edición: 3100 , Miércoles, 2 diciembre 2020
02/12/2016
banca 
La CNMV no pudo controlar el ataque en este caso

La crisis del Popular recupera el dilema de poner límite a las posiciones cortas

La historia se repite en el Popular: en 2009 el 33% de las acciones estaba en manos de numerosos inversores en posiciones cortas, en esta ocasión ha estado cerca
Los denominados `accionistas díscolos´ han podido aprovechar el interregno del supervisor para lanzarse a tumba abierta y forzar la salida del presidente Ángel Ron.
Juan José González
Las posiciones cortas se han convertido en la mejor pieza de artillería para hacerse con el banco, una batalla previa y necesaria para la siguiente batalla: la fusión con otra entidad. Según fuentes del mercado, "para estos inversores 100 millones de euros de pérdidas no significan un quebranto, tan sólo un ligero traspiés". La afirmación estaría alimentando la opinión que sitúa la provocación de la crisis para pasar al escenario siguiente: la necesidad de una fusión. Y esta sería la única vía posible para rentabilizar la inversión de los inversores latinoamericanos, siendo las posiciones cortas la clave utilizada en la batalla de acoso y derribo del presidente del banco. La historia se repite. En 2009 el 33% de las acciones del Popular se encontraba en manos de numerosos inversores con posiciones cortas. Eran otros tiempos y otros problemas. Por esta vía parecen haberse `colado´ los asaltantes al castillo que han tenido la ventaja de hurtar a la CNMV el control de sus acciones. Y todo indica que con buenos resultados para sus objetivos. Las posiciones cortas se han demostrado un arma de enorme eficacia.
Pero más allá de los resultados, de las tres razones que suelen citar los defensores de las posiciones cortas, al menos dos, han mostrado su lado más benéfico. Si en el caso del Popular, una posición corta ha servido como cobertura de otra posición larga o alcista, sí ha servido para algo. Si además la posición corta, en la caída de las acciones del Popular ha generado más mercado, es decir, más actividad negociadora, seguramente habrá servido a los inversores `pillados´ como salida o escapatoria por la liquidez generada. Las posiciones bajistas, como operativa de valores, ya suscitaba dudas a las autoridades en 2009, cuando el 33% del Popular estaba en posiciones cortas. Siete años más tarde han resultado letales para el banco, donde ya se han cobrado la primera víctima, el presidente Ángel Ron.

Algunos expertos que han seguido la caída (puede decirse que libre) del Popular en la Bolsa señalan que han advertido "elementos de victimismo" y "acusaciones vanas" sobre los especuladores, que han tratado de aprovecharse de la crisis de gobierno en la entidad. En este sentido, el banco no tenía los suficientes argumentos como para hacer frente con éxito al enemigo en casa, a las posiciones en corto, debido a que difícilmente podía generar opiniones a favor sobre la buena marcha de los resultados. Recordar la caída de los títulos del Popular tras la presentación de los resultados del tercer trimestre, donde el banco anunció que destinaba el cien por cien del beneficio a provisiones. En la misma cita confirmó que podría cerrar 2016 con unas pérdidas de 2.000 millones de euros.

Sin embargo, resulta discutible que las posiciones cortas, en este caso, hayan servido para frenar los excesos y colaborar a mantener la disciplina en el mercado, pues es difícil creer que una caída del 70% en el valor de la acción del Popular, y en tan sólo dos meses, responda a una valoración razonable de lo que vale el banco. Prueba de ello es que en la sesión de ayer, tras el anuncio del cambio en la presidencia de la entidad, la cotización rebotó con fuerza.

En el fondo, cuando se presenta un escenario de crisis como el que sufre este banco, las autoridades, el supervisor del mercado financiero, puede (y debe) hacer uso de sus funciones de control, de exigencia de transparencia y solicitar toda la información necesaria para clarificar las posiciones cortas en todas sus dimensiones. La CNMV contaría con la capacidad de limitar o suspender la operativa de estas posiciones cortas si tuviera constancia de la formación irregular del precio, o de cuya actividad se pueden derivar graves perjuicios para los inversores.

En todo caso, la crisis del Popular, respecto a la negociación bursátil en los últimos tiempos, recupera el dilema sobre el efecto de las posiciones bajistas, tan característico en las crisis de expectativas futuras, como en momentos claves que pueden afectar a las economías, a los mercados o a los gobiernos. Los vaivenes habituales en el mercado bursátil suelen ser el mejor caldo de cultivo de esa operativa. Tan sólo hay que recordar algunos episodios de mercado en 2009, cuando los inversores llegaron a tomar posiciones en los bancos españoles, como por ejemplo en el Santander, donde distintos inversores llegaron a tener prestadas (en posiciones cortas) el 9% de sus acciones, o del BBVA con un 12%, Bankinter el 25%. Entonces, el 33% de las acciones del Popular estaba en manos de inversores con posiciones cortas. La CNMV parece que está obligada a darle una vuelta a la operativa de las posiciones cortas; hoy es el Popular pero mañana, o pasado, puede ser otro banco u otra compañía de mayor tamaño, lo que sería algo más que un problema.

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