edición: 2349 , Miércoles, 22 noviembre 2017
22/12/2010
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

La crisis de la deuda soberana arrecia de nuevo

SERVICIO DE ESTUDIOS DE 'LA CAIXA'
Tras un buen inicio de año, en el que la recuperación parecía encarrilada, la economía mundial se despide con un aumento del riesgo de desaceleración del ritmo de crecimiento, si bien se descarta una recaída en la recesión. Sin embargo, la atención se ha vuelto a concentrar en las tensiones de los mercados de deuda pública de la eurozona, que han resurgido cuando se creían aliviadas tras el episodio previo al verano. La respuesta de la política económica volverá a ser crucial, tanto para dar un nuevo impulso a la economía como para gestionar las tensiones en el mercado de deuda pública.

El nuevo capítulo de la crisis de la deuda soberana europea lo está escribiendo Irlanda. A diferencia del caso de Grecia, desencadenado por los graves problemas de competitividad y la falta de transparencia de la gestión del sector público, las dudas sobre el potencial de crecimiento del tigre celta son menores. Su problema radica en el importante ajuste del inmobiliario y en la sobredimensión de su sector bancario. Cuando la crisis financiera internacional estaba en su punto álgido, el gobierno irlandés se comprometió a asegurar todos los pasivos bancarios para evitar un pánico financiero en su economía. Pero el agujero que el sector inmobiliario ha creado en sus bancos ha sido mayor de lo previsto. De hecho, después del verano el gobierno irlandés tuvo que realizar una nueva e importante inyección de capital a su sistema bancario que ha disparado el déficit previsto para este año hasta nada menos que el 32% del producto interior bruto (PIB).

Una de las consecuencias directas ha sido el cierre de los mercados mayoristas de financiación para el sistema bancario irlandés, que se ha visto obligado a obtener la liquidez a través del Banco Central Europeo (BCE). Irlanda tiene cubiertas las amortizaciones de su deuda pública hasta mediados de 2011. Pero la situación de los bancos irlandeses y el esfuerzo financiero de inyección de capital por parte del Estado han acabado convenciendo a la Unión Europea de que era necesario preparar un plan de rescate.

El montante final de la ayuda financiera puesta a disposición de Irlanda asciende a 85.000 millones de euros. Se espera que fundamentalmente vayan dirigidos a recapitalizar, reestructurar y reducir el tamaño del sector bancario. A cambio, el Gobierno irlandés se ha comprometido a aplicar un draconiano plan de ajuste, que incluye la eliminación de 25.000 empleos públicos, un fuerte recorte del gasto social, la reducción de las pensiones y del salario mínimo y la subida del impuesto sobre el valor añadido (IVA) hasta el 23% en 2014.

La acción puesta en marcha para estabilizar la economía irlandesa apenas ha servido para aliviar las tensiones de los mercados. Los diferenciales de tipos de interés de la deuda de algunos de los países más expuestos, con relación a los tipos de la deuda alemana, han aumentado; los temores a que otro u otros países sigan el camino de Grecia e Irlanda no se extinguen; incluso la posibilidad de que algunas economías se vean obligadas a abandonar el euro no se descarta del todo. Cabe esperar, sin embargo, que la paulatina clarificación de las perspectivas económicas y financieras, así como la toma de decisiones del Eurogrupo, permitan devolver la normalidad a los mercados, tal y como sucedió en el episodio de mediados de año.

Portugal es uno de los países que se encuentran bajo escrutinio debido a la lentitud en la aplicación de las políticas de ajuste, por la persistencia del déficit exterior y sobre todo por el nulo avance en términos de reducción del déficit público. La situación política interna tampoco ha facilitado la adopción de medidas más contundentes que alivien el elevado déficit y la creciente deuda pública.

España también se ha visto envuelta en las tensiones de la actual crisis de la deuda soberana europea, pese a que la reducción del déficit público de la administración central se desenvuelve de acuerdo con lo previsto (descenso del 47% en los diez primeros meses de 2010) y la deuda pública se mantiene por debajo de la media europea. Los riesgos que perciben los mercados se sitúan ahora en la reordenación del sistema financiero, la transparencia de las cuentas públicas de las administraciones territoriales y la aplicación de las reformas estructurales. En este sentido, el Banco de España ha anunciado nuevas medidas para elevar la información proporcionada por las entidades financieras relativa a los riesgos inmobiliarios. También ha establecido como objetivo la finalización de los procesos de fusión de cajas de ahorros para antes de final de año. Por su parte, el Ministerio de Economía ha anunciado nuevas disposiciones para mejorar la información presupuestaria de las comunidades autónomas. Además, el Consejo de Ministros ha aprobado un calendario de iniciativas legislativas que, entre otras, incluye la reforma de las pensiones y de la negociación colectiva a lo largo del primer trimestre de 2011.

