edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
19/04/2010
J.J. Almagro, director de RSC de Mapfre

“La crisis ha puesto de manifiesto que contra la irresponsabilidad, la ley no es suficiente”

ICNr
Vivimos una época de grandes paradojas donde, como diría Lipovetski, asistimos a una “oleada ética”, donde proliferan las alusiones a la ética, a la responsabilidad social, a la importancia de la confianza, pero donde, sin embargo, hay una cadencia patente de ética en todas las esferas de la sociedad. Según Juan José Almagro, Director General de Comunicación y RSC de Mapfre, “si esta oleada ética es cierta, tendríamos que ponernos a la tarea de hacer que la gente de verdad se crea la importancia de la ética”.

Para Almagro, que analizó la cuestión del retorno de la RSE en el Seminario ÉTNOR, “el capital impaciente y los directivos indecentes nos han sumido en una profunda crisis económica, y la ley, como se ha podido comprobar, no es suficiente para evitar estas situaciones”. La Ley Sarbanes Oxley, aprobada en EE.UU en 2002, es un claro ejemplo de ello. Esta ley pretendía, tras una década de escándalos financieros importantes, como Enron o Worldcom, fortalecer el gobierno corporativo y restaurar la confianza de los inversores a través de una monitorización constante y exhaustiva de las empresas que cotizaran en bolsa. Su finalidad era evitar fraudes y riesgo de bancarrota, protegiendo al inversor. 6 años después la historia se repite y caen los gigantes de EE.UU en una situación sin antecedentes que nadie podía imaginar.  “La ley, si no tiene un sustrato de principios y valores que subyacen en la cultura de empresa, difícilmente va a poder solucionar algo”, concluía el ponente.

En cuanto al retorno de la RSE, Almagro afirmó que “es difícil cuantificar el precio de la RSE, pero lo que es más fácil es cuantificar el precio de la irresponsabilidad”. “El conjunto de las ayudas que han recibido las empresas a causa de la crisis supera el coste de la II Guerra Mundial. Este es el coste de la irresponsabilidad”, y todavía está por ver quién lo va a pagar, ¿Lo pagaremos entre todos?, ¿Lo pagaran sólo unos pocos? Lo que es seguro es que, como siempre, los más pobres saldrán más perjudicados.

Almagro también analizó como la complejidad de los sistemas nos han roto los esquemas con los que estábamos acostumbrados a funcionar; “los organismo son más vulnerables a medida que se hacen más complejos”, y está ley de la biología es perfectamente aplicable al mundo empresarial. Hoy tenemos empresas que concentran más poder que países enteros. Como consecuencia de esta situación, “tenemos que aprender de nuevo a gestionar nuestras empresas”, recuperando valores olvidados en un cajón como son la transparencia, la confianza, la honestidad, la cultura del esfuerzo y el trabajo, etc. Parece como si la humanidad se hubiera olvidado de todo lo aprendido, y tuviéramos que volver a aprenderlo todo, desandar lo andado y volver al principio. Recogiendo las palabras de Orwell el ponente afirmo que “más bien hay que volver a la decencia común”. “Se dice que la RSE está de moda. Yo más bien creo que, como afirma Adela Cortina, la responsabilidad de las empresas es un tema de actualidad por imperiosa necesidad, porque las modas pasan, pero las cuestiones actuales siempre están ahí, y la esencia de la responsabilidad social es y será siempre un asunto prioritario”. “Las empresas, o son responsables o no serán en el futuro”, sentenció.

Almagro esbozó las líneas generales de cómo debe ser una empresa ciudadana. En primer lugar, cuando hablamos de RSE debemos entenderla como Buen Gobierno, porque no hay RSE si no hay cumplimiento estricto de las leyes, transparencia en la gestión e información y comportamiento ético. En segundo lugar, estaría la responsabilidad social propiamente dicha, que desde el momento que la empresa se compromete con ella, por ejemplo haciendo una memoria de RSE, es una cuestión exigible, ya que la empresa debe dar cuentas a la sociedad respecto de los compromisos adquiridos. Por último, una empresa ciudadana es una empresa que contribuye a la sociedad a través de la acción social, y esta es una cuestión aconsejable si la empresa puede permitírselo. Para Almagro, estas tres dimensiones de la RSE las recoge muy bien Adela Cortina al describir la responsabilidad social como “una herramienta de gestión, una medida de prudencia y una exigencia de justicia”.

En cuanto a la actuación de las administraciones públicas y los gobiernos Almagro se mostró contundente. “En primer lugar, el Gobierno tiene que creerse la RSE, y la administración pública tiene que aplicarse la RSE y servir como ejemplo”. Para Almagro, “hemos perdido una oportunidad única en la Conferencia Europea de RSE en Palma” “era el momento de potenciar una iniciativa única en el mundo como es el Consejo Estatal de RSE, un foro de diálogo entre todos los grupos afectados por la actividad económica y empresarial, teníamos que enseñarle al mundo nuestro modelo y comprometernos con la RSE como factor decisivo para el cambio del modelo económico, pero no se ha sabido aprovechar esta oportunidad”. Para Almagro, el Gobierno debe comprometerse realmente con la responsabilidad social con medidas concretas, algunas de ellas de fácil aplicación, como por ejemplo, destinar un 10% de los fondos estatales a inversión socialmente responsable, introducir en serio las clausulas sociales en los procesos de contratación pública, etc. y “no dejarlo todo en otorgar un sello o certificado, que hasta ahora es la única propuesta que se ha concretado”. “Los europeos tenemos un modelo propio de RSE que combina perfectamente responsabilidad social y buen gobierno, y que se aleja del modelo iberoamericano basado en la acción social, o del anglosajón, más centrado en la gobernanza y el cumplimiento de la ley”. Tenemos que ver el modo de potenciar ese modelo, aprender de los errores, y superar la crisis. Como recoge Schumpeter, la “Destrucción Creadora” es el hecho esencial del capitalismo, y la vida es una sucesión de crisis. “Sólo los que aprenden de ellas y saben cómo resistirlas superan las crisis”.

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