edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
20/05/2016
Será el azote del Gobierno

La deuda del Estado se convierte en la estrella electoral

De paso ayudará a la ciudadanía a tomar conciencia de las deudas del Estado
Juan José González
La deuda pública ya ha superado el 100% del PIB. La noticia, que no lo es tanto pues el déficit se había acostumbrado en los últimos tiempos a vivir en la zona de peligro, cerca del punto confirmado por la noticia. No es, por tanto, un problema inesperado como tampoco repentino o súbito. Al contrario, el déficit ya se `había hecho´ a moverse en esas cotas tan elevadas como habituales entre el 95% y el 100% registrado. Es todo un récord propio, marca personal individual, que consigue superar al registrado en 1909. Pero noticia puntual y anécdota histórica parecen tener el éxito asegurado como principal misil explosivo de uso permanente en la próxima campaña electoral. Tiene el récord logrado la virtualidad de haberse convertido en la que puede ser la clave de las soluciones a los problemas endémicos de la economía española: tomarse en serio gastar menos, gastar bien y, sobre todo, producir más.
Aunque los partidos políticos deberán ajustarse mucho al guion de la realidad, es decir, que aporten soluciones posibles, salidas razonables y razonadas. Puede ser la solución y las propuestas al problema de la deuda pública la llave que abra otras puertas, otras reformas de mayor alcance y calado, como el modelo productivo, el tamaño de la Administración Pública, la financiación autonómica o de las pensiones. Será interesante observar en esta campaña electoral -que promete- las propuestas partidistas escritas en un documento, o programa electoral.

Convertido en el tema estrella de la campaña política, se da por descontado que el volumen ingente de opiniones y declaraciones de políticos y expertos proporcione una documentación proporcional al citado volumen, y que sirvan como materia de formación, estudio y divulgación entre el público general. Sin duda, será un material `docente´ que potenciará entre la ciudadanía el conocimiento de las cuentas públicas. Y aunque no consigan los políticos contendientes en la lucha electoral convencernos de que cada español debe de media 24.000 euros de los 1,096 billones que el Estado contabiliza en deuda, servirá al menos para tomar conciencia de los sacrificios que se vienen encima para saldar el fiasco en cuestión.

Hasta ahora, los trabajos del Ejecutivo de turno respecto a la deuda pública, o déficit del Estado, se centraban, en especial, en actuar sobre los grandes inversores, fondos y corporaciones, bancos y aseguradoras para influir en la venta de deuda y conseguir aportar la máxima seguridad a los inversores. Y sin embargo, poco o nada se habían empleado las autoridades para informar y convencer a la ciudadanía de los motivos que justificaban tal crecimiento de la deuda pública.    

Es probable que a lo largo de la campaña haya ocasión de explicar al gran público -el que va a decidir los resultados finales en las urnas- a qué se debe esa colosal carrera de endeudamiento que comenzó en la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, entonces con una deuda sobre el PIB de tan sólo el 34%. Como también habrá que explicar -para que se entienda- el porqué de la aceleración en los gastos públicos para llegar al 100% actual. Seguramente unos candidatos donde abundan profesores, catedráticos y doctores universitarios, serán capaces de explicar cómo se llega a conseguir un récord de estas características.

Ya se sabía que uno de los males que suele habitar en el ADN latino era la ausencia de cultura de ahorro. De la misma forma que se sabe que el déficit público representado en ese billón y pico de euros no será cubierto únicamente a golpe de contener los gastos ni tampoco a golpe de disparar los ingresos. Los primeros siguen sujetos a criterios de austeridad y, probablemente, seguirán en la misma situación por una larga temporada, y los segundos parecen querer apuntar a una subida de impuestos. Si los gastos van a seguir bloqueados y los ingresos pueden llegar a provocar el efecto contrario al deseado (desincentivan la inversión productiva y la creación de empresas) la única alternativa que cabe es aumentar el Producto Interior Bruto y superar los 1,096 billones de euros que produce la población española. Sería el mejor camino para reducir la deuda y, también para poder seguir gastando.

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