edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
06/04/2010
RSC

La corrupción empresarial se perfila como el mayor enemigo de la reputación corporativa

Las multinacionales españolas siguen flaqueando en el comportamiento de sus filiales en economías emergentes
Beatriz Lorenzo

Plantea un dilema difícil, esboza un callejón sin salida incapaz de sobrevivir en un escenario económico transparente y sostenible a largo plazo. La corrupción empresarial, las malas prácticas -voluntarias o fruto de la desidia- que durante décadas jalonaron el gobierno corporativo de las compañías y dieron lugar a escándalos como los de Enron o Merrill Lynch parecen condenados a desaparecer en un modelo productivo donde los stakeholders demandan y exigen transparencia y responsabilidad social. Sin embargo, las malas prácticas son reacias a abandonar los pasillos de las corporaciones por donde otrora campaban a sus anchas, a pesar de que sus costes económicos son altísimos y de que socavan unos de los cimientos de cualquier economía que se precie: la confianza de los grupos de interés.

No han sido escasos los esfuerzos gubernamentales e institucionales que hasta la fecha se han orientado a paliar las malas prácticas y evitar las corruptelas. Ya en 1999, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) penaba la corrupción y el Pacto Global de Naciones Unidas la oficializaba como “tema” a vigilar en la empresa privada en 2004, agregando la lucha contra las malas prácticas como principio número diez de su Código de Responsabilidad Empresarial.  Sin embargo, han de ser la férrea supervisión por parte de las compañías, la aplicación de los principios de la RSC, la transparencia y la comunicación veraz con los stakeholders los principales baremos anti-corrupción.

PRÁCTICAS RESPONSABLES

La corrupción empresarial, las malas prácticas son ahora los principales enemigos del buen desarrollo de la actividad empresarial. Para luchar contra este problema el grupo de trabajo sobre el soborno constituido por la OCDE lleva meses analizando el progreso y desarrollo que están llevando a cabo las empresas de los países que componen dicho organismo en materia de lucha contra la corrupción. Entre los aspectos a estudiar, destaca el análisis de en qué medida se está considerando la Guía de Buenas Prácticas en el seno de las compañías

Según esta guía, que forma parte de la Convención de la OCDE contra la Corrupción, las empresas han de crear controles estrictos y desarrollar programas de cumplimiento como parte de la lucha contra el soborno. Entre otras medidas, se pide que las empresas adopten una política clara y visible contra la corrupción y el soborno que esté firmemente apoyada por la alta dirección, así como inculcar un sentido de responsabilidad para el cumplimiento de estas políticas en todos los niveles de la empresa. Además, se solicita que haya una política de formación y comunicación en materia de soborno y corrupción para todos los empleados que componen las empresas, así como para sus proveedores.

Las labores de control y observancia de las malas prácticas han de ser imparables. Para Bernardo Klinsberg, autor junto con el nobel Amartya Sen del libro “Primero la gente”, asegura que son también necesarias “vigorosas políticas de reforma y fortalecimiento del poder judicial, apoyo a la profesionalización de las instituciones policiales vinculadas con la investigación de estos delitos, establecimiento de instituciones reguladoras sólidas y dotadas de capacidad técnica efectiva, gestión activa para la recuperación de activos en el exterior.”

De interés es también el cuaderno “La lucha contra la corrupción. Una perspectiva empresarial” de la cátedra “La Caixa” de Responsabilidad Social que asevera que el resultado de tomar partido en la lucha contra la corrupción debe ir más allá que el respeto a la ley. De ese modo, afirma, una  política anticorrupción asimilada dentro de una empresa tiende a la creación de un clima de mayor confianza dentro de la organización y la lealtad con sus stakeholders, mayor calidad de gestión y una sólida reputación que, a largo plazo, se traducirá en mejores resultados económicos, sociales, humanos y éticos.

FILIALES RESPONSABLES

Además de esto, la lucha contra la corrupción ha de ser abordada desde múltiples frentes: el marco legal y los códigos de conducta de voluntaria asunción por parte de las compañías.  Un paso hacia adelante es la acción voluntaria y conjunta de las empresas, creando así un marco internacional y acuerdos capaces de regular la acción de cada empresa, facilitando la identificación de situaciones de corrupción, proporcionando herramientas para combatirlas y, sobre todo, fortaleciendo a las empresas para que, de manera conjunta, puedan eliminar la corrupción dentro del sector privado, según aseguran los autores del documento.
 
Las empresas españolas en mejorado en lo que a supervisión y control de las prácticas corruptas se refiere, pero en el caso de las multinacionales éstas siguen siendo uno de los grandes problemas, sobre todo en el caso de las filiales en países emergentes. Las empresas españolas no están bien valoradas, por tanto, desde el punto de vista de la responsabilidad social corporativa en los países de América Latina, tal y como revela el reciente estudio 'Valoración de la responsabilidad social de las empresas españolas en América Latina' realizado por el Observatorio de RSC con financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

El documento revela que España es un país avanzado en temas de responsabilidad social, aunque no se perciben las prácticas que llevan a cabo las empresas españolas en estos países latinoamericanos, sobre todo, en relación a los sistemas de gestión. Así, el estudio apunta la necesidad de que las empresas mejoren la protección de derechos de los consumidores y su comportamiento social hacia sus trabajadores; factores todos ellos que evitan las corruptelas y favorecen la imagen y la reputación de las compañías.

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