edición: 2366 , Lunes, 18 diciembre 2017
07/03/2013
Potenciales aliados económicos y grandes petroleras internacionales observan el proceso con expectativas opuestas

La desaparición física de Chávez deshiela el proceso de la transición dando comienzo a inevitables cambios

Carlos Schwartz

El líder indiscutido de las masas venezolanas y dirigente carismático para las corrientes del nacionalismo latinoamericano ha dejado un hueco imposible de ser llenado por ninguno de sus fieles seguidores. Su muerte ha descongelado el proceso sucesorio al que se resistieron los dos hombres clave del régimen mientras el presidente electo estuviera vivo, el vicepresidente Nicolás Maduro y el presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello. Pese a ser conscientes de que la muerte de Chávez era inevitable, algo refrendado en los hechos por su retorno al país para recibir cuidados paliativos, la cúpula del movimiento dejó pasar el tiempo sin una intervención que clarificara el estado terminal del presidente electo preparando la vía de las elecciones para su sustitución. Está claro ahora que contaban con que el desenlace sería a corto plazo. En una maniobra que demuestra habilidad táctica optaron por tomar la muy impopular medida de una postergada devaluación con Chávez aun vivo para presentar de forma tácita esta medida como consentida por el dirigente. La devaluación del 46% fue un golpe considerable para el poder adquisitivo de los sectores peor remunerados del país y una advertencia de que se ciernen tiempos difíciles.

Es de suponer que ahora que el presidente electo ha muerto el proceso electoral será anunciado en un muy breve plazo. Tanto Maduro como Cabello saben que esperar desatará un curso de deterioro político y puede abrir un abismo entre los dirigentes y las masas que los apoyan si hay algún traspié económico imprevisto. La celeridad también tiene que ver con la necesidad de mantener presente el espaldarazo de Chávez a Nicolás Maduro como su sucesor en unas eventuales elecciones a la hora de abandonar el país para su última intervención en La Habana. Espaldarazo que corre el riesgo de diluirse si hay una espera excesiva.

La única lectura posible de cualquier retraso en el anuncio del proceso electoral será de desacuerdos en el seno del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Está claro a estas alturas que el extinto dirigente tenía plena consciencia del más probable final en lo que a él concernía y actuó en consecuencia proclamando a su sucesor antes de su viaje. El hermetismo desencadenado desde La Habana sobre el desenlace real no ha jugado a favor de la sucesión. A la vista de lo que ha ocurrido parece más bien una operación de desinformación de formaciones enemigas en una guerra que el manejo de una situación política con fuerte repercusión social.

A día de hoy nadie duda que si las elecciones se convocan en el plazo legal previsto Maduro será el nuevo presidente de Venezuela. Otra cosa será su capacidad para gestionar una situación económica sumamente crítica que depende en definitiva de que Petróleos de Venezuela (PDVSA) pueda sostener el nivel de producción, que ha caído de forma continuada desde 2003, y del precio internacional del hidrocarburo. De acuerdo con las estimaciones de analistas internacionales la producción de crudo de Venezuela ha caído en los últimos 10 años de 3,1 millones de barriles diarios a 2,7 millones de barriles diarios.

Mientras, las reservas probadas del país han crecido pero se quedan bajo tierra. Sin embargo es necesario considerar como un factor de extrema importancia que el país tiene las mayores reservas mundiales de crudo. Con 297.900 millones de barriles supera a las de Arabia Saudita que tiene 265.400 millones de barriles. La caída en la producción de crudo mientras ha sido sorteada por el incremento del precio del barril.

Cuando Chávez ganó sus primeras elecciones en 1998 el precio del barril de crudo en el mercado internacional era de 20 dólares. Hoy en día está en el horizonte de los 110 dólares, el precio que más conviene al regulador de los mercados, Arabia Saudí. En la medida que los gobiernos de Chávez llevaron al éxodo de las grandes petroleras, en particular las estadounidenses, el ritmo de extracción se ha ido deteriorando al mismo tiempo que PDVSA se ha hecho cada vez más ineficiente.

El distanciamiento del régimen venezolano de las multinacionales abrió recientemente las puertas a la negociación con empresas petroleras de India, China y Rusia ávidas por desarrollar la cuenca del Orinoco en sociedad con PDVSA. Sin embargo la enfermedad de Chávez y la incertidumbre sobre el futuro político del país ha retrasado los acuerdos finales para la inversión extranjera. La posición de China es especialmente fuerte frente a Caracas. De acuerdo con datos publicados por la Universidad Autónoma de México (UNAM) China ha prestado a Venezuela 46.500 millones de dólares en un 95% garantizados con las ventas de petróleo. PDVSA ha sido la caja magnánima del Gobierno, su principal abastecedor de divisas para el Banco Central, y el financiador de los programas de desarrollo destinados a las capas más pobres de la sociedad. La muerte de Chávez va a desatar las incursiones de las grandes petroleras internacionales que abandonaron el país para sondear las posibilidades de regresar a la explotación del subsuelo y determinar si en principio puede haber disposición a ello.

Respecto de la situación económica que enfrenta el país, no hay perspectivas de mejoría. La única corriente real de ingresos para Venezuela es el petróleo. Si es capaz de incrementar la producción y los precios internacionales se sostienen, podrán sobrevivir con dificultad en un creciente deterioro frente a sus seguidores porque deberán tomar medidas muy impopulares sin la autoridad de Chávez, en medio del riesgo permanente de una crisis fiscal y cambiaria. Esto en lo que hace al frente interno. En materia internacional el bloque de naciones latinoamericanas más próximas al chavismo queda en el desamparo en la medida que no hay un líder que las cohesione aun en las divergencias notorias que reinan entre ellos. Por añadidura Cuba, Nicaragua y República Dominicana dependen del combustible que la venezolana Petrocaribe les entrega a cambio de materias primas, especialmente alimentarias. Una erosión de la capacidad política del futuro gobierno bolivariano en Caracas va a determinar la velocidad de una transición en Cuba.

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