En el ámbito europeo, los ministros de Finanzas de la Unión han alcanzado un principio de acuerdo que establece las grandes líneas del nuevo mecanismo de apoyo a los países en riesgo que se pondrá en marcha en 2013, cuando expira el actual mecanismo europeo de estabilización financiera. A partir de mediados de ese año, todas las emisiones de deuda de los países de la eurozona incluirán cláusulas por las que se establecen las condiciones bajo las cuales se podrían modificar elementos tales como el periodo de amortización, el tipo de interés o incluso la reducción del principal.

Otro elemento que puede ayudar a mejorar la perspectiva de los mercados son los favorables resultados económicos que está registrando la eurozona. En el tercer trimestre la tasa de crecimiento se situó en el 0,4%, un buen dato después del fuerte avance que se registró en el segundo trimestre. El tirón de la actividad lo protagoniza Alemania, con una energía inusitada que se pone de manifiesto al contemplar, entre otros indicadores, la evolución del índice IFO de actividad empresarial, que ha superado el máximo alcanzado en 2006. La situación de las distintas economías que conforman el euro es dispar, con Dinamarca y Finlandia en cabeza, con crecimientos anuales del 3,5%-4%, y Grecia e Irlanda en la cola, todavía en recesión.

En España el crecimiento interanual fue positivo en el tercer trimestre en un 0,2%, la primera tasa positiva después de siete trimestres de caídas. De todas formas, el tercer trimestre significó un estancamiento del (PIB) después de una perceptible recuperación en la primera mitad de año. La ralentización se explica sobre todo por los efectos del aumento de los tipos de gravamen del (IVA) en julio, por el agotamiento de las ayudas directas para la compra de automóviles y por las medidas presupuestarias restrictivas como el recorte del sueldo de los funcionarios. Las previsiones son que el crecimiento reaparezca en la última parte del año y sobre todo a lo largo de 2011, cuando se espera que la recuperación se afiance definitivamente.

En general, en 2011 las economías avanzadas continuarán registrando un crecimiento lánguido, mientras que las emergentes sólo ralentizarán ligeramente el buen ritmo que vienen desplegando a lo largo de 2010. En materia de inflación también se han puesto de manifiesto estas divergencias. Así, es muy probable que los países industrializados mantengan una política monetaria laxa, a la vez que los menos desarrollados sigan restringiéndola.

La economía de Estados Unidos, que acumula una baja utilización de la capacidad productiva y una moderada tasa de inflación, es uno de los actores principales en esta divergencia. Los datos del tercer trimestre siguen apuntando a una recuperación modesta, con una economía que creció un 0,5% intertrimestral. En este complejo contexto se enmarcan las últimas actuaciones de la Reserva Federal. En su reunión del 3 de noviembre, la Fed tomó una decisión de gran transcendencia: ampliar el programa de compra de bonos para apoyar la reactivación del crecimiento y sostener la estabilidad de precios evitando caer en deflación.

La estrategia que ha decidido seguir la institución que preside Ben Bernanke cuenta con partidarios y detractores. Estos últimos argumentan que el exiguo beneficio económico no compensa el elevado riesgo de inflación que se asume. A este respecto, importantes miembros de la Fed han salido al paso de estas críticas recordando que la institución dispone de los instrumentos necesarios para endurecer las condiciones monetarias sin necesidad de reducir el tamaño de su balance.

En un escenario en el que el BCE no vislumbra cambios sustanciales y en el que el grueso de la liquidez ya se ha drenado, es previsible que los tipos interbancarios del euríbor no registren variaciones importantes en los próximos meses. En un horizonte de medio plazo es probable que, a medida que el banco central vaya drenando liquidez o señale con claridad que comenzará a subir los tipos oficiales, los interbancarios europeos inicien una suave senda alcista.

Por su parte, países como China, Brasil, Corea del Sur, India o Chile han registrado fuertes crecimientos económicos y un importante repunte de los riesgos inflacionistas. La respuesta de los bancos centrales nacionales ha sido subir los tipos de interés oficiales para mantener bajo control dichas presiones. En este complejo entorno, la pauta de comportamiento de las principales bolsas se ha caracterizado por las divergencias y los movimientos erráticos. A medio plazo las perspectivas de la renta variable internacional siguen siendo positivas, aunque los analistas no descartan altibajos.

La mayor caída de las bolsas europeas y sobre todo de la española ha empujado los indicadores de valoración a niveles atractivos. Por esto, en el horizonte del medio plazo, a medida que la crisis de la deuda pública en la eurozona vaya remitiendo, deberá cerrarse la brecha con respecto al precio de la renta variable de Estados Unidos y de los países emergentes, una evolución que reflejará la recuperación de la confianza y la superación de este nuevo episodio de crisis de deuda.

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