edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
12/11/2014
Contraste peligroso

La economía española suspendería hoy un test de estrés

De dudar si la banca podría aportar mejoras a la economía, a dudar si la economía puede ayudar a la banca
Juan José González

Buena o mala coincidencia, lo cierto es que cuando la salud de las entidades bancarias rebosa cifras de recuperación de beneficios, camino de una menor morosidad y de un saneamiento a prueba de estrés, la economía española desafina y comienza a fallar el optimismo sobre el futuro. Una economía que va bien con una banca que también va bien, se ve amenazada de repente por una subida de la volatilidad comparable a la de hace pocas semanas cuando se disparó la compra de bonos alemanes y estadounidenses. La debilidad alemana y las dudas sobre la solución al problema griego, resucitaron viejos fantasmas en torno a la moneda única. De la misma forma los últimos episodios de corrupción política, de periodicidad ya diaria, y la inestabilidad política que provoca el contencioso catalán, están provocando que numerosas compañías multinacionales que han apostado por la recuperación española, pongan en duda sus previsiones y alimenten el pesimismo creciente sobre el futuro de la economía que, según ya han adelantado algunas calificadoras de riesgo, no superaría unas pruebas de estrés como las aprobadas por el sector bancario.

Preocupación en medios económicos por la inestabilidad política creada por los continuos episodios de corrupción política. Inseguridad también política a causa de los temores de una posible secesión de Cataluña, situación sobre la que advierten algunas calificadoras de riesgo como Fitch. Pero por otro lado, las cifras puramente económicas como las que corresponden a la actividad exportadora, muestran un pinchazo en toda regla al final del verano pasado, un sector en el que, precisamente, se basaba y apoyaba la salvación de la economía española. Ahora, se hace imprescindible para las empresas españolas la búsqueda de mercados alternativos, puesto que los compradores europeos tradicionales han bajado notablemente el ritmo de compras. Un panorama complejo, muy serio y que obliga al Ejecutivo a buscar soluciones de urgencia si no quiere acostumbrarse a vivir en el vaivén de la inestabilidad de los mercados que tan bien conoce.

Sin embargo, el contraste de los problemas de la economía con el estado de salud del sector bancario refleja ahora mismo fuertes disparidades, casi dramáticas. Los quince bancos sometidos al examen de las autoridades europeas han resistido las hipótesis de los escenarios económicos más adversos, lo cual debería convertirse en un elemento de seguridad y estabilidad ya que, qué mejor noticia para las empresas de un país y, por tanto, también para su economía que contar con un sistema bancario saneado y fuerte. De aquí que el contraste entre el blanco del sector bancario en fase de recuperación de resultados y el negro de las malas expectativas de la economía, se antoje más como un peligro que como un riesgo.

Pero la situación política, inestable e insegura que provocan los citados episodios de corrupción y el impasse catalán, llevan, no sólo a lamentarse por la diferencia entre salud bancaria y deterioro político y económico, sino también a preguntarse hasta qué punto podrán beneficiarse unas entidades bancarias solventes de la actividad económica interna con expectativas negativas y a la baja. La pregunta ha alterado recientemente el orden de los términos, y si hasta hace poco la duda era cómo podrían ayudar las entidades financieras a sacar del embrollo a la economía, a partir de ahora, la pregunta es justo la contraria.

No parece que este escenario de inestabilidad política sea el ideal para que se desarrolle cualquier actividad inversora, como tampoco el más adecuado para que las empresas aumenten su facturación, habida cuenta del escaso entusiasmo que deben provocar los episodios señalados en los consumidores, en las familias, más sensibles a las noticias negativas como vacunadas contra las situaciones de crisis. Así las cosas, con la salud de la banca al alza y el pesimismo económico y político de regreso al pasado, el Ejecutivo no debe desaprovechar algunos elementos que no suelen jugar a favor, como por ejemplo, el coste del dinero que le permite una financiación barata que se puede calificar de histórica, así como la caída de los precios del petróleo, una de las facturas más dolorosas que este año y el siguiente pueden aliviar las cuentas de la economía.

Hasta el momento, la prima de riesgo y el bono a diez años español se comportan mejor de lo previsto y en línea con lo esperado, lo que no resta sensibilidad al dato, que llegado el momento, puede regresar a cifras del pasado reciente. Nada sorprendería tanto a las autoridades y a las empresas como una revisión a la baja de la nota española, del riesgo soberano, lo cual ya no sería sólo un síntoma de algo sino un serio problema para todos los frentes, político, económico y social. La economía no aprobaría ahora mismo una prueba de resistencia.

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