edición: 2060 , Viernes, 23 septiembre 2016
10/09/2008
Crisis financieras

La doctrina de que ´cada palo aguante su vela´

Juan José González

Todavía se mantienen frescas las palabras de un representante de nuestro Gobierno cuando afirmaba que no se acudiría al rescate de ninguna entidad privada. La cita era una respuesta a la insistente petición de algún sector económico para que avalase a la inmobiliaria Martinsa Fadesa y de paso crease un precedente para próximos episodios. Se desconoce cuántos cadáveres serían capaces de ver pasar por delante el Banco de España y el Gobierno de la nación.

A propósito de la fuerte embestida que Wall Street acaba de propinar a uno de los clásicos de aquel mercado, el banco de negocios Lehman Brothers, con la caída de su cotización en un 40%, no deja de sorprender en estos últimos meses que los bancos españoles, guiados por ese sagrado criterio del Banco de España de cauta y extrema política de prudencia, se hayan apresurado a soltar lastre financiero (deuda) y hacer caja (venta de activos).

En un afán desmedido por tener hechos los deberes en caso de vengan mal dadas (todavía más), la banca española no parece estar muy preocupada por saldar deudas. En esto quieren emular, sin conseguirlo, a las compañías industriales no financieras que en los últimos dos meses han reducido por primera en vez en cinco años su endeudamiento.

Pero no es lo mismo soltar lastre para un banco que para una empresa no financiera. Se estima que los cinco principales bancos españoles (Santander, BBVA, Popular, Sabadell y Bankinter) tienen, hasta que finalice el presente ejercicio, unas necesidades de financiación de 21.000 millones de euros para poder hacer frente a sus compromisos de pago.

Cuestión esta que según los expertos no parece que vaya a ser ningún problema, si bien ese vencimiento de deuda por 21.000 millones nos lleva a preguntarnos cuál será la repercusión de estos costes en las cuentas de resultados. Según parece los balances no se verán penalizados en exceso por dichos costes aunque nos tememos lo peor.

Y como en épocas anteriores, la Banca saca a la calle toda su fuerza de venta para colocar superdepósitos y desatar una nueva ‘guerra del pasivo’, en busca de dinero más barato, con menor riesgo y así poder fortalecer los balances, teniendo en cuenta que captar pasivo hoy en día es casi tan costoso en el mercado mayorista como en el minorista.

Ahora los problemas se complican con la praxis que estamos observando en los EE UU. El Banco de España esta esperando a que suceda lo inevitable; que una entidad financiera, más bien caja que banco, rompa en crisis y diga lo que siente. Candidatas a la quiebra (sin ánimo de ser sensacionalista) hay varias, unos las cuentan con los dedos de una mano y otros con las dos.

En Cibeles saben que no es el mejor momento para hacer una crisis de ese tamaño; ¿se imaginan al Gobernador del Banco de España comunicando que una entidad financiera acaba de presentar concurso de acreedores? No es el mejor momento porque el Gobierno esta en plena eclosión normativa entre reformas, parches y medidas anticrisis de tan dudoso efecto como de improbable eficacia.

La prudencia indica que el momento más adecuado para dar a conocer qué medidas vaya a aplicar el banco oficial para sacar del atolladero financiero a varias entidades será febrero o marzo. Se quiere extremar el celo en que no se produzca la misma situación que ahora estamos conociendo a través de los medios de comunicación con la banca de negocios americana, con los intermediarios hipotecarios Fannie y Freddie o con Bear Stearns.

Si en nuestro mercado ibérico se anuncia que una caja es intervenida por problemas de solvencia ¿qué sucedería?

Aquí, nuestra Reserva Federal, no se andará por las ramas y se espera que aproveche la coyuntura para iniciar una reforma en toda regla de las veteranas entidades de crédito, después de que se hayan hecho oídos sordos en incontables ocasiones a las advertencias de Bruselas sobre la urgencia de que las cajas regularicen su gestión.

El entorno ha cambiado demasiado rápido, de la noche a la mañana (unos meses), y los agujeros inmobiliarios hacen insoportable la indulgencia del financiero que tiene asistir a la quiebra de confianza del negocio bancario, precisamente, la clave de todo lo que estamos escribiendo.

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