La crisis provoca la vuelta de la deuda perpetua
edición: 2534 , Viernes, 17 agosto 2018
12/06/2012
Idea del anterior tándem de Economía Salgado-Campa

La crisis provoca la vuelta de la deuda perpetua

Ya se ha hablado del volumen de deuda perpetua que sería necesario para cumplir objetivos de déficit
Juan José González

Es probable que dada las altas temperaturas de finales de agosto, el dúo Salgado-Campa, vicepresidenta económica y secretario de Estado, se viera obligado a pensar en todo tipo de alternativas al agujero que registraban las cuentas del Estado. Porque de aquéllas temperaturas nació la idea de convertir la deuda soberana en deuda perpetua. Campa ya se había ilustrado al respecto y conocía el cómo y el porqué de la decisión de la Reserva Federal estadounidense, que en su día, acosada por los mercados, había decidido sustituir deuda a corto por deuda a largo. Pues bien, en las últimas reuniones del Eurogrupo un ministro del sur no descartaba la idea de la conversión en el bien entendido de que aquéllos países que deben dinero y cuya perspectiva señale la práctica imposibilidad de devolverlo (Grecia) acaben por convertir su deuda soberana en deuda perpetua, en compromiso de pago aplazado sine die, por tanto, deuda sin fecha de vencimiento fijada, cuyo emisor atienda regularmente el pago de intereses y que, al cotizar como deuda en el mercado secundario, pueda ser amortizada en función de las disponibilidades. En esencia, se trata de refinanciar, y pagar, lo que ahora no se puede, pero más tarde, y para ello, el Estado puede hacer esa conversión en perpetua.

Puede ser la única solución a los impagos soberanos de Grecia, Portugal, Irlanda y otros que pueden venir detrás, siempre que exista voluntad del deudor, en este caso, el emisor, el Estado, de pagar, de amortizar las deudas. Los más teóricos suelen reaccionar a esta solución para la deuda argumentando que en realidad toda la deuda del Estado es siempre perpetua, puesto que las entidades bancarias acostumbran a renovar plazos, es decir, siempre se esta emitiendo deuda que viene a sustituir a emisiones con vencimiento. Para muchas entidades, no es lo mismo deuda a largo que deuda perpetua.

En el mercado español la deuda perpetua tiene su historia, cuando hace unas décadas cotizaba en la Bolsa de Madrid, con un cupón que aseguraba una de las mejores rentabilidades del momento, allá por la década de los setenta. Además cotizaba habitualmente por encima de la par, por tanto, la deuda perpetua (representada físicamente en bonos) era un producto interesante para las empresas y particulares. Casualidades de la vida, la historia parece querer recuperar el carácter de perpetuidad porque aseguran que hay motivos para ello. Quizás fue el carácter de oportunidad lo que hizo pensar a Salgado y Campa en la deuda perpetua el verano pasado.

En principio, la deuda perpetua lo es sólo para el emisor y no para el que la adquiere, lo que significa que para este último si desea deshacerse de ella, puede acudir a la bolsa, puesto que esta cotizada. El trabajo del emisor, el Estado, puede acudir a comprar deuda al mercado en función de sus necesidades lo que significaría, por tanto, capacidad libre para amortizar la deuda, o lo que es lo mismo, acortar el volumen de la perpetuidad.

El único contratiempo que puede sufrir el emisor es que los plazos mayores, los de mayor volumen, coincidan con momentos complicados de crisis para liquidar los pagos. En todo caso, el mercado de deuda perpetua, extendido por toda Europa y EE UU, debe contar con un nivel elevado de disciplina fiscal, lo que obliga a los Estados a cumplir con el compromiso de ir recomprando sus bonos hasta llegar a haber cubierto la cantidad que se solicita. 

Al lado de los inconvenientes figuran algunas ventajas, como es que en situaciones de crisis financieras, los problemas de mercado serán soportados por los inversores privados, empresas, a través de las fluctuaciones bursátiles, y no por los países emisores los cuales suelen cargar con todo el peso de la deuda.

Un último asunto de la perpetuidad de la deuda tiene que ver con la soberanía de los Estados cuando se trata de compartirla. Y en este sentido, cabe afirmar que siempre será mejor compartir una parte de nuestra propia soberanía con economías más adelantadas, lo cual puede significar que están en mejor situación que la nuestra.

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