edición: 2889 , Jueves, 23 enero 2020
09/06/2014
Crecer más

La deuda anula el beneficio del descenso de la prima de riesgo

Reducir el déficit -se decía- provoca un recorte del riesgo, pero los objetivos de déficit no se han cumplido y la prima está en 120 puntos
Juan José González

La prima de riesgo ha dejado de ser noticia, ya no es lo que era, nada que ver con los 638 puntos de aquella mañana del 24 de julio de hace dos años, cuando Bruselas ya había puesto a disposición del Gobierno español un rescate financiero. Aunque lo `mejor´ estaba aún por venir, porque 24 horas después la prima de riesgo tocaba los 650 puntos básicos, el nivel más alto desde la creación del euro, en tanto que el bono alcanzaba una rentabilidad del 7,75%. Ayer la prima de riesgo se mantuvo en 120 puntos y el bono a diez años en el 2,6%. Desaparece, en teoría, el peligro y con él se va el riesgo. También se va la referencia, que deja de serlo para los inversores del mercado bursátil y que en ausencia del mismo dirigen sus miradas hacia otros indicadores de coyuntura `más preocupantes´. Preocupante es la tasa de paro, convertida en el termómetro que medirá a partir de ahora, con mayor fidelidad, los resultados de las reformas del Gobierno. Es la heredera de la prima de riesgo.

Hace un año caída el paro y subía la afiliación a la Seguridad Social en 135.000 nuevos afiliados. La tasa de paro era el 26% de la población activa. Después de un año, con una mejora notable del contexto, el desempleo parece confirmar su tendencia a la baja, pero se mantiene en torno al 25%. La prima de riesgo o el riesgo país machacaba a diario sobre las cabezas de los inversores, políticos y analistas. La pesadilla parece haber remitido y los inversores acuden a la renta variable en busca de mejores oportunidades. Incluso se dan por hecho que bancos y energéticas no suspenderán dividendo, sino todo lo contrario, los mantendrán y ya hay algún amago para mejorarlos.

La prima de riesgo, la caída, se entiende, ha obrado milagros. No sólo ha permitido (y lo seguirá haciendo) abaratar la financiación del Tesoro Público con el pago de menores intereses por la deuda. A las empresas les resultará menos gravoso salir a los mercados internacionales en busca de un dinero que financie expansiones. A los fondos de inversión seguirá llegando el ahorro maltrecho de meses y años atrás de las familias: tan sólo en el ejercicio de 2013, las gestoras de fondos españolas gestionaron un 36% más de recursos que un año antes, y algunas de las más grandes se vieron obligadas a echar el freno al superar niveles que requerían de un mayor equipo de gestores.

Pero al margen de los efectos benéficos provocados por la moderación de la prima de riesgo, y entre ellos, el cese de la amenaza de estrangulamiento para las cuentas públicas, habrá que pensar en las decisiones que han llevado a la reducción del inquietante riesgo país. En primer lugar, hay que recordar que los gobiernos, tanto el socialista como el `popular´ han venido manteniendo que entre las causas que motivaban una prima de riesgo por las nubes se encontraba el déficit desbocado, y que, por tanto, era cuestión de vida o muerte reducirlo. Pasados los ejercicios de 2012 y 2013, en particular este último, la prima de riesgo ha venido recortando mientras que el objetivo de déficit no se conseguía. Y cada vez es más patente que si la prima de riesgo española se encuentra en el entorno de los 120 puntos es debido al intercambio de austeridad por la política de gestos y palabras entre el Gobierno y el BCE.

La prima de riesgo ha caído mucho, ya se puede afirmar, de forma espectacular. Los inversores extranjeros parecen haber sido los primeros `creyentes´ en acudir con su dinero para apostar por `el milagro español´. Lo hacen en consideración de que el euro seguirá siendo euro y que las expectativas de crecimiento de la economía europea y también española avanzan lentamente pero avanzan. Los inversores ya identifican en las recientes medidas del Banco Central Europeo la salvación de, al menos, de que recuperarán el principal y de los intereses, todo un negocio que comenzó a rodar para los arriesgados inversores cuando el bono a diez años rentaba un 7,75%.

Ahora las prioridades apuntan a un cambio obligado de estrategia, para conseguir que el crecimiento de la economía sea superior a lo que cuesta la deuda pública. Aunque ello signifique, en la práctica, mejorar y crecer más, únicamente para seguir pagando.

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