocios en marcha se deben a la inestabilidad originada por la corrupción. Es razonable que la corrupción tiene una dimensión económica, y de la que hay que suponer tenga influencia en las decisiones empresariales. Y ahora mismo, en pleno rebrote del virus, es fácil pensar que algunas empresas multinacionales se planteen otros mercados alternativos. Un contratiempo para la recuperación.

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