edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
08/03/2016
banca 
Consolidación bancaria

La EBA  pretende matar dos pájaros de un tiro: crisis del Deutsche y Unión Bancaria

El `estrés light´ sirve para proteger la herida banca germana y coincide con los planes de consolidación europeos
Juan José González
A tenor del menor interés y de la baja intensidad pública que las autoridades bancarias europeas (EBA) han aplicado a las pruebas de estrés para este ejercicio, cabría pensar que se trata, al fin, de situar una actividad en su justo término, es decir, en la normalidad de la supervisión rutinaria de las entidades bancarias. Sin embargo, la serenidad que muestra ahora la autoridad, ha levantado la sospecha de medios bancarios y políticos de la Eurozona. La naturalidad de las pruebas corre el riesgo de responder más bien a un ejercicio de encubrimiento -más propio de la diplomacia- bajo el que se ocultaría una banca germana -herida de gravedad- cuya compleja solución estaría apuntando a un contagio inminente al resto del sector bancario. Es probable que el low profile manejado aquí con tanto disimulo, termine por convertirse en el epicentro de una nueva crisis bancaria. Asunto que, por otra parte, coincide con los planes de consolidación que el BCE y la Comisión se traen entre manos.
A diferencia de las pruebas anteriores, las que ahora se ponen en marcha no parecen caracterizarse por la novedad, bien porque el nuevo escenario no demanda tanta presión de estrés como el de 2014, bien porque ahora se trata de corregir (controlar) otros riesgos con menor incidencia sobre la calidad de los activos o, como fue el objetivo estrella de aquellas pruebas, alcanzar unos niveles de capital mínimos y necesarios para asegurar la solvencia. Por tanto, cabría calificar la `convocatoria´ de 2016 más bien como un control que como una prueba y rutinaria que como un ejercicio de estrés.

Pero la diferencia fundamental entre las pruebas -o convocatoria- de 2016 y 2014 reside, básicamente, en la situación alarmante y problemática de la banca germana. En el ojo del huracán, el mayor banco alemán ha provocado la alerta roja que le sitúa en una situación previa al colapso, quizá mayor aún que la de la banca norteamericana desde la Gran Depresión. Cuando se hacen comparaciones, estas suelen fijarse como base en cifras comparables, lo que ha propiciado que en el sector se apunte un gran parecido de la crisis de Deustche Bank con la del célebre banco Lehman Brothers. Porque a la germana tan sólo le ha bastado el anuncio de unas pérdidas, las peores de su historia, por valor de 6.700 millones de euros para ponerlo en relación con los problemas legales en los que está involucrada la entidad, uno de ellos, y no menor, el relativo a la manipulación del tipo de interés interbancario.

Otra de las diferencias, probablemente menor, entre las dos pruebas de estrés, es el ámbito de la propia evaluación que, en esta ocasión alcanza a 51 entidades, más del doble que en las de 2014 con 123 bancos. Desde el punto de vista técnico, la cobertura de los activos bancarios se acerca al 75%, lo que a todas luces es algo más que una muestra representativa del sector. Desde el punto de vista del escenario (nuevo) el que tiene ocupados a los políticos es la crisis de la banca alemana.

Y lo es por varias razones. Primero porque es una entidad de las denominadas `sistémicas´, segundo porque el contagio o los efectos de la onda expansiva en caso de explosión, alcanzaría a todo el sector bancario europeo y, tercero, y si cabe, más preocupante, la actitud de las autoridades germanas, la falta de transparencia que supone la ocultación de información sobre el estado real de las cuentas y del balance del Deutsche Bank, y que son generadoras de mayor preocupación al tiempo que indicativas del nivel de peligrosidad de la crisis.

En este contexto, la actuación de las autoridades bancarias (la EBA y el BCE) por un lado y la Comisión por otro, se han propuesto poner sordina a la más peligrosa crisis bancaria en la Eurozona. Lo cual no deja de ser una forma de control y gestión de una crisis, pero que, por otro lado, le sirve o le viene como anillo al dedo para encajar el problema del Deutsche en su estrategia de acelerar la consolidación bancaria, las fusiones de las grandes marcas del sector. Un paso previo para la deseable Unión Bancaria, la tarea pendiente que con tanto retraso se dispone a abordar ahora la Unión Europea. Aunque antes deberá tener resuelta la crisis de la banca germana... por no hablar de la italiana.

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