edición: 2287 , Miércoles, 23 agosto 2017
09/10/2008

La crisis obligará a la Banca a cambiar de tamaño

Juan José González

José Luís Rodríguez Zapatero, Pedro Solbes, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, Rodrigo Rato, Manuel Pizarro, Mariano Rajoy, y varios líderes empresariales, todos ellos, de forma más o menos directa, o veladamente, han coincidido en los últimos tiempos en que la Banca española debe cambiar de tamaño, después de los últimos acontecimientos internacionales y no porque nuestros bancos hayan fallado, sino porque el escenario será otro en los próximos meses, incluso para los que lo han hecho bien.

El Gobernador del Banco de España fue meridianamente claro y conciso en uno de sus recientes discursos ante sus señorías en el Congreso: “la Banca en España tendrá que reestructurarse” y en esta batalla los banqueros españoles, si hacemos caso a Jean Claude Trichet “seguro que van a razonar más rápido que los norteamericanos”.

El tamaño del sector bancario en España comienza ya a ser comidilla, discurso, tertulia y cuestión de urgencia entre la clase política y empresarial. La gran banca española ha podido observar en las últimas semanas, desde la barrera, la caída de los míticos bancos de negocios norteamericanos, ¿quién lo iba a decir?. Han sido, asimismo, testigos del descalabro de la Banca de Reino Unido, así como de otros episodios a lo largo y ancho de Europa y Asia.

Un debate sobre el tamaño, que comienza en el mismo instante en que se suscita la siguiente reflexión: llegado el momento de aplicar un ‘plan de rescate’ al sector bancario (bancos y cajas), los ‘rescatadores’, es decir, Gobierno y Banco de España, cómo abordarían la cuestión sobre qué bancos serían susceptibles de ser rescatados.

Desde hace varios meses en distintos medios empresariales, políticos y financieros se intenta despejar la pregunta del billón: ¿quién tiene que salvarse y quién no? Y parece que la decisión le va a corresponder al Gobierno; deberá ser una decisión política, al igual que hemos visto cómo se tomaban en EE UU, Reino Unido, Alemania, Holanda…

Parece que hay consenso en el mundo financiero en que hay demasiados bancos y también demasiados banqueros, y que de todos ellos  han salido muy pocos proyectos y, por tanto, muchos de ellos estarían de más, lo que equivale a afirmar que el sector necesita adelgazar en forma de integraciones o fusiones y por tanto un ajuste de personal. Se apunta a los políticos como los protagonistas de un trabajo ‘sucio’ que es eliminar como sea esa sensación de pánico, para que los bancos con buena salud se mantengan y buscar una solución para los que estén tocados.

Buena parte de los bancos españoles (por supuesto, cajas incluidas) necesitan recapitalizarse, bien convirtiendo sus deudas en renta variable, como han sugerido diversos centros de estudios, o bien con la entrada en el capital del propio Gobierno. Si el sector financiero entra en crisis y es necesario una inyección de capital, es decir, un plan de rescate, debería estar despejada, previamente, la duda sobre si es un banco a salvar, o a abandonar, o un banco que deba modificar su tamaño… Una de las ideas que flota en el ambiente, desde la etapa de Jaime Caruana en Cibeles, es la búsqueda de alguna fórmula para reducir el número de cajas de nuestro sistema financiero. Alguna de esas ideas tendría en la coyuntura actual un buen argumento para poner en marcha un proceso de reducción.

La idea de subvencionar a un banco con problemas no esta precisamente bien aceptada por los contribuyentes, siquiera sea a cambio de una menor carga de impuestos. Por eso, la aplicación en Europa de una especie de ‘plan de rescate a la americana’, debería contar antes con algo muy complicado de elaborar; un inventario de entidades que pueden ser salvadas del naufragio y que serían las que recibirían las ayudas necesarias de dicho plan.

Pero antes de seguir haciendo cábalas no hay que perder de vista la legislación comunitaria, puesto que cualquier plan de rescate se hace en base a recursos públicos y, como se sabe, en la UE la normativa es muy estricta con los déficit excesivos, aunque el carácter excepcional de los problemas justificaría un aplazamiento de alguna norma.

De la misma forma y por el mismo motivo (crisis financiera internacional) que “la idea del fondo de 30.000 millones se venía estudiando desde hace varios meses” afirmó ayer Pedro Solbes ante la Comisión de Política Fiscal del Congreso de los Diputados, es muy probable que los criterios para aplicar un hipotético ‘plan de rescate’ financiero en España ya deben contar con más de una y dos vueltas.

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