edición: 3057 , Miércoles, 30 septiembre 2020
30/05/2012
Con la ayuda del “artillero” De Guindos

La crisis engulle al Gobernador

Un gobernador del Banco Central que abandona el cargo… el peor mensaje para los ciudadanos, para el país y para los mercados
Miguel Ángel Fernández Ordoñez, gobernador del Banco de España
Juan José González

Aseguran en Cibeles que en uno de esos días de invierno, pasadas las doce de la noche, un taciturno y cabizbajo Ordóñez, escaleras abajo, cerca de ganar la calle, fue saludado por un funcionario de nivel 29: “debemos evitar que la jornada termine con el día”, a lo que el gobernador contestó, “pues sí, y es que el frío agarrota el pensamiento”. La cita del supervisor Ordóñez era del filósofo francés René Descartes (1596-1650) presumiblemente leído y consultado por el inquilino del ruidoso despacho de Cibeles, en un intento de buscar inspiración para resolver los problemas de cajas y cajeros, bancos y banqueros aplicando un método científico, intento al que habrá renunciado ayer con el adelanto en un mes de su salida del Banco de España. Al final, triste final, el “Discurso del método” ha sido vencido, víctima de la traca final encendida por el artillero De Guindos en un alarde de maestría pirotécnica. El paso de Ordóñez por Cibeles será recordado, seguramente, con el mismo entusiasmo que el de Zapatero por Moncloa, con un balance aterrador, con un activo sin nombre y un pasivo destinado, directamente, a formar parte de la historia de los disparates.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez, todavía hoy en el cargo de Gobernador, era tan consciente de las debilidades del sistema financiero como inconsciente en el momento que aceptó la oferta de Pedro Solbes para dirigir, precisamente, la reforma del Banco de España. Los diferentes cuerpos técnicos, funcionarios del Banco, nunca le perdonaron la actitud altiva y distante de sus discursos privados. Desde el primer día, en la toma de posesión, Ordóñez aseguró que su paso por el Banco no quedaría en anécdota, “vengo para cambiar muchas cosas”, dijo a un colaborador que le recibió con un abrazo, aunque meses más tarde debió emprender la vía de la emigración a Centroeuropa para sobrevivir.

Ordóñez no logró en ningún momento, colgar la chaqueta de espiga, gris, arrugada y gastada de secretario de Estado de Economía. La mantuvo cuando “atizaba” al gobierno de Zapatero con los costes laborales, con la reforma de las pensiones y con la machacona idea de reformar el mercado de trabajo sí o sí, hasta el punto de convertirse en el adalid de una reforma que le tocaría proponer al partido que no le deseaba.

Sus enemigos (porque no tenía ni amigos ni afines) le reprochan haber tomado pocas decisiones y haber cometido innumerables errores. Si Rodrigo Rato necesitó dos años para certificar el fiasco de Bankia y cargar con toda la carga de la culpa, Ordóñez, con cerca de seis años de trabajo en el Banco central multiplicará la suya por tres. La relación de reproches puede ser interminable aunque quizás el único descargo que pueda beneficiarle es la magnitud de la crisis que le ha sorprendido en Cibeles. Es probable que aquel secretario de Estado de Economía no haya sido el perfil requerido, financiero por supuesto, para el cargo, sino que además haya resultado ser el peor técnico para esta situación.

Los técnicos del Banco no le perdonarán, entre otras cosas, que haya dejado a un lado los informes que anunciaban algo parecido a un tsunami en el sector financiero español. Técnicos que han identificado como desprecio la actitud de un gobernador distante de los trabajos del que seguramente es el servicio de estudios más prestigioso de la banca central europea. Lo cierto es que será preciso esperar a que pase un tiempo para hacer un análisis del trabajo de Ordóñez, a cierta distancia de los problemas y situaciones complejas, vividos en estos meses, especialmente, en las últimas semanas.

Ahora se va, recogerá sus papeles durante las tardes de la penúltima semana de junio. Y como el tiempo apremia, la tarea tan urgente como necesaria, es restablecer la normalidad y la dirección en el Supervisor bancario, no tan tocado ni golpeado por la falta de credibilidad que desde muchos grupos se pone en duda, como despreciado y ninguneado por un ministro de Economía antes infiel e insolidario que respetuoso y colaborador hacia la figura del gobernador del Banco de España. Ahí es donde se gana o se pierde la credibilidad. Seguramente, alguien pensará en la calle que muy mal deben andar las cosas por España para que un gobernador del banco central tenga que irse un mes antes de que finalice su contrato. Con la que esta cayendo.

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