edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
04/02/2011

La crisis sin salida de Egipto amenaza su sistema financiero

Carlos Schwartz
El asalto de fuerzas pro gubernamentales contra los opositores que ocupan las vías públicas en El Cairo ha fracasado en sus objetivos. Estos eran dos: eliminar el control de las calles ejercido por los opositores o, en caso de no lograrlo, provocar la intervención del ejército contra los rebeldes. Pese a que la neutralidad del ejército favoreció a la acción de los provocadores, la evidencia de que los objetivos no cuajaban llevó anoche a un cambio de actitud del Gobierno que por boca del primer ministro Ajmed Shafik afirmó que estaba dispuesto a ir a la plaza Tajrir para “hablar con los manifestantes”. Pese a que esto fue sólo una formulación demagógica es un reconocimiento de que los opositores siguen controlando la plaza en vísperas de una nueva movilización que se espera que hoy congregue otra vez a un millón de manifestantes. De acuerdo con las conversaciones telefónicas con fuentes opositoras en El Cairo, una vez más la posibilidad de un reacción militar contraria a las movilizaciones opuestas al Gobierno ensombrece el panorama.

“De hecho la situación política está bloqueada. Mubarak no está dispuesto a dimitir y del otro lado la movilización no cejará”, afirmó una fuente consultada anoche. Las fuerzas opositoras esperan y confían en que el ejército mantenga la neutralidad manifestada hasta ahora. Sin embargo, la neutralidad beneficia a las huestes de Mubarak y no se puede descartar que finalmente el ejército rompa la baraja y reprima a los opositores al Gobierno.

El bloqueo de la situación política en Egipto comienza a combinar una serie de efectos económicos adversos cuya acumulación puede agravar la situación del país a muy corto plazo. Los inversores extranjeros han paralizado la inversión directa y la inversión especulativa se ha retirado parcialmente del país, en la medida que le ha resultado posible a lo largo de un mes de inquietud desde las elecciones parlamentarias de diciembre pasado. El cierre de la bolsa y el cierre bancario en medio del caos reinante han impedido de momento que la fuga de capitales se convierta en una avalancha.

La presión sobre el presidente Hosni Mubarak para que abandone el poder y de paso a un gobierno de transición por parte de la mayoría de los gobiernos occidentales no solo está determinada por el papel geopolítico de Egipto, sino además por el temor a una crisis de balanza de pagos del país y sus consecuencias sobre un importante volumen de inversión extranjera. La inversión extranjera de corto plazo mediante el carry trade se centra en las letras del tesoro con alta rentabilidad. Es decir dinero tomado a muy bajos tipos de interés en Europa y Estados Unidos por las instituciones de crédito y colocado en libras egipcias por la vía de las letras del Tesoro.
 
Las reservas en divisas del Banco Central de Egipto (BE) son de 33.000 millones de dólares de acuerdo con los datos a fin de diciembre de 2010. Sin embargo Barclays Capital estima que existe un importante colchón de reservas no declaradas por el BE resultado de esterilizar la entrada de capital a corto plazo invertido en letras del Tesoro. Ese colchón sería del orden de los 8.000 millones de dólares, con lo cual las reservas totales del país serían del orden de los 41.000 millones de dólares. El escenario que se podría producir es similar al que asoló a Egipto tras la crisis de Lehman Brothers. En aquella oportunidad, los inversores extranjeros redujeron en un 50% su presencia en los mercados de capitales (bolsa) y vendieron totalmente su participación en letras del Tesoro. De reproducirse ese escenario, Barclays Capital estima que el país vería reducidas sus reservas agregadas de 41.000 millones de dólares a 23.000 millones de dólares, por debajo de nivel en el que quedaron las reservas tras la crisis de Lehman Brothers y equivalente a 5,5 meses de importaciones.

Si en ese escenario se introduce la variable de una aceleración del déficit por cuenta corriente, y una suspensión total de los flujos de capitales exteriores destinados a inversión directa, los resultados pueden ser peores y llevar las reservas al equivalente de tres meses de importaciones de acuerdo con el análisis de Barclays Capital. El lunes pasado, Moody's bajó la calificación soberana de Egipto de Ba1 perspectiva estable, a Ba2 con perspectiva negativa. El miércoles, procedió a reducir la calificación de los depósitos en moneda local y los depósitos en divisas a largo plazo de los cinco principales bancos del país. Moody's ha bajado además la calificación a la capacidad de intervención sistémica del Gobierno para asistir a la banca a causa de la crisis.

Las modificaciones de la calificación de los cinco bancos por parte de la agencia están directamente relacionados con las perspectivas de que la crisis política se prolongue en el tiempo sin una solución clara. En ese caso, lo más probable en una lógica de control monetario es que el Banco Central de Egipto congele los depósitos de particulares en moneda local y divisas.

Esa sería una forma de impedir una carrera sobre los depósitos bancarios que ponga en jaque al sistema financiero egipcio. Lo menos que se puede esperar en ese sentido son fuertes restricciones a la disponibilidad de los depósitos de clientes. La banca egipcia goza de un considerable colchón de liquidez, pero este no podría hacer frente a un pánico de los clientes. En este panorama es de esperar que el banco central mantenga echado el cerrojo sobre la bolsa y el sistema bancario. Pero en tanto que esas medidas no se pueden mantener indefinidamente, en ausencia de una resolución de la crisis política la reapertura de los mercados y los bancos se hará en condiciones cada vez más críticas para el sistema.

La liquidez del sistema bancario egipcio se calcula en unos 50.000 millones de dólares, equivalente a un 23% de sus activos totales, y los analistas estiman que la relación de créditos a depósitos en promedio en la banca egipcia es del 50%. Sin embargo, todos estos reconfortantes parámetros se pueden convertir en una barrera insuficiente si hay una carrera sobre los depósitos. La creciente incertidumbre sobre la resolución del conflicto implica al mismo tiempo que el tipo de cambio de la moneda que se mantiene estable gracias a la permanente intervención del banco central sobre la base de la acumulación de divisas puede dar paso a una fuerte devaluación de la libra egipcia una vez que los mercados regresen a la actividad. En la medida que las letras del Tesoro en las que están invertidos los recursos de no residentes a corto plazo están denominadas en moneda local, una devaluación de la libra egipcia se vendría a sumar a las pérdidas potenciales de los inversores extranjeros. No es extrañar entonces que el conjunto de los gobiernos occidentales se hayan sumado a la presión para una resolución rápida de la crisis con la salida del Gobierno de Mubarak y la formación de un gobierno de transición. Tanto para Europa como para Estados Unidos la figura en la que se deposita la confianza es el premio nobel de la paz Mohamed El Baradei, quien sin embargo no consigue aglutinar a la oposición.

Entretanto, las petroleras multinacionales con concesiones en suelo egipcio han dejado de operar y han sacado del país a sus técnicos. La producción de petróleo, insuficiente para cubrir toda la demanda interna, está paralizada de momento. Siguen operando los campos de gas, de los cuales España es el principal cliente con un total de 101.000 millones de pies cúbicos en 2010 a través de los contratos de Gas Natural. Estas importaciones sin embargo se mantienen dentro de niveles mínimos por la caída del consumo dentro de España. Por otra parte, los temores sobre la navegabilidad del canal de Suez se han sumado a la presión sobre el precio del barril de petróleo. Sin embargo, es altamente improbable que se registren restricciones al tráfico marítimo por el canal, algo que solo ha ocurrido con motivo de la nacionalización del canal tras la llegada al poder de Gamal Abdel Naser en 1956 o durante alguna de las guerras con Israel.

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